El Síndrome de Diógenes

El Síndrome de Diógenes

¿Qué es el síndrome de Diógenes?

El síndrome de Diógenes es un trastorno que suele darse en personas mayores y que principalmente se caracteriza por una acumulación de objetos y basura en el hogar, unida a la falta de higiene y autoabandono de la persona que lo padece. Sin importar el valor real que tengan estos objetos, estas personas tienen una dificultad muy grande para deshacerse de ellos, de manera que van acumulando cada vez más.

El término hace referencia a Diógenes de Sinope, un filósofo de la Antigua Grecia que vivía en una tinaja y hacía sus necesidades en público. No obstante, dicho vínculo no es del todo correcto, pues este filósofo defendía la austeridad y no el acopio de bienes materiales.

En ocasiones, todos guardamos objetos que sabemos que no vamos a utilizar de momento (recuerdos, en previsión de una posible necesidad futura, etc.). Es algo normal y no supone ningún problema, pero cuando este fenómeno se convierte en algo habitual y provoca un deterioro personal o social que afecta a nuestras vidas hablaríamos de patología.

 

Síntomas

  • Acumulación. Desde objetos de gran valor hasta basura, no siendo el valor real o simbólico lo que produce su conservación. Como hemos comentado en el apartado anterior, existe gran incapacidad por parte del sujeto para deshacerse de estas posesiones a pesar de no tener claro el porqué de su acumulación.
  • Deterioro físico. Pérdida de peso (ausencia de horarios en la alimentación e incluso consumo de alimentos en mal estado) y falta de higiene, lo que les lleva a una apariencia descuidada y, en muchos casos, a problemas de salud.
  • Aislamiento social. Quienes padecen este síndrome suelen tener problemas de convivencia debido a su estado (falta de higiene propia y del hogar) y a la rigidez de sus pensamientos. Paulatinamente se va reduciendo el contacto con otras personas, interactuando solo para conseguir lo necesario para sobrevivir. Son frecuentes las denuncias por parte de vecinos debido al olor que irradia la vivienda, así como los insectos y roedores atraídos por los objetos.

 

Causas o factores de riesgo

Entre los factores de riesgo más comunes encontramos los siguientes:

  • La edad. Casi siempre se da en la tercera edad.
  • Estado civil. Generalmente se trata de personas viudas o que viven solas.
  • Ausencia de trabajo, jubilación. Facilita el distanciamiento social.
  • Rasgos de personalidad, sobre todo la tendencia al aislamiento, teniendo dificultades de adaptación social, así como la rigidez de pensamiento.
  • Enfermedad mental. Muchos pacientes que padecen esta enfermedad sufren algún tipo de trastorno mental: demencia, depresión, esquizofrenia, adicción a sustancias, etc. Del mismo modo, el síndrome de Diógenes puede aparecer como consecuencia de otras patologías previas como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o por conductas como el coleccionismo (llevado a un extremo).
  • En ocasiones un suceso estresante precipita el inicio de los síntomas. Por ejemplo, el fallecimiento de un ser querido.
  • Probable deterioro a nivel cognitivo.

Tratamiento

 En primer lugar debemos tener en cuenta que estas personas no suelen acudir a terapia o pedir ayuda por voluntad propia (por su propio aislamiento y porque no consideran que tengan un problema), sino que son derivados presionados por sus familias, servicios judiciales o médicos.

El síndrome de Diógenes es un trastorno complejo que requiere una intervención multidisciplinar. Es necesario actuar tanto sobre las creencias del individuo como sobre sus hábitos, interviniendo también en el lugar donde vive.

  • Intervención con el paciente:

    • Terapia cognitivo-conductual

Es necesario crear conciencia de enfermedad, hacer ver al sujeto que existe un problema que requiere solución. Generalmente el paciente muestra ideas distorsionadas acerca de la utilidad de los objetos que acumula, con esta terapia se pretende realizar cambios en estos pensamientos, modificándolos o planteando otros más adaptativos. Se buscará también que el sujeto aprenda a tolerar el malestar que provoca desprenderse de los objetos.

Por otro lado, cuando exista comorbilidad con otros trastornos, habrá que tratar estos al mismo tiempo que el síndrome que nos ocupa.

