¿Cómo prepararte psicológicamente para el parto?

¿Cómo prepararte psicológicamente para el parto?

¿Cómo prepararte psicológicamente para el parto?

El papel de las emociones.

 

“Somos la única especie mamífera que duda de su capacidad de dar a luz”

Ina May Gaskin

 

El parto es un proceso natural y único en cada mujer y en cada embarazo. Sin embargo, cuando este está llegando a su fin, pueden comenzar a aflorar emociones básicas como el miedo o la sorpresa que nos hacen sentir: preocupadas, agobiadas, inseguras, ansiosas, asustadas o confundidas.

Las emociones tienen la función de facilitar la conducta apropiada en cada situación. En el caso del miedo, la función adaptativa de nuestro organismo es la protección; y en el caso de la sorpresa, la función adaptativa es la exploración. Y puede ser que esas emociones, hayan empezado ya a cumplir su cometido y te hayan impulsado a buscar información y a estar leyendo, en este momento, este artículo.

Por lo tanto, podemos decir que las emociones son nuestras aliadas porque nos ayudan a sobrevivir y a adaptarnos a las nuevas situaciones. Sin embargo, la cognición (los pensamientos que surgen como consecuencia de esas emociones), puede hacer que experimentemos sentimientos negativos y poco adaptativos.

Estos pensamientos aparecen automáticamente y son el resultado de las ideas y asociaciones que hacemos a partir de nuestras experiencias y conocimientos sobre el tema (estos conocimientos están formados también por las experiencias de otros). Y, a falta de conocimientos, o a pesar de ellos, entrará en juego, irremediablemente, la imaginación, y entonces ya estarán sobre el escenario todos los actores necesarios para que, si no somos conscientes de ello, la función finalice sin muchas rosas sobre las tablas.

7 Pasos para prepararnos psicológicamente

 

La buena noticia es que puedes prepararte psicológicamente para el parto.

  • En primer lugar, felicitarte por estar buscando respuestas a tus inquietudes.

  • En segundo lugar es importante repetirnos a nosotras mismas, que las experiencias que han tenido otras mujeres en sus partos, son solo sus experiencias y que en ningún caso tienen por qué ser las nuestras.

  • En tercer lugar es necesario ser conscientes de que, al igual que las emociones son reales y necesarias, los pensamientos acerca de esas emociones no tienen por qué ser reales y si no están siendo de ayuda, pueden ser modificados.

Sería bueno que comenzaras a practicar las siguientes autoafirmaciones:

“Confío en mi misma”, “confío en que mi cuerpo me avisará de la necesidad de pedir ayuda”,  “soy plenamente capaz, como toda mamífera, de dar a luz”, “el nacimiento de mi hijo es algo natural y saludable”, “las contracciones son mis aliadas, con cada contracción mi bebé está más cerca de nacer”, “las contracciones no son más fuertes que yo porque son parte de mi”…

  • En cuarto lugar, ser conscientes de la unidad del cuerpo y la mente. Si nuestra mente está creando pensamientos negativos, se generarán sentimientos desacordes con el inicio adecuado del parto. El cerebro es muy primitivo (no sabe distinguir el peligro real del imaginado), y si con nuestros pensamientos le alertamos de un posible peligro, él lo creerá y no propiciará el ambiente adecuado para la producción de las hormonas desencadenantes y coadyuvantes del proceso natural del parto. Por ello, aunque parezca obvio, debes tener muy presente que un estado de calma y tranquilidad, contribuirá a que se desencadene el trabajo de parto de manera natural y productiva.

Para ello, puedes comenzar a realizar, diariamente, ejercicios de meditación guiada como este  y así ir, poco a poco, familiarizándote con la sensación de relajación y bienestar, para que, cuando llegue el momento, puedas acudir a esa sensación.

  • En quinto lugar, la respiración interpreta un gran papel durante todo el proceso. Aprender a respirar adecuadamente contribuirá a estar en sintonía con nuestro cuerpo en el momento clave. Aguantar la respiración, o mantener el abdomen en tensión, limitará la cantidad de oxígeno que llega a los músculos y al bebé, dificultando la dilatación. Por ello, respirar profundamente (sintiendo como el aire, primero, expande el pecho y después, llena el abdomen) ayudará a las contracciones a ser más productivas. Al llegar a la fase de expulsión, inspira por la nariz y exhala por la boca, intentando que la espiración sea siempre más larga. Escucha a tu cuerpo y respira como él te pida pero sé consciente de tu respiración, ella será la gran aliada de las contracciones.

