Los niños en la pandemia

Los niños en la pandemia

INTRODUCCIÓN

Una buena forma de lidiar con nuestras angustias es poderlas pensar y poderlas compartir, y es por eso que hoy vamos a hacerlo hablando sobre la complicada y difícil situación que estamos viviendo en este último año de nuestras vidas, que nos afecta a todos aunque de forma muy distinta.

Es por ello que desde ya quiero transmitir la idea de que estamos sufriendo, y no que estamos enfermos o trastornados a nivel mental. Digo esto porque leo muchas noticias atemorizando que vendrá una pandemia de enfermedades mentales, como si lo que estuviera mal fuera nuestra mente, y lo que pienso que le pasa a nuestra mente es que está sometida en este último año a un gran campo de batalla, a veces agotador, y no siempre que luchamos, podemos ganar.

Todos estamos peleando con la fantasía de la enfermedad, la pobreza, la crisis, la muerte, etc, y la mayoría de nosotros lo podemos nombrar, pero algunos niños lo actúan más que decirlo, o bien portándose mal, desobedeciendo y moviéndose en exceso, otros estando como abatidos, inatentos, sin querer hacer tareas, desmotivados, incluso con somatizaciones, y también en el sueño, en la alimentación…(de hecho, la gran parte de la población ha aumentado de peso debido al confinamiento)

CÓMO SE VEN AFECTADOS LOS NIÑOS POR LA PANDEMIA

Estas consecuencias en los niños, en sus vivencias, ocurre siempre, ya que es la forma en la que los niños cuentan y manifiestan lo que les pasa. Por eso quienes trabajamos desde la psicología infantil sabemos de la importancia del juego, el dibujo libre, lo simbólico y la expresión espontánea de los pequeños en nuestras consultas como modo de escucha de sus conflictos psíquicos. Te invito a que leas el artículo “Trastornos del Estado de Ánimo en Niños”

La mente de los niños no está tan organizada como la nuestra, en cuanto que el límite entre la fantasía y la realidad se encuentra como desdibujado, y además no cuentan con la historia de experiencias y aprendizajes de vida que los adultos contamos, que son “cosas de las que tirar”.

Lo que nos pasa a los adultos ahora es que nos está costando soportar la realidad, y vivimos descentrados, pensando en otras cosas (nuevas normas, miedos, dudas, privación de libertades, etc), con lo que los niños están respondiendo como pueden a esta realidad imperante.

Pienso que los niños durante la pandemia están respondiendo on line mejor que muchos adultos, pero esta forma de mantener la necesidad social y de grupo tiene también sus límites, ya que puede suplir ciertas necesidades pero no todas, por ejemplo lo corporal. Una pantalla nunca podrá hacer suplencia del cuerpo a cuerpo que tanto se necesita en la adolescencia.

Lo que deberíamos entender es que ahora nadie debería estar bien, y esto incluye a los menores.

CÓMO PODEMOS AYUDARLES EN ESTA ETAPA

Nuestro trabajo sería ahora ayudar a los padres a entender a los niños y a sí mismos su propio dolor, no exigir demasiado ni que esos padres se autoexijan tanto pues estamos viendo casos de padres que pierden su función protectora y de bienestar por convertirse en los profesores de sus hijos, y además ellos mismos se evalúan pues quieren ser maestros ejemplares incluso aprobar exámenes.

Además ahora hay un mayor riesgo de caer en el error de “etiquetar” a los chicos, sin tener en cuenta que éstos gozan de una mente maravillosa en desarrollo evolutivo, dinámica y cambiante, pero también muy permeable a las emociones de los adultos de su entorno.

Estamos atravesando un duelo de grandes pérdidas: libertad, seguridad, confianza, narcisismo…y los niños además pierden el juego, el contacto físico y el movimiento, imprescindible para su desarrollo evolutivo sano.

Además los grandes medios de comunicación masiva transmiten un constante miedo de que hay “bichos asesinos” por todas partes, que incluso dibujan y personalizan, le dan forma, color y hasta movimiento, siendo esto muy fácilmente llevado a su mundo de representaciones internas y a fantasearlo tal cual en lo literal.