    • Tratamiento farmacológico

Al igual que en la intervención psicológica, en los casos en que este síndrome sea producido o se vea agravado por otras enfermedades como la depresión o algún trastorno psicótico, será necesario aplicar las estrategias más apropiadas para tratar el trastorno en sí. Por ejemplo, es frecuente el uso de antidepresivos para mejorar el estado de ánimo.

    • Habilidades sociales

El objetivo será restablecer el contacto de la persona con el mundo, fomentando su participación en actividades sociales, lo que ayudará a combatir la soledad y ansiedad.

    • Higiene

Se favorecerá una adecuada higiene personal, de forma que el enfermo recupere tanto la salud como un aspecto limpio y cuidado. De esta forma podrá presentarse en su entorno social sin producir sentimientos de rechazo o pena.

    • Dieta

Es importante evaluar el estado de salud del sujeto, paliar las complicaciones derivadas de una inadecuada alimentación y favorecer que se gane el peso perdido.

 

  • Intervención a nivel familiar

  • Psicoeducación. Es imprescindible que el entorno conozca y comprenda en qué consiste el síndrome de Diógenes y su gravedad, para que puedan realizar un seguimiento exhaustivo de sus patrones de actividad y el paciente no vuelva al estado de aislamiento.
  • Pautas:
    • No restar importancia al problema.
    • Tratar de ser comprensivo, evitando las discusiones.
    • Utilizar todos los medios disponibles para buscar ayuda a pesar del rechazo por parte del enfermo.
    • Comprender que no se trata de un deterioro propio de la edad sino un trastorno de conducta que se puede tratar y mejorar.

 

  • Limpieza del hogar

Se debe realizar una desinfección profunda de la vivienda. Existen empresas especializadas en este tipo de limpiezas. Sin embargo, esta intervención por sí misma no puede “solucionar el problema” del sujeto, que volvería a acumular basura si no se atiende al resto de aspectos que se han expuesto.

Diferencias con el trastorno por acumulación

  • Tienen en común: acumulación de objetos que provoca problemas de espacio en el hogar e incapacidad para deshacerse de ellos.
  • Diferencias: en el trastorno por acumulación el sujeto tiene un motivo concreto para querer guardar el objeto y no suele darse un deterioro tan notable respecto a la higiene personal y alimentación.

 

¿Cómo prevenirlo?

Aunque la sintomatología expuesta en este artículo parezca exagerada, muchas personas pueden padecer un cierto grado de trastorno de acumulación, con las consecuencias que ello acarrea: gran ansiedad, no saber lo que tienes, pérdida de tiempo buscando objetos…

Cuanto antes comience el tratamiento menos arraigado estará ese estilo de vida y existirá menor rigidez de pensamiento. Para evitar llegar a esta situación lo mejor es prevenir. Aquí os dejamos algunos consejos:

  • Deshazte de lo que ya no sirve y/o no usas.
  • Mantén ordenada tu casa, es un espacio limitado y debemos evitar la acumulación.
  • Entrena tu mente. Mantente activo y busca nuevos aprendizajes, esto evitará la rigidez de pensamiento.
  • Busca un momento al día para caminar al aire libre o relajarte escuchando tu música favorita.
  • No te aísles, cuida tu vida social. Contacta con familiares o amigos al menos una vez a la semana. Comparte tus logros pero también tus preocupaciones.
  • Cuida tu imagen. Vigila tu peso, arréglate antes de salir pero mantén también una buena higiene los días que no salgas de casa.

 

Sonia Otalora Ballester

Psicóloga General Sanitario

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El Blues Materno; la tristeza postparto

El Blues Materno; la tristeza postparto

El Blues Materno es uno de los síndromes más sufridos tras haber tenido el bebé, entre un 30 y un 80% de las madres aseguran haberse sentido identificadas con los síntomas de la tristeza postparto:  llanto, tristeza, ansiedad, irritabilidad, labilidad emocional y fatiga.

Hay que tener en cuenta que el embarazo es una etapa de la vida de la mujer en la que aparecen, de manera natural, alteraciones hormonales, bioquímicas, físicas y por supuesto sociales y psicológicas, que exigen un cambio vital y una necesidad de adaptación.