Carmen Moreno en su libro “Hipnoparto”, llama “olas uterinas” a las contracciones (por el vaivén de las mismas) y nos invita a recitar un mantra, en los momentos de descanso que tienen lugar entre contracción y contracción, para contribuir al estado de calma: “cada ola uterina tiene una función; y me acerca a ti”.

  • En sexto lugar: acepta lo que venga. No es posible predecir cómo será tu parto, por ello, lo más adaptativo es ser flexibles y confiar en que, la manera en que este se desarrolle será la correcta según las circunstancias. Confiar, además de en tu capacidad innata de parir, en los profesionales que te atiendan, y saber que tienes el derecho de preguntarles todas las dudas que te vayan surgiendo, será clave para mantener la calma.

  • Por último, si sientes que estás emocionalmente desbordada o aturdida y te encuentras ansiosa o deprimida, no dudes en pedir ayuda y contactar con un profesional de la salud mental.

 En post anteriores hemos estado tratando de explicar el blues materno, si queréis saber más pincha aquí

Bibliografía

Moreno, C. (2018) Hipnoparto.

Fernandez-Abascal, E., García Rodriguez, B., Jiménez Sánchez, M. P., Martín Díaz, M. D., Domínguez Sánchez, F. J., (2014) Psicología de la emoción, Ed. Universitaria Ramón Areces UNED.

 

Lola García Sánchez

Psicóloga Junior en Centro Promentium

Foto realizada desde CANVA Pro 

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¿Cómo decir que NO? 7 Claves

¿Cómo decir que NO? 7 Claves

Claves para decir “No”

¿Cómo decir que no? Mucha gente es reticente a negarse cuando alguien le solicita algo, incluso cuando no desean acceder. Puede ser fruto de muchas causas como inseguridad, baja asertividad, miedo al rechazo, una crianza represora… El caso es que la dificultad para hacerse oír, genera mucho malestar y compromisos indeseados.

Si es tu caso, un psicólogo te puede ayudar a llegar a la raíz del problema o simplemente a trabajar en tus dificultades, para liberarte y poner en tus manos el poder del “no”. Pero mientras, puedes tratar de aplicar estas claves para empezar a practicar la imposición de límites fuertes, comenzando con un contundente NO.

 

1. Las dos caras de la moneda

Si eres de los que les resulta difícil dar un NO, este punto es muy importante para ti. Piensa que el “no” forma parte de una moneda, en la que encontramos un “sí” en la otra cara. Cada vez que damos un no a alguien, otra persona recibe un sí.  No centres tu atención en la persona equivocada, céntrala en quien obtiene el beneficio, te será más fácil lanzarte a esa negativa.

Ejemplos:

No puedo ayudarte esta tarde…es un a tiempo para mi familia.

No puedo prestarte ese dinero…es un a mi tranquilidad.

No quiero ver esta película…es un a ver algo que disfruto.

No puedo arreglártelo hoy…es un al cumpleaños de un amigo.

 

2. Sin justificación

¿Cuántas veces has usado una excusa para negarte a algo? ¿Suele funcionar? Lo malo de justificarte con una excusa, es que pronto pueden encontrar solución para ese problema y te ves forzado a inventar otra, mentir o ceder ante la petición.

¿Cuántas veces mentimos para librarnos de dar un no? La mentira puede ser un gran aliado para evitar negarnos, pero sabemos que las consecuencias de que esa mentira sea descubierta, son mucho peores a poner límites de forma sana. Pregúntate a ti mismo: ¿Por qué temo tanto negarme a algo como para mentir? ¿Por qué me arriesgo a ser descubierto?

Tienes el derecho de negarte cuando así lo desees, sin escusa, ni justificación. Obviamente todos queremos saber que hay detrás de un no, pero no tiene porque haber un enrevesado sistema de motivos que lo justifique, puedes sencillamente decir: “No, gracias, no me apetece “.

 

3. Te muestra tal y como eres.

Un “no”, no es algo malo. El “no” le dice a la gente quién eres, qué te gusta, cuáles son tus límites, etc. Puede que por ceder ante todo vayas a caer mejor inicialmente, pero ¿realmente esas personas te conocen? ¿estarás satisfecho si no tienes voz? ¿te vas a conformar con la frustración del sacrificio constante por el otro?

