Dieta cetogénica en salud y deporte

Dieta cetogénica en salud y deporte

La dieta cetogénica, también conocida como ceto o dieta keto, es un tipo de seguimiento nutricional cuya fama o seguimiento ha aumentado en los últimos años por múltiples razones. Este tipo de dieta consiste en la ingesta de cantidades muy bajas de hidratos de carbono al día. Si bien una dieta considerada “low carb” o “baja en hidratos de carbono” sugiere la ingesta de 130 a 150 g de hidratos de carbono (HCO) al día, la dieta cetogénica tan solo incluye de 25 a 50 g de HCO al día.

 

Pero… ¿cuánto son 25-50g de Hidratos de carbono?

Para hacernos una idea de cuánto puede suponer esta cantidad y cuánto se debe de restringir la alimentación a ciertos alimentos, debemos de tener en cuenta o, tomar como referencia el hecho de que, por ejemplo, una manzana normal tiene 25g de HCO, un yogur natural típico (125g de tamaño), contiene en torno a los 10g de HCO o, por ejemplo, una patata pequeña, puede tener tener también en torno a los 25g de HCO.

 

¿Y por qué es tan común seguir una dieta cetogénica?

En el organismo, podemos almacenar la energía principalmente en dos formas, el glucógeno y la grasa. El glucógeno es nuestro principal combustible, pero su almacenamiento es mucho menor que el de la grasa. Aproximadamente, almacenamos unas 1500 calorías como glucógeno, y hasta 100.000 en forma de grasa. Por tanto, si hacemos una dieta cetogénica, con un aporte tan bajo de hidratos de carbono, tenderíamos a consumir más grasa que glucógeno, puesto que el cuerpo tiende a seguir determinadas rutas metabólicas para ahorrar glucosa, puesto que es el combustible principal de nuestro cerebro y, por tanto, es necesario. En este punto, cabe destacar que el cerebro también puede alimentarse de cuerpos cetónicos (producidos a partir de los ácidos grasos, lo que se conoce como cetogénesis), pero en menor medida y con mayor “esfuerzo”, siempre va a ser preferible tener glucosa suficiente para nuestro cerebro.

Además, esto no solo afecta a nuestro cerebro, puesto que la disponibilidad de hidratos de carbono es necesaria para diferentes tejidos del cuerpo. De esta manera, si bien el principal almacén de los hidratos de carbono en el organismo es el glucógeno, este puede encontrarse tanto el músculo como en el hígado, donde encontramos algunas diferencias. Principalmente, que el depósito del hígado es superior al del músculo, pero tampoco dura mucho si no tenemos la disponibilidad energética suficiente administrada a partir de la alimentación y, por otro lado, que el hígado es un órgano encargado de regular la glucemia del
cuerpo, es decir, la cantidad de glucosa en sangre, a diferencia del glucógeno muscular, el cual no tiene la enzima intermediaria capaz de realizar esta
función. El hecho de regular la glucosa en sangre significa que, cuando un tejido necesita glucosa, el hígado rompe su glucógeno hepático en glucosa y la
libera a la sangre, para que se transporte donde se necesita. De esta forma, cuando practicamos deportes de mayor intensidad donde el combustible principal es el glucógeno muscular, una vez agotado este glucógeno muscular, el glucógeno hepático trabaja en la liberación de glucosa para que esta llegue
al músculo de nuevo y tengamos más combustible. Si, por tanto, no tenemos un depósito de glucógeno optimizado, nuestro rendimiento se verá limitado y, aunque podamos recurrir a las grasas, el proceso de obtención de energía a partir de grasas es mucho más lento y costoso que a partir de hidratos de
carbono.