Estas alteraciones pueden ocurrir desde las primeras semanas del embarazo hasta meses después del parto, y contribuyen a que las mujeres embarazadas y puérperas se encuentren en una situación de vulnerabilidad al desarrollo de problemas psicológicos tales como: depresión, distimia, trastornos adaptativos, trastornos de ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria, trastorno bipolar o psicosis.

El Blues Materno comparte una gran cantidad de síntomas con la Depresión Postparto, la cual padecen 1 de cada 10 mujeres tras dar a luz, y por ello es importante diferenciarlos.

Blues Materno Depresión Postparto
Tristeza Tristeza
Llanto Llanto
Insomnio Insomnio/hipersomnia
Inquietud Agitación/retraso psicomotor
Fatiga Fatiga
Disminución de la concentración Disminución de la concentración
Ansiedad y preocupación Pérdida de interés por las cosas
Irritabilidad Culpabilidad/inutilidad
Labilidad emocional Pensamientos de muerte
Duración: entre el 3º día y 1 mes tras el parto. Duración: variable (se inicia en el periparto)

 

La detección de la tristeza postparto es fundamental no solo para intervenir, sino también para prevenir problemas futuros. Como afirma Contreras-Pulache (2009)

“El Blues Materno es una anunciación de desajustes presentes tanto como problemas mayores por venir, especialmente trastornos depresivos y ansiosos”.

Una adaptación adecuada a los cambios inevitables producidos por el embarazo, auguran un embarazo saludable, un postparto adaptativo y un apego seguro con el niño. Por el contrario, una adaptación anormal a estas alteraciones, supone un sufrimiento de la madre y la coloca en una situación de vulnerabilidad ante trastornos psicológicos y psiquiátricos.

Considerando el embarazo como algo natural, se tiende a ocultar aquellas manifestaciones sintomáticas que, no siendo normales, se achacan a la propia gravidez. Expresiones como “está triste (o ansiosa, o alterada, o llorosa), pero serán las hormonas, porque está embarazada; es normal…” dan naturalidad y pasan por alto todas esas señales de alarma, cuando lo común es: no llorar y no vivir el embarazo (o el puerperio) como una montaña rusa de emociones. Bien podemos pensar que se han encubierto, en demasiadas ocasiones, síntomas reales e incapacitantes.

En conclusión, las mujeres embarazadas y aquellas que acaban de ser madres, no merecen la subestimación de sus síntomas, amparados en el estado de periparto en que se encuentran. El Baby Blues puede no ser solo una tristeza pasajera (como se ha creído siempre), la mujer que lo sufre debe poder acceder a la ayuda necesaria no solo para que este síndrome no se cronifique, sino para mejorar su calidad de vida actual y la de su bebé.

Como nos regala Erica Jong:

“Ningún estado es tan similar a la locura, por un lado, y a lo divino, por el otro, como el estar embarazada. La madre se duplica, luego se divide por la mitad y nunca más estará completa”.

 

Bibliografía:

Asociación Americana del Embarazo (2019). Tristeza de postparto. https: //americanpregnancy.org/es/healthy-pregnancy/first-year-of-life/baby-blues-71032/.

Asociación Americana de Psiquiatría. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, 5ª ed.

Contreras-Pulache, H., Mori-Quispe, E. y Lam-Figueroa, N. (2011). El Blues Materno. Contextualización, definición y presentación de un instrumento de evaluación. Revista Peruana de Epidemiología15(2), 2-3.

 

Lola García Sánchez

Psicóloga Junior

Foto de iStock

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Beneficios del EJERCICIO FÍSICO en la SALUD MENTAL

Beneficios del EJERCICIO FÍSICO en la SALUD MENTAL

Vais a poder conocer con este post los beneficios del ejercicio físico en la salud mental. Realizar ejercicio físico de manera continuada y moderada aporta numerosos beneficios para la salud física y psicológica. Mantener una vida activa contribuye a la prevención, el desarrollo y la rehabilitación de la salud así como a establecer un bienestar mental y aumentar nuestra calidad de vida, además puede prevenir la aparición de la ansiedad, la depresión u otros trastornos psiquiátricos. Enfermedades mentales muy comunes que afectan a todo tipo de personas, explicamos en otro artículo la depresión en los ancianos y también tratamiento adecuado de una depresión.