Es importante para una vida plena, unas amistades y entorno social sincero, pero eso empieza por ti. Deja a un lado tus miedos y permite a los demás conocerte, conecta de forma sincera y relajada, trasmite quién eres usando el no.

Por ejemplo, nos preguntan si queremos ver una comedia romántica, a lo que podemos responder con: ¿Comedia romántica? Lo siento, pero no me gustan nada, si quieres vemos una de acción. O ¿Ayudarte a pintar? Lo siento, pero no me apetece nada, si quieres cuando tengas que montar los muebles llámame que estaré encantado de echarte una mano.

 

4. Da Valor

De la mano de la anterior va el cuarto punto: darte valor. Un no, no solo le dice a la gente quién eres, también deja claro los sacrificios que haces por ellos, lo que te da valor como amigo/pareja/compañero/etc.

Imagina esta situación:

Alguien te invita a ver una peli de un género que detestas y tú simplemente aceptas. Esa persona recurre a ti cada vez que quiere ver ese género, porque a nadie más le gusta. No es consciente de que a ti tampoco, de hecho, él piensa que te hace un favor, ya que sois los únicos a los que “os gusta ese tipo de pelis”.

O bien sigues siendo su compañero de cine infumable o bien explotas de frustración y rabia, lo cual es muy confuso para la otra persona, ya que nunca le has mencionado nada.

Ahora imagina la misma situación, pero ahora le dices:

  • “Uf, la verdad es que no me gusta ese tipo de cine, pero bueno, me apetece pasar un rato contigo, te acompaño”.
  • “Uf, la verdad es que no me gusta ese tipo de cine, pero me apetece pasar un rato contigo, ¿te apetecería ver otra cosa?”.

En cualquier caso, la persona es consciente que haces un esfuerzo. Realmente lo haces siempre cuando no te niegas, solo que nadie lo ve y a la larga te hace sentir poco valorado y correspondido, pero cómo van a corresponder si no saben que estás sacrificándote por ellos.

El “no”, no solo te aporta el beneficio de evitar aquello que no sabes hacer, también te da valor cuando cedes ante la otra persona, pero hay que indicarlo, los demás no pueden saber que estás “haciendo un favor” si no lo verbalizas. 

Cabe también la posibilidad de que la otra persona esté proponiendo planes al azar y no le suponga ningún problema adaptarse a tus gustos, sin duda, cualquiera de las dos opciones es un “win-win”.

Mira qué diferentes suenan estos ejemplos:

Si: ¿Recogerte? Claro sin problema.

NO, pero SI: ¿Recogerte? Si nadie puede voy claro, pero sabes que detesto conducir ¿no se lo puedes pedir a otro?

SI: ¿Ayudarte con la mudanza? Bueno, no tengo nada que hacer.

NO, pero SI: ¿Ayudarte con la mudanza? No es el mejor plan de sábado que se me ocurre jejeje. Pero bueno va, te echo una mano.

 

5. Tamizado

Lo más difícil de asumir cuando empezamos con las negativas, es que no le gustan a todo el mundo. La parte más difícil al dar un no, es suponer que el otro va a enfadarse con nosotros, vamos a causar malestar o vamos a perder a la otra persona, pero ¿qué hay de malo? Entiendo que pueda dar miedo el perder a gente que aprecias, pero realmente ¿queremos a alguien a nuestro lado que solo está cuando obtiene un beneficio?

Practicando un No abrimos la puerta a dos posibilidades:

  • Damos la oportunidad al otro de demostrarnos su amor. ¿Y si esas consecuencias que tememos no se dan? Tus allegados se merecen la oportunidad de demostrarte cómo son de verdad. Debes darles la oportunidad de reaccionar ante tu no y demostrar “de qué pasta están hechos”. Puede que tus seres cercanos sean mucho más comprensivos y respetuosos de lo que creías. ¡Dales la oportunidad de demostrarlo!