He visto niños que no quieren ir al parque a pesar de que en esos momentos estaba permitido, o no han querido ir a un cumpleaños por la fantasía inconsciente de culpa por si contagian a sus abuelos.

Los niños sufren la continua amenaza de que sus abuelos pueden morir, palabras éstas y conceptos que se repiten hasta la saciedad en las grandes pantallas, algo que es lo peor que le podría pasar a muchos niños, ya que en muchos casos son los abuelos quienes sostienen a los pequeños como sustituto de los padres, y son los grandes protectores de éstos, incluso los sabios de la familia.

Una vez me contó una niña que su abuela siempre se sentaba a su lado cuando su mamá la obligaba a comer lo que no le gustaba, y la protegía de estos momentos de tensión haciéndole su comida favorita. Pienso que los niños representan en su mundo interno a los abuelos como quienes los protegen y calman.

Es por ello que se podría tener cuidado y transmitir la idea de que los mayores de ciertas edades se deben cuidar más, de este virus y de otras muchas cosas como caídas y demás, pero no comunicar tanto el riesgo de perder a nuestros abuelos con tanta insistencia en lo letal.

Además en estos momentos muchos adultos están desbordados, sobrecargados y esa idea de “disfrutar juntos en casa” que viene muy bien también puede ser contraproducente, ya que se pierde intimidad, a veces se borran los límites, y por eso la escuela cumple una función separadora para que cada cual en la familia tenga su propio espacio.

El exceso de contacto potencia los estallidos de los cuidadores, incluso la violencia (gritos, insultos, amenazas, pasos al acto). Una familia cerrada sobre sí misma potencia lo endogámico, como sin poder metabolizar sus propios deshechos.

Los niños no deben quedar cerrados en la situación familiar, y de ahí la gran importancia de lo grupal, que si ahora no podemos, debemos insistir en escuchar otras voces, hablar por teléfono, conectarse con el grupo on line, facilitando siempre hablar a los niños con personas externas al núcleo familiar.

En los niños se da un “contagio afectivo”, sin llegar a poder pensar sus emociones. Así, si una mamá que sostiene en su regazo a un bebé se asusta, es probable que el bebé llore o se asuste en una especie de temor que se mete dentro, quedando el niño arrasado e impregnado sin poderlo comprender.

Los cuidadores también deben de cuidarse

Algo así está ocurriendo ahora, y es de suma importancia que los cuidadores puedan sentirse sostenidos, y que todo lo que hagan pensando en lo mejor para sus hijos lo hagan pero no bajo un prisma de exigencia y rendimiento, ahora más que nunca bajando mandatos y normas, ya que estamos en un momento en el que hay exigencias sí o sí: las nuevas normas, que por cierto, cambian a cada rato, tanto que a veces ni nos enteramos.

Por eso la mirada que tenemos que devolver a nuestros niños debe incluir el hecho de saber mirar ese sufrimiento que estamos pasando.

CAMBIOS MÁS USUALES QUE HA PROPICIADO LA PANDEMIA

Los más pequeños que ya habían adquirido el sueño autónomo y el control de esfínteres, es frecuente que hayan vuelto al colecho, a frecuentes despertares nocturnos buscando el refugio de sus figuras de apego, y a mojar la cama de nuevo.

También aumenta la agresividad y el retraimiento según la tendencia de los niños, ya que sentir que un adulto está mal es muy complicado para ellos, ya que no pueden digerir solos las emociones. Necesitan la ayuda adulta para poder “tragar”, y ahora nosotros estamos menos disponibles.

Hay chicos que se muestran como estando maravillosamente bien, negando todo tipo de problema para contentar a los adultos en una “sobreadaptación”, por lo que debemos esperar el momento del estallido, y estamos viendo muchos más chicos con clínica ansiosa, incluso con verdaderas crisis de ansiedad, ya que lo exigido no se puede sostener mucho tiempo.