El músculo al ejercitarlo no solo tiene funciones mecánicas si no que tiene una función endocrina de secreción de sustancias (mioquinas) y reguladora del metabolismo de la glucosa muy importante, así como vía de comunicación con otros sistemas como hígado, páncreas, corazón, tejido adiposo y sobre todo el cerebro en relación con el tema que nos ocupa.

¿Qué se activa en el cerebro tras la contracción del músculo durante la práctica de deporte?

Pues con una serie de neurotransmisores como la serotonina, las endorfinas, la oxitocina y la dopamina.

La serotonina eleva la autoestima y la confianza.  Las endorfinas favorecen la relajación y la disminución del dolor. La oxitocina equilibra los vínculos afectivo-emocionales. La dopamina nos impulsa a seguir practicando deporte y superar retos al producirnos sentimientos placenteros.

Lo recomendable es realizar un mínimo semanal de 150-300 minutos de actividad física moderada aunque se puede combinar con actividad aeróbica vigorosa en función de la situación física de cada persona, incluso alternar con ejercicios de fuerza pero que impliquen a diversos grupos musculares para que la secreción de mioquinas al torrente sanguíneo sea suficiente para poner en marcha toda la maquinaria neurotransmisora cerebral.

Beneficios del ejercicio físico en la salud mental

Como consecuencia de una realización continua de ejercicio se producirá una serie de beneficios en tu salud mental y emocional, tales como:

  • Aumenta la relajación y disminuyen las emociones negativas, como la frustración, aumentando la capacidad para hacer frente al estrés y a tomar decisiones adecuadas alejando la ansiedad de nuestra vida.
  • El cerebro es capaz de trabajar más rápido facilitando el aprendizaje y la memoria, mejora la atención y la concentración, y puede prevenir y retrasar el deterioro cognitivo propio de la edad.
  • Nos induce un estado de mayor felicidad y bienestar emocional disminuyendo los sentimientos de tristeza y mejorando nuestra propia autopercepción, nuestra autoestima y finalmente nuestro autoconcepto.
  • Facilita el conocimiento de nosotros mismos, ayuda a planificar, a tener mayor capacidad de control, mejora nuestra conducta fomentando nuestros valores, nuestros compromisos, el compañerismo y el trabajo en equipo.
  • Se favorecen y se mejoran las relaciones sociales no solo por nuestro mejor estado emocional sino también porque se puede realizar deporte en compañía y se puede conocer nuevas personas que compartan un mismo espacio físico.
  • Actúa sobre el sueño combatiendo tanto el insomnio como la somnolencia diurna, las personas activas duermen mejor y en consecuencia se mantienen despiertos y alertas durante el día.
  • Aumenta la destreza y capacidad psicomotriz además de estimularse todos los sentidos mejorando nuestra capacidad sensorial.
  • Mejora el humor, la estabilidad emocional y nuestro rendimiento y productividad personal, social, familiar y laboral. Nos llenamos de energía vital.
  • Previene y ataca las adicciones, te aleja del tabaquismo, del alcoholismo y , como no, de otras drogas.

En definitiva aconsejamos a todo el mundo un estilo de vida saludable, que incluya  la práctica de ejercicio físico.

Beneficio secreto para las enfermedades afectivas

Otros importantes beneficios son los que se derivan del deporte como terapia para las enfermedades afectivas sobre todo para la Depresión, la Dra. Nagore Iriarte ha afirmado que la actividad física es una parte fundamental en el abordaje de la depresión junto a las terapias psicológicas y los antidepresivos, siempre diseñada y supervisada por técnicos. Aboga por prescribir ejercicio físico reglado como parte del tratamiento de la depresión.

Hay que tener en cuenta que la depresión es una enfermedad que produce una gran disfunción familiar, social y laboral imponiéndose un modelo biopsicosocial de tratamiento, añadiendo al psicológico y al psicofarmacológico, hábitos de vida saludables como el ejercicio físico, la dieta saludable, el control del estrés y la regulación del sueño.

Las personas con enfermedad mental sobre todo las más graves suelen tener hábitos tóxicos y la actividad física ayuda a combatir y cambiar esos hábitos, siendo una arma terapéutica no solamente en las depresiones sino en otras muchas enfermedades mentales, incluso en cualquier otra disciplina sanitaria.