 

  • Detectamos quién está en nuestra vida solo porque obtiene constantemente lo que quiere de nosotros. Por muy queridos que esas personas sean, tienes que plantearte ¿quiero a alguien en mi vida que solo quiere que obedezca sus deseos? ¿me puede querer de verdad alguien que no me conoce realmente? ¿me merece la pena mantener una relación unidireccional (en la que solo yo doy)? ¿le estoy dando la oportunidad de corresponderme? ¿Lo has puesto en práctica? ¿Quién ha pasado tu filtro?

 

6. Culpa

La culpa es la gran enemiga del “no”. La mayoría de las veces, puedes sentirte egoísta por negarte, culpable al general malestar en el otro o simplemente querer evitar un posible conflicto. Probablemente en tu crianza, se ha establecido esa pauta de pensamiento o esa necesidad de ceder ante el otro, pero ya no eres un/a niño/a. No es egoísta priorizar tus sentimientos y negarte ante aquello que no te gusta.  

Siempre que te veas retirando tu negativa ante la posibilidad de un enfrentamiento o ante el posible malestar del otro, debes preguntarte: ¿estoy juzgando al otro en base a mis miedos? ¿por qué no le doy la oportunidad de demostrarme su propia valía? ¿por qué no creo tener derecho a negociar o mirar por mí mismo?

¡Deja a un lado la culpa, recuerda, un No para el otro, es un SÍ para mí!

 

7. Balanza

Un truquito que nos ayudará a manejar nuestra culpa, es visualizar una balanza. La pregunta es muy sencilla ¿se merece mi culpa? Si colocamos en la balanza todo lo que solemos hacer por la otra persona y lo que dicho sujeto hace por nosotros, nos puede resultar muy sencillo deshacernos de la culpa que sentimos cuando rechazamos al otro. ¿Es un gran amigo/a? ¿está ahí para mí? ¿esa persona merece mi esfuerzo?

Este truco nos ayudará a deshacernos de la palabra egoísmo, no hacemos las cosas para que los demás nos deban una, pero sí es cierto que una relación debe estar equilibrada, debe retroalimentarse, si está descompensada, puede que estemos entregando más de lo que debamos, no te sientas mal por negarte si así lo deseas.

Pero recuerda el punto 4: en una relación sana se devuelve en parte lo que se recibe, si no das valor a tus acciones, puede que tengáis perspectivas muy distintas sobre tu generosidad y sacrificio ante las peticiones de la otra persona. Esto también es fundamental para construir una relación sana y que no comience a generarse una relación tóxica.

 

¿Qué te ha parecido el artículo?

¿Crees que podrías aplicar alguna de estas pautas?

¡Deja tu comentario en el blog o en redes sociales!

¡Estamos deseando saber tu opinión!

Luna Cánovas Requena

Psicóloga Clínica Sanitaria

Foto de Monstera en Pexels

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Relaciones tóxicas

Relaciones tóxicas

Llamamos relación al trato o asociación que se da entre dos o más personas. En ocasiones, al hablar de relaciones tóxicas tendemos a pensar únicamente en relaciones amorosas o de pareja. Pero esa toxicidad puede ocurrir en cualquier ámbito:

  • Amistad
  • Trabajo
  • Compañeros de clase
  • Familia
  • Pareja

Factores que intervienen

Antes de entrar en aquello que caracteriza a una relación tóxica, me gustaría hablar de dos factores a partir de los cuales se puede constituir este tipo de vínculo:

  • Personas tóxicas

Se trata de individuos cuya personalidad, aprendizaje vital, presencia y/o actitud hace que resulte dañina para las personas con que se relaciona. Suelen poseer una gran inseguridad y falta de empatía, existiendo diferentes perfiles: victimistas, narcisistas, descalificadores, agresivos, manipuladores, etc.

  • Dinámicas tóxicas

Lo que es tóxico es la forma de relacionarse de ambas personas. Se produce poco a poco, sacando aspectos y modos de actuar de cada uno que no se dan con otras personas. Suelen llevar a intentos de cambio y una posterior frustración al ver que no se consigue. Ambos miembros son responsables del mantenimiento de dicha dinámica relacional.

 

Características generales: cómo detectar si estoy inmerso en una relación tóxica

  • Esa relación nos supone un desgaste, como si estar con esa persona nos restara energía.
  • En ocasiones se basa en el control y autoridad de un sujeto sobre otro, no existiendo en cambio libertad y respeto mutuo.
  • El sentimiento que tenemos respecto a la relación es negativo; sentimos frustración, impotencia, ansiedad, rabia, miedo, etc.
  • No puedes ser tú mismo.
  • La otra persona te recuerda tus defectos constantemente, te utiliza o critica.