Muchos chicos llegan a hacer muchos chistes, como para divertir a los demás y encontrarlos de buen humor (un bonito espejo en el que reflejarnos, a veces necesitamos una buena imagen especular)

Lo que les salva al menos de lo que estamos viviendo es la idea de que a los niños este virus no les afecta demasiado, algo que no es igual para los adolescentes, en los que se da un matiz diferente, en los que vamos apreciando que está la idea de la propia muerte, con lo cual si en la adolescencia se da una omnipotencia (para transitar el duelo a la infancia) ésta ahora aumentará para negar esta dura realidad, “a mí no me va a pasar nada”. De hecho los adolescentes son quienes más han interrumpido el confinamiento y han llegado a hacer reuniones, visitas, fiestas, etc.

Pero como todo mecanismo de defensa contra la angustia, la desmentida de la propia muerte también fluctúa con el temor a morir.

Como la adolescencia es diferente a la infancia, dedicaré otro escrito para poder reflexionar, y os dejo el mensaje de ayudarnos, apoyarnos, escucharnos, sobre todo cuidar a nuestros cuidadores.

La idea sería instaurar que los chicos están afectados por los adultos y por la sociedad, pero no enfermos. Les pasa cosas diferentes que a nosotros y deben tener vías de expresión para poder desmenuzar, metabolizar, digerir, tragar, vomitar…todo lo que estamos viviendo.

Ahora sostener a otro no es sencillo porque nos cuesta sostenernos a nosotros mismos, y necesitamos apuntalarnos más que nunca, pero cuando el adulto se siente escuchado puede escuchar mejor.

Abramos nuestra mente, no nos encerremos en una locura exigente y sádica de tareas y productividad, ya que de ésta saldremos conservando nuestra energía y cuidándonos más que nunca los unos a los otros. A pesar de sentirnos golpeados, la salida a todo esto será colectiva.

Tener una organización y tareas evita el caos y fomenta la sensación de poder crear, con lo cual es calmante. Pero el objetivo ahora no debe ser la tarea y la producción.

A los docentes, sanitarios, maestros, y otras figuras de referencia os animo a que os conectéis on line o llaméis a los niños no tanto para mandar tareas y cumplir con un programa, sino para preguntar “cómo estás?, cómo lo llevas? Cómo está tu familia?” y recordar a los niños que seguimos cuidándolos y manteniendo el vínculo y que esto pasará.

Visita nuestra página de Recursos; quizás alguno de ellos pueda ayudarte. También puedes echar un vistazo a la web de uno de nuestros colaboradores: Escuela Infantil Origami.

Ana Belén Tejero Martín

Psicóloga Clínica especializada en el ámbito infanto-juvenil

Imagen creada por Prostooleh, Freepik

Altas capacidades en adolescentes

¿Qué son las altas capacidades?

Altas capacidades son aquellas capacidades intelectuales que se diferencian en su forma de las capacidades intelectuales del resto de personas.

Una alta capacidad no es solo una capacidad intelectual diferente en cantidad o nivel (cuantitativo), es decir, un niño que saca notas altas no tiene altas capacidades solo por ello, sino que debe haber una diferencia en la forma, en la cualidad de sus habilidades. Estas personas procesan la información, aprenden y reflexionan de forma diferente. No es que piensen más.

Un “talento” sí tiene la diferencia en lo cuantitativo, es decir, en el nivel. Por ejemplo, un niño con talento simple de matemáticas es aquel que aprende igual que los demás niños, pero que obtiene resultados mucho más altos en matemáticas. Un niño con talento compuesto es aquel que destaca en dos o más áreas. 

Una alta capacidad es un “potencial”, es decir, si no se trabaja y se desarrolla termina por perderse, por eso es importante tener en cuenta que no solo hay una parte de habilidad mental en las altas capacidades, sino también debe haber un interés y una motivación de la persona por desarrollar esa habilidad. Suele ocurrir que, si les interesa un tema en concreto, leen mucho sobre ello, preguntan y buscan información.