Tanto es así que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha centrado su interés en la actividad física y la salud mental recomendando el deporte reglado y supervisado para toda la población y haciendo hincapié en las personas con  discapacidades y las personas con enfermedad mental.

Según la OMS la pandemia que sufrimos con la COVID-19 ha resaltado la importancia del ejercicio físico sobre nuestro cuerpo y también sobre nuestra mente tanto para personas sanas como para personas con enfermedad mental.

Así que sólo nos queda animarles a que comiencen a practicar siempre teniendo en cuenta su estado físico y de salud previo, consultando con su médico y empezando con suavidad para ir progresando lentamente, cada uno a su ritmo, su salud se lo agradecerá.

Antonio Micol Torres

Medico – Psiquiatra

Foto de Laker, Duduru y Andrea Piacquadio en Pexels

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¿Cómo decir que NO? 7 Claves

¿Cómo decir que NO? 7 Claves

Claves para decir “No”

¿Cómo decir que no? Mucha gente es reticente a negarse cuando alguien le solicita algo, incluso cuando no desean acceder. Puede ser fruto de muchas causas como inseguridad, baja asertividad, miedo al rechazo, una crianza represora… El caso es que la dificultad para hacerse oír, genera mucho malestar y compromisos indeseados.

Si es tu caso, un psicólogo te puede ayudar a llegar a la raíz del problema o simplemente a trabajar en tus dificultades, para liberarte y poner en tus manos el poder del “no”. Pero mientras, puedes tratar de aplicar estas claves para empezar a practicar la imposición de límites fuertes, comenzando con un contundente NO.

 

1. Las dos caras de la moneda

Si eres de los que les resulta difícil dar un NO, este punto es muy importante para ti. Piensa que el “no” forma parte de una moneda, en la que encontramos un “sí” en la otra cara. Cada vez que damos un no a alguien, otra persona recibe un sí.  No centres tu atención en la persona equivocada, céntrala en quien obtiene el beneficio, te será más fácil lanzarte a esa negativa.

Ejemplos:

No puedo ayudarte esta tarde…es un a tiempo para mi familia.

No puedo prestarte ese dinero…es un a mi tranquilidad.

No quiero ver esta película…es un a ver algo que disfruto.

No puedo arreglártelo hoy…es un al cumpleaños de un amigo.

 

2. Sin justificación

¿Cuántas veces has usado una excusa para negarte a algo? ¿Suele funcionar? Lo malo de justificarte con una excusa, es que pronto pueden encontrar solución para ese problema y te ves forzado a inventar otra, mentir o ceder ante la petición.

¿Cuántas veces mentimos para librarnos de dar un no? La mentira puede ser un gran aliado para evitar negarnos, pero sabemos que las consecuencias de que esa mentira sea descubierta, son mucho peores a poner límites de forma sana. Pregúntate a ti mismo: ¿Por qué temo tanto negarme a algo como para mentir? ¿Por qué me arriesgo a ser descubierto?

Tienes el derecho de negarte cuando así lo desees, sin escusa, ni justificación. Obviamente todos queremos saber que hay detrás de un no, pero no tiene porque haber un enrevesado sistema de motivos que lo justifique, puedes sencillamente decir: “No, gracias, no me apetece “.

 

3. Te muestra tal y como eres.

Un “no”, no es algo malo. El “no” le dice a la gente quién eres, qué te gusta, cuáles son tus límites, etc. Puede que por ceder ante todo vayas a caer mejor inicialmente, pero ¿realmente esas personas te conocen? ¿estarás satisfecho si no tienes voz? ¿te vas a conformar con la frustración del sacrificio constante por el otro?

Es importante para una vida plena, unas amistades y entorno social sincero, pero eso empieza por ti. Deja a un lado tus miedos y permite a los demás conocerte, conecta de forma sincera y relajada, trasmite quién eres usando el no.

Por ejemplo, nos preguntan si queremos ver una comedia romántica, a lo que podemos responder con: ¿Comedia romántica? Lo siento, pero no me gustan nada, si quieres vemos una de acción. O ¿Ayudarte a pintar? Lo siento, pero no me apetece nada, si quieres cuando tengas que montar los muebles llámame que estaré encantado de echarte una mano.

 

4. Da Valor

De la mano de la anterior va el cuarto punto: darte valor. Un no, no solo le dice a la gente quién eres, también deja claro los sacrificios que haces por ellos, lo que te da valor como amigo/pareja/compañero/etc.