 

¿Por qué seguimos inmersos en una relación tóxica?

Las causas pueden ser muy variables de una persona a otra, pero como norma general, como variables mantenedoras de una relación tóxica podríamos nombrar las siguientes:

  • Repetimos patrones del pasado, muchas veces de manera inconsciente. “Más vale malo conocido…” … (incluso relaciones que hemos vivido en nuestro entorno durante la infancia) aunque no nos hagan sentir bien, mostrándose como una especie de zona de confort.

 

  • Creencias irracionales respecto a que, a pesar del daño que nos produce, la persona tóxica es mejor que nada. Provocada por el miedo a la soledad o al abandono en sí.

 

  • Inicio positivo de la relación. Puede que no todo haya sido negativo. El buen inicio de una relación que posteriormente se tornará tóxica o el juego de seducción que emplea al comienzo una persona tóxica nos hace sentir muy bien, únicos y especiales para alguien. Este recuerdo puede actuar de anclaje para el mantenimiento del vínculo a pesar de que ahora las cosas sean muy diferentes, con la esperanza de volver a ese estado en el futuro.

 

  • Necesidad de vinculación. Sentirnos cuidados, protegidos y queridos, aunque sea de una forma inestable y dañina.

 

  • Presión social. Existe un “guion” o camino a seguir impuesto por los padres, la sociedad, etc. Por ejemplo: sentirnos “obligados” a mantener una antigua amistad que ya no nos aporta nada positivo, tolerar el comportamiento de una persona por ser miembro de la familia, no romper una relación de pareja por el “qué dirán”, permitir que nos traten mal en el trabajo para no perder esa estabilidad económica, etc.

 

  • Dependencia emocional. La persona dependiente puede necesitar del otro en diferentes aspectos que no se atreve a hacer por sí mismo, por su propia inseguridad.

 

Recomendaciones para salir de una relación tóxica

  • Rompe con el aislamiento, expresa cómo te sientes a otras personas.
  • No normalices la situación y ciertos comportamientos.
  • El querer no lo puede todo, a veces es necesario soltar lo que nos daña.
  • Cambia la perspectiva. Reflexiona sobre qué le aconsejarías a alguien especial para ti que estuviera pasando por tu misma situación. Echa un vistazo a nuestro artículo: “Cómo hacer cambios en tu vida”
  • Pide ayuda.
  • Practica el autocuidado.

 

Cuando no podemos escapar, ¿cómo sobrevivimos?

A veces puede ser muy doloroso o difícil dejar de tener contacto, bien sea porque se trata de un familiar cercano, un entorno laboral al que de momento no es posible renunciar, etc. Podemos hacerte algunas recomendaciones como las siguientes:

  • Mantén la distancia. Reduce al mínimo el contacto y sírvete de la presencia de otras personas que ayuden a disminuir la tensión entre ambos.

 

  • Sé asertivo/a. Debemos ser claros, exponiendo cómo nos sentimos, intentando dar una alternativa o solución al conflicto. No obstante, debemos hacerlo de forma asertiva, no entrando al enfrentamiento ni dejándonos llevar por el otro, pero sí bloqueando su manipulación y manteniendo nuestro punto de vista. Lee “Problemas de asertividad” para conocer más sobre este término.

 

  • Realiza actividades y relaciones agradables y positivas. Para contrarrestar dicho desgaste, deberemos continuar con nuestra vida, mimarnos cuando estemos a solas. Mantener nuestras rutinas y proyectos a pesar del malestar que nos provoque esa persona y cuidar nuestra autoestima.

 

Si te ves inmerso en una relación tóxica, y estás encontrando dificultades para salir de ella, no dudes en contactar con un profesional que pueda ayudarte en este proceso. En nuestro centro disponemos de profesionales especializados en pareja que pueden orientarte tanto individual como a nivel de pareja y familiar.

Así mismo, si es una relación de pareja que se ha convertido en un maltrato o violencia de algún tipo (psicológica, física, económica, sexual, …), te recomendamos que contactes con los organismos dispuestos en tu región para orientarte y ayudarte con esta situación. El teléfono para víctimas de violencia de género es el 016, aunque también puedes dirigirte a la Red de Centros de Atención Especializada para Mujeres Víctimas de Violencia (CAVI) y/o al Equipo Municipal de Atención a la Violencia de Género (EMAVI).