A veces a estos niños se les atribuyen problemas de atención, porque pueden estar distraídos en clase y se muestran inquietos, esto ocurre porque sus intereses van más allá de lo que se les está enseñando en clase. Esto explica la paradoja del niño con altas capacidades que suspende, aunque lo habitual es que tengan un alto rendimiento académico, pueden suspender debido a su falta de motivación.

¿Cómo diferenciar un problema de atención e hiperactividad de una alta capacidad?

Mediante la evaluación de un profesional se puede distinguir perfectamente, ya que la forma de pensar de alguien con altas capacidades no es igual a la de otras personas. Además, hay que dar sentido a la falta de atención y el motivo de esa distracción. En un caso será por una incapacidad de mantener la atención y en el otro, por una falta de interés.

¿Los padres qué pueden observar y cómo es preferible que respondan?

Conviene que los padres atiendan al desarrollo de sus hijos y aunque no sepan exactamente cuándo corresponde una etapa u otra, sí pueden comparar con el resto de niños en general.

Estos niños suelen aprender a hablar muy rápido o el tipo de palabras que empiezan a utilizar es propio de niños mayores a su edad. Por ejemplo, un niño de cuatro años puede tener un vocabulario propio de un niño de diez años.

Si los padres están pendientes de los intereses que tienen sus hijos, sería bueno facilitar que los desarrollen. Esto quiere decir que si les gusta leer, tratar de potenciar la lectura. Si les gusta la geología, apoyar ese interés. Si les interesa alguna actividad concreta como la música, apuntarles a academias donde puedan desarrollarse.

Algunos padres y madres pueden reaccionar ante un diagnóstico de altas capacidades con sorpresa, otros con alegría. También hay quien dice sentir agobio, por no saber qué hacer, por la responsabilidad de estar a la altura de las necesidades de sus hijos o por miedo a lo desconocido, entre otras cosas. Lo mejor es siempre pedir ayuda profesional, para gestionar la situación de una manera óptima.

¿Cómo es una adaptación curricular para altas capacidades?

Se deben adaptar el temario y la forma de dar la clase a la forma de aprender del niño. Lo ideal es hacer trabajos colaborativos y que investiguen los temas ellos mismos, pues no responden muy bien a temarios repetitivos ni a memorizar sin más, sin cuestionarse, sin practicar y sin comprobar.

Dar un temario de un nivel superior o adelantar un curso no es suficiente para niños de altas capacidades, aunque sí es suficiente para talentos.

¿Hay que trabajar las emociones en niños con altas capacidades?

En general la inmensa mayoría de los niños suelen reaccionar de forma positiva ante la noticia de tener altas capacidades, pero es muy importante la forma de contárselo. Seguramente él o ella ya sabía que era diferente, pero dependiendo de cómo se le plantea la situación, pueden sentirse “raros”. Si perciben que se ponen sobre sus espaldas unas expectativas demasiado altas pueden estar sobrepasados.

En consulta no se suelen trabajan las altas capacidades en sí, pero sí algunos problemas que se derivan. Por ejemplo, si un niño tiene afectada su relación con otros niños, precisamente porque es percibido como diferente, ya que no usa las mismas palabras o le interesan otros temas, entonces, hay que abordar sus habilidades sociales, su forma de comunicarse y la tolerancia a la frustración, para que recupere la sintonía con sus compañeros.

¿Qué ocurre con adolescentes de altas capacidades?

La adolescencia es una etapa de maduración muy importante, en la que una de las claves para el bienestar emocional es el afianzamiento del chico o chica dentro de un grupo. También son importantes la autoestima y sentirse responsable de los propios éxitos.

Sabiendo todo esto, es fácil entender que las altas capacidades en sí, no van a hacer que el adolescente esté mejor o peor. Lo esencial será que sus altas capacidades las haya incluido en su adaptación personal, logrando una buena autoestima y una adecuada inclusión en un grupo.

Ana Belén Ortín Aguilar

Psicóloga. Especialista en problemática adolescente.

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