Imagina esta situación:

Alguien te invita a ver una peli de un género que detestas y tú simplemente aceptas. Esa persona recurre a ti cada vez que quiere ver ese género, porque a nadie más le gusta. No es consciente de que a ti tampoco, de hecho, él piensa que te hace un favor, ya que sois los únicos a los que “os gusta ese tipo de pelis”.

O bien sigues siendo su compañero de cine infumable o bien explotas de frustración y rabia, lo cual es muy confuso para la otra persona, ya que nunca le has mencionado nada.

Ahora imagina la misma situación, pero ahora le dices:

  • “Uf, la verdad es que no me gusta ese tipo de cine, pero bueno, me apetece pasar un rato contigo, te acompaño”.
  • “Uf, la verdad es que no me gusta ese tipo de cine, pero me apetece pasar un rato contigo, ¿te apetecería ver otra cosa?”.

En cualquier caso, la persona es consciente que haces un esfuerzo. Realmente lo haces siempre cuando no te niegas, solo que nadie lo ve y a la larga te hace sentir poco valorado y correspondido, pero cómo van a corresponder si no saben que estás sacrificándote por ellos.

El “no”, no solo te aporta el beneficio de evitar aquello que no sabes hacer, también te da valor cuando cedes ante la otra persona, pero hay que indicarlo, los demás no pueden saber que estás “haciendo un favor” si no lo verbalizas. 

Cabe también la posibilidad de que la otra persona esté proponiendo planes al azar y no le suponga ningún problema adaptarse a tus gustos, sin duda, cualquiera de las dos opciones es un “win-win”.

Mira qué diferentes suenan estos ejemplos:

Si: ¿Recogerte? Claro sin problema.

NO, pero SI: ¿Recogerte? Si nadie puede voy claro, pero sabes que detesto conducir ¿no se lo puedes pedir a otro?

SI: ¿Ayudarte con la mudanza? Bueno, no tengo nada que hacer.

NO, pero SI: ¿Ayudarte con la mudanza? No es el mejor plan de sábado que se me ocurre jejeje. Pero bueno va, te echo una mano.

 

5. Tamizado

Lo más difícil de asumir cuando empezamos con las negativas, es que no le gustan a todo el mundo. La parte más difícil al dar un no, es suponer que el otro va a enfadarse con nosotros, vamos a causar malestar o vamos a perder a la otra persona, pero ¿qué hay de malo? Entiendo que pueda dar miedo el perder a gente que aprecias, pero realmente ¿queremos a alguien a nuestro lado que solo está cuando obtiene un beneficio?

Practicando un No abrimos la puerta a dos posibilidades:

  • Damos la oportunidad al otro de demostrarnos su amor. ¿Y si esas consecuencias que tememos no se dan? Tus allegados se merecen la oportunidad de demostrarte cómo son de verdad. Debes darles la oportunidad de reaccionar ante tu no y demostrar “de qué pasta están hechos”. Puede que tus seres cercanos sean mucho más comprensivos y respetuosos de lo que creías. ¡Dales la oportunidad de demostrarlo!

 

  • Detectamos quién está en nuestra vida solo porque obtiene constantemente lo que quiere de nosotros. Por muy queridos que esas personas sean, tienes que plantearte ¿quiero a alguien en mi vida que solo quiere que obedezca sus deseos? ¿me puede querer de verdad alguien que no me conoce realmente? ¿me merece la pena mantener una relación unidireccional (en la que solo yo doy)? ¿le estoy dando la oportunidad de corresponderme? ¿Lo has puesto en práctica? ¿Quién ha pasado tu filtro?

 

6. Culpa

La culpa es la gran enemiga del “no”. La mayoría de las veces, puedes sentirte egoísta por negarte, culpable al general malestar en el otro o simplemente querer evitar un posible conflicto. Probablemente en tu crianza, se ha establecido esa pauta de pensamiento o esa necesidad de ceder ante el otro, pero ya no eres un/a niño/a. No es egoísta priorizar tus sentimientos y negarte ante aquello que no te gusta.  