En caso de violencia familiar, en Murcia contamos también con un Equipo de protección y atención a la familia (EPAF), al que pueden acudir víctimas de violencia de género y doméstica.

 

Sonia Otálora Ballester

Psicóloga General Sanitaria

Foto de Anthony Shkraba en Pexels

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7 Claves para mejorar la comunicación en pareja

Mejorar la comunicación en pareja no es tarea fácil, ya que requiere de tiempo y dedicación, pero es posible siempre y cuando haya predisposición por parte de ambos miembros de mejorarla.

Con gran probabilidad, en más de una ocasión habréis tenido rachas con vuestra pareja que os han resultado difíciles de manejar. Estos problemas pueden haber sido diversos: comunicación, sexualidad, afectividad, crianza, economía… Hoy vamos a centrarnos exclusivamente en la comunicación y en qué podéis hacer para mejorarla.

La comunicación puede fallar porque el emisor no lanza correctamente el mensaje, el receptor lo entiende mal, o el mensaje está formulado erróneamente. Puede haber fallo en uno, en varios o en todos ellos.

¿Qué podemos hacer para mejorar la comunicación en pareja?

  1. Dedicad un rato para poder comunicaros. Puede parecer una tontería, pero a muchas parejas les resulta difícil encontrar un hueco para sentarse y hablar un rato, ya sea porque están cansados, los niños no les permiten ese hueco de intimidad, porque tienen los horarios cambiados… Sea por lo que sea, siempre cabe la posibilidad de encontrar este hueco por complicado que parezca. ¿Cómo puedes hacerlo? Haz un horario con tus responsabilidades del día y que tu pareja haga lo mismo. Una vez los tengamos en papel, nos será mucho más fácil analizar cuál es el mejor hueco para dedicarlo a nosotros. Puede parecer un poco mecánico y que nos tire para atrás, pero cuando pasáis una temporada sin tener ese ratito para vosotros, este es sin duda el mejor método.
  1. Deja el Whatsapp y el teléfono de lado. Estamos en la era de la tecnología, y por eso tendemos a sustituir una comunicación por otra, en teoría más “rápida” y “sencilla”. Sin embargo, la realidad es que las parejas que tienden a comunicarse por Whatsapp (Line o similar) suelen utilizar este medio para todo. Ya no es sólo que escribamos la lista de la compra, digamos una cosa puntual sobre los niños, o nos demos los buenos días. Esto está bien. Lo que no está bien es utilizar estos medios como único recurso. No debemos olvidar que la comunicación real debe ser cara a cara, en su defecto por teléfono y para ciertas ocasiones otros medios.
  1. Hablad por turnos. Cuando la comunicación está alterada, lo mejor que podemos hacer es hablar por turnos. Un ratito hablo yo (expreso una opinión, te cuento cómo me ha ido el día, comento algo de lo que tengamos que hablar,…), y otro ratito hablas tú. No son monólogos, por lo que necesitamos saber que el otro nos ha escuchado, comprendido, y nos da feedback (o devolución) sobre ello. Para ello, es muy importante el siguiente punto.
  1. Pregunta. Nos olvidamos de que la pregunta es siempre el mejor recurso para escuchar activamente y poder encontrar en el otro la respuesta que buscamos. ¿Pero qué preguntas podemos hacer y en qué momentos?
  • “¿A qué te refieres?” – Cuando no terminamos de entender el punto de vista del otro. Desde mi punto de vista, ésta es la pregunta mágica. Le das la oportunidad al otro de expresarse de otra forma, de reivindicar su opinión o de retractarse de ella, para poder saber exactamente en qué conversación nos estamos moviendo. También nos ayuda a volcar nuestra atención sobre ella y poder estar presentes al 100%.
  • “No te he entendido. ¿Puedes repetir?” – Cuando no te has enterado de algo. Muchas veces no preguntamos porque no queremos que el otro se dé cuenta de que no le hemos entendido, ¡pero es que es así! Si no lo haces en el momento adecuado, te descuelgas de la conversación y es difícil volver a ella.
  • “¿Tú qué opinas?” – Cuando estamos en el momento en que hemos expuesto lo que queríamos decir, y buscamos que el otro se implique en la conversación.
  1. Sé claro y conciso. Muchas veces nos perdemos en lo que queremos decir; nos “liamos” intentando explicar algo que nuestro interlocutor desconoce. Expón el objetivo y el motivo de tu discurso: Esto lo digo por… Quería hablar de esto porque… Sobre esto, opino que… Quiero comentarte que… Desde el momento en que el otro sepa de qué estamos hablando, ya podemos explayarnos más o menos, pero no “irnos por las ramas” desde el principio. Un mensaje bien formado ayuda a que haya una mejor comunicación.
  1. No pienses en lo que quieres decir. En ocasiones, parece que estamos deseando que acabe el otro para poder decir lo que nosotros queremos decir. ¿Has pensado que al otro le pasa exactamente lo mismo? Esto no es escuchar, y alguien en algún momento debe romper este círculo vicioso. Para ello debes valerte de la pregunta, que te supondrá una ayuda para entender al otro, y que además te dará pie para ir formando una opinión sin estar volcado sólo en esta actividad.
  1. Piensa en lo que quieres decir. Una vez que has entendido, céntrate en lo que opinas de ello. No durante, sino después. Si está pensando en lo que sea que estés pensando, no tendrás capacidad de prestar atención al otro. Ahora ha llegado tu momento de expresarte. Si a la otra persona le cuesta guardar su turno y no respeta el tuyo, puedes decir algo como: “He entendido lo que quieres decir. Te refieres a ESTO. ¿Puedo hablar yo ahora?”; si te interrumpe: “Disculpa, pero no he terminado”.

