Desde el principio de la Pandemia las formas de relación médico paciente han ido cambiando según  nos aconsejaban los expertos en epidemiología y en virología. Si la relación médico paciente es fundamental en la Medicina aún lo es más en todos los ámbitos de la Salud Mental.

Mi opinión es que no hay ninguna comunicación que mejore la comunicación clásica, la de toda la vida, la de cara a cara, no hay tecnología que supere el poder ver en tiempo real, a corta distancia y en un contexto determinado, al individuo de forma global y bidireccional, los gestos, las posturas, la facies, la mímica, la afectividad, la emoción transmitida y la reprimida, los movimientos corporales, la interacción con los acompañantes si los hubiere…

En muchas ocasiones obtenemos más información de la comunicación no verbal que de la propiamente verbal, o por lo menos conseguimos la información clave.

Y qué decir de lo que podemos transmitir nosotros al paciente: seguridad, confianza, esperanza, mejora de los síntomas…

Pues todo esto cambió radicalmente hace algo más de 1 año; en principio surgió la visita telefónica, se avisaba previamente para que no acudieran a la consulta y que esperaran la llamada, la coordinación entre los administrativos, los sanitarios y los pacientes fue digna de agradecer, la mayoría de los pacientes aceptaron con mucha amabilidad la situación a sabiendas de que no era lo mejor para nadie.

La llamada telefónica tiene sus problemillas y no solo por la falta de datos sino porque a veces el paciente no está en el mejor lugar para hablar, otras veces no podía contestar , las líneas llegaban a saturarse en algunas ocasiones, y muchas veces no sabías muy bien con quien hablabas, no podías ponerle cara, no te puedes acordar de todos por el nombre, no le asocias la cara. La dificultad para hablar también con los familiares es otro problema añadido. Y cuando es una primera visita los inconvenientes para ambos son comprensible, depositar la confianza en alguien que no conoces y que te habla al otro lado del teléfono debe ser complicado. Pues a pesar de todo los pacientes fueron, eso, pacientes, agradecían la atención aun cuando fuera precaria, lo que nos dice que ante las dificultades la gente, en general, saca su mejor espíritu.

Meses después empezamos a combinar consultas presenciales con telefónicas y la verdad es que la experiencia de esos meses donde llamamos a casi todos los que en esos momentos estaban con nosotros nos sirvió para después discriminar el tipo de visita que deberíamos de hacer si en algún momento era necesario volver a restringir las presenciales.

>>>Consulta nuestro artículo sobre “Fatiga pandémica”

Sabemos que con algunos pacientes muy conocidos con patologías crónicas que van estables mucho tiempo y que tiene buena adherencia tanto a los tratamientos como al centro y a los profesionales de Salud Mental y que viven quizá lejos en estos tiempos donde hay más riesgo en los desplazamientos en transportes públicos, podemos acordar algunas visitas telefónicas, intercaladas con otras presenciales. Así que hemos aprendido a utilizar otra forma de comunicación que en algunos supuestos puede ser muy útil.  Ahí también es de alabar la madurez de muchos de nuestros pacientes que han visto en la adversidad una oportunidad.

Por otro lado la vuelta a la presencialidad no fue la vuelta a la normalidad, volvimos con mascarilla y con distancia de dos metros. Al principio costaba que la gente no acercara la silla a nuestra mesa, es instintivo, normalmente hablamos cara a cara, separados por una mesa de despacho, pero ahora no, hay un vacío en medio al que te tienes que acostumbrar y sí, nos hemos acostumbrado, incluso si las sillas están mal colocadas los pacientes suelen colocarlas a dos metros, somos disciplinados cuando nos interesa, muy bien.

Pues la mascarilla es otro estorbo a la hora de la relación con el paciente, una parte importante del rostro desaparece a nuestros ojos igual que el nuestro al de ellos. La sonrisa o la no sonrisa no se observa y cambia mucho como bien sabéis si utilizáis los emoticonos. Tenemos que explorar la sonrisa ocular, más complicada de captar, pero, por otro lado, estamos aprendiendo a desentrañar los significados de las miradas, difícil pero todo es observación empírica e interés en lo que buscas.

Con la mascarilla y la distancia también perdemos sonido, hay que elevar a veces el volumen de forma artificial; ya no es el volumen natural que te puede dar también algún dato del ánimo de la persona que tienes delante, cuando pides que repita algo puede que ya no lo repita de la misma forma, que ya no sea tan espontáneo.

Quizá en un futuro se pueda generalizar la consulta por videollamada, con las aplicaciones que existen actualmente es muy sencillo, no es lo mismo que presencial pero mejora bastante a la simple llamada telefónica. Consulta más información sobre los tipos de terapia del centro.

Lo que sí se ha generalizado es el uso del teléfono para consultas puntuales, de medicación de recetas, de efectos adversos y creo que así se quedará para el futuro aun cuando volvamos a la total normalidad que espero que no sea en un futuro muy lejano.

A pesar de todas las dificultades mi impresión es que la adaptación de las personas con Trastorno Mental Grave a estas nuevas formas de comunicación con los pacientes ha sido ejemplar y muchos deberíamos de aprender de ellos.

 

Antonio Micol Torres

Psiquiatra en Promentium- Salud y Bienestar

 

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