Siempre que te veas retirando tu negativa ante la posibilidad de un enfrentamiento o ante el posible malestar del otro, debes preguntarte: ¿estoy juzgando al otro en base a mis miedos? ¿por qué no le doy la oportunidad de demostrarme su propia valía? ¿por qué no creo tener derecho a negociar o mirar por mí mismo?

¡Deja a un lado la culpa, recuerda, un No para el otro, es un SÍ para mí!

 

7. Balanza

Un truquito que nos ayudará a manejar nuestra culpa, es visualizar una balanza. La pregunta es muy sencilla ¿se merece mi culpa? Si colocamos en la balanza todo lo que solemos hacer por la otra persona y lo que dicho sujeto hace por nosotros, nos puede resultar muy sencillo deshacernos de la culpa que sentimos cuando rechazamos al otro. ¿Es un gran amigo/a? ¿está ahí para mí? ¿esa persona merece mi esfuerzo?

Este truco nos ayudará a deshacernos de la palabra egoísmo, no hacemos las cosas para que los demás nos deban una, pero sí es cierto que una relación debe estar equilibrada, debe retroalimentarse, si está descompensada, puede que estemos entregando más de lo que debamos, no te sientas mal por negarte si así lo deseas.

Pero recuerda el punto 4: en una relación sana se devuelve en parte lo que se recibe, si no das valor a tus acciones, puede que tengáis perspectivas muy distintas sobre tu generosidad y sacrificio ante las peticiones de la otra persona. Esto también es fundamental para construir una relación sana y que no comience a generarse una relación tóxica.

 

¿Qué te ha parecido el artículo?

¿Crees que podrías aplicar alguna de estas pautas?

¡Deja tu comentario en el blog o en redes sociales!

¡Estamos deseando saber tu opinión!

Luna Cánovas Requena

Psicóloga Clínica Sanitaria

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EL NIÑO DESOBEDIENTE

EL NIÑO DESOBEDIENTE

 Estas son las típicas frases que decimos cuando sentimos que nuestro hijo es desobediente:

“Lo hemos probado todo, y ya no hay nada qué hacer. Este hijo no tiene solución”

“Hemos cambiado todas las normas, pero todo le da igual”

“Lo castigamos con lo que más le duele, pero pasa de todo”

Etc, etc, etc…

Qué sensación de hastío, de impotencia y fracaso personal sentimos los padres cuando nuestros hijos no nos hacen caso, no cumplen con nuestra expectativa de obediencia.

Cuando tenemos un bebé decimos orgullosas las mamás que es muy bueno porque come y duerme bien, lo cual es algo anhelado para completar nuestra expectativa de “bebé bueno”. Vemos cómo las madres que no descansan en los primeros meses de vida de su hijo, que la familia entera sufre las tensiones de los cólicos del lactante, llantos, vómitos, insatisfacción con la lactancia, con el sueño y demás, miran asombrados a los padres que dicen que su hijo es muy bueno, como si hubiera que cumplir con ese entramado social de que los hijos vienen a facilitarnos la vida, a completar nuestro narcisismo, narcisismo muchas veces herido por nuestra historia personal.

“Este hijo hará lo que yo diga mientras que viva en esta casa”

“Sólo hará lo que yo diga hasta que sea mayor de edad, pues yo soy la responsable”

Normas, normas y … más normas

¿Seguro que lo hemos probado todo? ¿Seguro que no podemos hacer nada más? ¿No os parece en los casos de padres que tiran la toalla que hay algo bloqueado, como cuando una tubería se atasca y por más que hagamos y productos que le echemos, aquello no avanza? Quizá ése sea el problema: que haya algo de tiempo atrás que impida el vínculo afectivo entre los padres y sus hijos. Es un tema delicado pues no se puede generalizar, pero podemos pensar qué es lo que nos hace ser padres, y yo os invito a elegir esta respuesta: haber sido hijos.

Desde la infancia llevamos una historia personal de aprendizajes, de experiencias, de emociones, de amores y desamores, encuentros y desencuentros, ya empezando desde el parto: nacemos con desgarro, con angustia y lloramos nuestro primer grito de vida pues sin él es difícil respirar por uno mismo. Y es en este momento en el que le decimos a nuestra madre: “aquí estoy, y ahora me agarraré a ti mucho tiempo, te usaré y te necesitaré para crecer”

¿De verdad pensáis que hace falta tanta norma y castigos para estar bien en nuestra convivencia? ¿O el concepto de obediencia responde más a un proceso de identificación sano, en el que el amor a los padres hace que los niños quieran ser como ellos, colaborar, ayudar…y disfrutar juntos? Yo pongo más peso en la balanza por esta segunda opción.