Espero que estos consejos te hayan sido de ayuda para mejorar la comunicación con tu pareja. No hay nada como ponerlos en práctica y ver lo beneficiosos que pueden llegar a ser. Si es así, podéis suscribiros más abajo (o en la barra lateral) y estar al tanto de todas las novedades, o bien seguirnos por nuestras redes sociales.

Si te interesa, también puedes consultar el artículo con algunos consejos para las parejas durante el confinamiento.

Raquel Navarro López

Psicóloga, Sexóloga, Terapeuta de pareja

CEO del Centro de Psicología RNL

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Consejos para parejas en cuarentena

En esta situación que estamos viviendo, nos encontramos sumidos como en una especie de trance en la que no terminamos de entender lo que está sucediendo, que no asimilamos aún la gravedad de la situación y, peor aún, nos vemos obligados a estar confinados, por el bien común, en casa.

Mientras para unos poquitos, desgraciadamente, esta situación es un verdadero infierno, la gran mayoría de las personas viven esta situación como una prolongación de su aislamiento, como un descanso de la vida tan ajetreada que llevamos, o como un pequeño infierno según circunstancias y percepciones a las que no voy a entrar aquí.

Aunque a algunos se les puede caer la casa encima, hay un colectivo que no hay que olvidar: las parejas; no los padres, que de eso hablaremos en otra ocasión, sino las parejas. Aquellos que, si están bien juntos, pasarán por este proceso, como mucho, crispados; y luego están las parejas que no se llevan bien o que apenas se soportan. Para ellos, este encerramiento va a suponer un verdadero choque con esa realidad que probablemente estaban evitando ver, y que ahora no pueden hacer otra cosa más que enfrentarla.

Este artículo lo realizo con ánimo de ayudar a que los que tenéis pareja y convivís juntos, no acabéis en peleas, separación o en situaciones peores. Como especialista en pareja, veo cada semana a parejas que por diferentes razones no se entienden o a las que les fallan algunos de los pilares básicos de la pareja, que desde mi punto de vista son: comunicación, afecto y tiempo juntos. Hay otros muchos factores que afectan más o menos a las relaciones, pero en mi experiencia éstos son los más afectados y los que, si no se cuidan, llevan directamente al fracaso.

En esta situación lo de la comunicación parece fácil, ¿verdad?, pero muchos encontraréis que aun así no habláis prácticamente con la pareja, que buscáis tener vuestro propio espacio continuamente y que van pasando los días sin que encontréis ese rato para hablar de algo que no sea el COVID-19. Así que, ahí van los primeros consejos:

  1. Buscad un hueco al día para hablar de algo que no sea este dichoso virus o la situación que vivimos. Buscad memes, contaos un chiste, hablad del futuro, de objetivos comunes, de viajes deseados, de ideas que hemos tenido,… ¡Hay tanto de qué hablar!