Es el amor a la madre lo que hace que el niño quiera controlar los esfínteres:

“ya no me haré la caca encima sino en ese orinal porque me lo pide mamá”

“Escucho a mi madre y empatizo con ella, porque ella siempre lo ha hecho así…es más, es lo que he visto en mis padres, y no sé hacerlo de otro modo”

“Hago los deberes porque quiero aprender para crecer y ser personas felices como mis padres”

Hay una diferencia enorme entre hacer las cosas por obligación o por amor: EL DESEO DE LIBERTAD. Querer crecer se facilita cuando los padres crecen y dejan a su hijo que pueda elegir, que se equivoque, que pueda sentir angustia y tenga opciones de formar una identidad libre, sin coacciones o imposiciones.

Hay un perfil de padres temible para el desarrollo psíquico de los niños que son los narcisistas, pues estos chicos tienen que responder a las exigencias que ellos necesitan para estar bien, pero no empatizan con las necesidades del niño. Son padres como caprichosos, que si los niños no cumplen con todas sus exigencias o mandatos, se sienten muy mal, y fuerzan al niño a extremos insostenibles, incluso pueden volcarle su ira cuando éstos fallan, en vez de empatizar con ellos.

En muchas ocasiones vemos este tipo de familias en nuestras consultas, padres marcados por una historia cargada de carencias afectivas propias, que intentan proyectar en el niño todas sus inseguridades incluso traumas, y es como si quien tuviera que dar seguridad a la vida fuera el hijo, hijo que puede entrar en esa locura abismal de los padres o puede separarse de ellos frecuentemente con algún síntoma, ya que rebelarse de los padres a edades tempranas es difícil (objetivo que será vital en la adolescencia). También puede generar un trastorno del estado de ánimo en los niños, en el que contamos con detalle en el anterior post

Cuando los chicos crecen pasará algo parecido, pues transitar la adolescencia y elaborar el duelo que genera el hecho de dejar la infancia para asumir una vida adulta y marcada por responsabilidades es más difícil ante unos padres con exceso de demandas narcisistas (éstos están siempre recordando al hijo que es pequeño y que tiene que seguir dependiendo de su deseo, por lo que impide el acceso a lo social, de sumo interés para estructurar una identidad adulta).

Consejos

Dejemos que los chicos crezcan libres, con una verdadera identidad propia, aunque no sea la personalidad que más nos hubiera gustado para ellos. Dejemos que nuestros hijos funcionen por sí mismos y se desarrollen a su ritmo, sin imposición alguna que fuerce lo más natural, que es la vida.

¿Por qué no calmarnos? Hemos tenido hijos para disfrutar de ellos un tiempo, darles amor, cuidarlos, darles un hogar digno y que se vayan, pero cuando esto ocurra, que quieran volver a visitarnos y a compartir momentos bonitos. Que un niño crezca implica que aprenda a decir “NO”, por rabia que nos dé y dolor que nos cause. Que un niño viva implica que a veces tome decisiones que no le beneficien, y aun así acompañarlos en su camino sin intrusiones ni manipulaciones, para que pueda conocerse a sí mismo y el día de mañana poder actuar en libertad.

¿Os animáis a jugar a ser padres felices? ¿nos atrevemos a retirar premios y castigos, a ver qué pasa? ¿Dedicamos tiempo a realizar actividades apasionantes…en vez de a estar supervisando continuamente la mochila o deberes de nuestros peques?

Os invito a vivir una paternidad feliz, que aunque no consigamos logros no dejemos de llevarnos bien y disfrutar juntos. Tal vez así los procesos de identificación puedan funcionar para crear una identidad sana y fructífera.

Y si no es así, hay espacios terapéuticos en los que se puede encontrar respuestas a las preguntas sobre todos estos temas. Desde Centro Promentium estamos encantados en atender su demanda. No dudéis en consultar con nosotros. Será un placer atenderos.

Ana Belén Tejero Martín

Psicóloga Clínica especializada en el ámbito infanto-juvenil

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