¿Y qué hay del tiempo juntos? Porque, que estéis en la misma casa no significa que estéis juntos, solo que compartís un espacio. Así que, ¿qué tenéis que hacer?

  • ¡Rellenadlo! Preparad una cena para vosotros solos, un baño, un masaje, una partida al ordenador/consola, una película, una serie, visitad alguno de los múltiples museos que han abierto sus puertas de forma telemática, … Muchas opciones, y muchas más que se os puedan ocurrir.

El afecto siempre es uno de los damnificados cuando no nos encontramos bien, pero es tan necesario sentir a la otra persona cerca… Puede que este no sea el mejor momento para comerse a besos, pero…

  • Podéis abrazar por detrás a vuestra pareja, compartir juntos unas respiraciones y… continuar. Hacedle ver que estáis ahí con un beso en la coronilla, una caricia en el pelo, un arrumaco, un “toque” en el culo, … Cuando pase todo esto habrá tiempo para más cosas, pero ahora, quizás, solo necesitáis saber que el otro está ahí.

Dicho esto, hay una serie de normas que todas las parejas deberían seguir siempre, independientemente de la situación en la que se encuentren:

  1. Respeta a tu pareja. Él o ella no tiene la culpa de esta situación, está pasando por ella como tú, y no tienes derecho a alzar la voz, ni a obsequiarle con tus “malas caras”; mucho menos, por supuesto, a insultar o agredir de cualquier manera.
  2. Habla a tu pareja con ternura. Es la que está ahí siempre, no se merece que la trates de menos.
  3. Interésate a diario por ella o por él. Pregúntale: “¿cómo estás?”. Tan sencillo pero tan difícil, al mismo tiempo.
  4. Comparte tus inquietudes y sentimientos. Aunque no lo parezca, ahora no es momento de aislarse emocionalmente, solo físicamente.
  5. No habléis todo el día del mismo tema. Ahora es el COVID-19, pero antes era el trabajo, los padres, el 8M, los hijos, la oposición, o lo que fuera. Variad un poquito y no seáis monotema, que esto parece que va a durar un tiempo y agradeceréis no estar todo el rato obsesionados con ello.
  6. Buscad intereses comunes. ¿Qué mejor momento que ahora para saber si podemos compartir aficiones o temas de los que hablar?

Para los que además tenéis hijos, algunos consejos sueltos:

  • Aprovechad para hacer actividades en familia. Es momento de que os conozcáis sin ninguna distracción, a puerta cerrada.
  • No tiréis todo el tiempo de electrónicos. Hay muchos días por delante y, aunque parezca desesperante, hay muchas actividades para hacer con los peques.
  • Aprovechad para leer en familia. Esos ratitos de silencio se agradecen, y para los más pequeños quizás sea buen momento para empezar a enseñarles a reconocer las letras, a trajinar los cuentos,…
  • Tirad de imaginación. ¿Es divertido o entretenido?, ¿es factible?, ¿se puede hacer sin peligro? Entonces, ¡adelante!
  • Sed tolerantes. Todos estáis encerrados, pero nosotros los adultos aún podemos ir a comprar, a trabajar (en algunos casos), a tirar la basura o sacar al perro, pero los pobres pequeños no pueden salir de casa. Están desesperados (y más que lo van a estar), así que toleradles un poquito de caos, aunque siempre dentro de unos límites, claro.
  • Respirad un poco de aire. Si tenéis balcón, terraza o jardín, aprovechad lo que podáis para hacer alguna actividad al aire libre: desde mirar las formas de las nubes o nombrar todo lo que se vea desde la ventana, a saltar, jugar con las pompas o al escondite, o lo que se os ocurra y que no os ponga en riesgo alguno.
  • Paciencia. Es un buen momento para trabajar esa asignatura pendiente, porque ahora más que nunca, nos necesitan.

Espero que estos consejos puedan ayudaros a pasar esta etapa lo mejor posible. Ya sabéis que podéis contar conmigo y con mi equipo para cualquier duda que pueda surgiros.

Os enviamos mucho ánimo y, sobre todo, mucha salud.

Raquel Navarro López

Directora del Centro

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