Por otro lado, cuando hablamos de deportes de fuerza en vez de resistencia, estos deportes utilizan como combustible la fosfocreatina en vez del glucógeno,
gracias al sistema del fosfágeno. Este sistema consiste en la existencia de depósitos de fosfocreatina en el músculo, una molécula encargada de producir
energía de forma muy rápida pero cuyos depósitos son tan pequeños que solo podemos recurrir a ellos durante segundos. De esta forma, gracias a este sistema, encontramos esa energía “explosiva” que nos resulta más funcional en los deportes de fuerza y, por ello, parece que no sería tan relevante seguir una dieta cetogénica en deportes de fuerza a la hora de mantener el rendimiento. En esta parte, debemos tener en cuenta que no es lo mismo ganar fuerza que ganar masa muscular. Si este último es nuestro objetivo principal, el entrenamiento es distinto, puesto que es necesario realizar más repeticiones en cada serie y, por ello, necesitaremos un sistema metabólico que nos permita ir unos segundos más allá de lo que nos permite la fosfocreatina. Es decir, en este caso, sí vamos a depender en gran medida del glucógeno muscular, por lo que, una dieta cetogénica, nos perjudicaría en este sentido.

Respecto a salud, la parte positiva de la dieta cetogénica es el hecho de que los cuerpos cetónicos sí han demostrado tener ciertos efectos beneficios en la salud al actuar como antioxidantes o antiinflamatorios, razón por la que en determinadas patologías es común recomendar el aumento de grasa y limitar un poco el de hidratos de carbono pero, cuando se hace por objetivo estético de pérdida de grasa, deberíamos centrarnos en buscar un déficit calórico, no en pensar que una dieta u otra nos ayudará a perder grasa, sin tener en cuenta la diferente entra la cantidad de energía que consumimos y las que gastamos (balance energético).
Por otra parte, el hecho de tener que limitar tanto esta cantidad de ingesta de hidratos de carbono, nos impide poder seguir recomendaciones básicas diarias y saludables como puede ser la ingesta de 2 o 3 piezas de fruta al día, independientemente de la cantidad de hidratos que tenga la fruta, puesto que todos van a tener un mínimo como para alcanzar la cantidad estipulada de hidratos de carbono en la dieta cetogénica con gran facilidad.

 

¿Entonces… Es o no es recomendable la dieta cetogénica?

Como es común en nutrición y en otras ciencias, la respuesta es: depende del contexto.
La dieta cetogénica es un tipo de dieta cuya adherencia es complicada, puesto que vivimos en una sociedad en la que el consumo de hidratos de carbono está muy arraigado, ya sea por la dieta mediterránea o por seguir hábitos saludables en general. De esta forma, puede ser recomendable hacer algún periodo de cetosis en algunos momentos determinados, ya sea tanto por salud como por rendimiento deportivo en determinadas fases de la temporada, pero no deberíamos utilizar esta dieta como estrategia principal.
Por otra parte, como la mayor razón por la que se sigue esta dieta en población general es por el hecho de buscar la pérdida de grasa, como hemos dicho, lo que tenemos que tener en cuenta es que debemos de conseguir un balance energético negativo para ello y, para conseguirlo, lo sencillo es seguir un plan que te cree adherencia. Por ello, si la dieta cetogénica te crea adherencia, podrá ser una estrategia interesante para ti (como he comentado, siempre aconsejaría usarla en momentos puntuales) pero, si te resulta complicada de seguir, lo mejor será que cambies de estrategia hasta conseguir el balance energético negativo.

¿Te ha resultado interesante? Déjanos tus dudas y comentarios más abajo, y estaremos encantados de contestarte.

 

Henar González Cano

Nutricionista en Promentium- Salud y Bienestar

 

 

 

Qué es la intolerancia a la lactosa

Qué es la intolerancia a la lactosa

hidrolisis de la lactosa

La Lactosa es el azúcar natural que encontramos en la leche de cualquier mamífero y en gran cantidad de alimentos preparados. Para digerirlo en nuestro organismo, necesitamos una enzima denominada lactasa, la cual se encuentra en el intestino delgado. Lo que hace esta enzima es cortar la Lactosa en dos azúcares simples, la Galactosa y la Glucosa, de forma que, si no tenemos esta enzima, no podremos realizar este proceso, lo que nos hará incapaces de digerir la Lactosa, y producirá ciertos síntomas en el organismo, como diarrea, flatulencia o dolor abdominal.

En una persona que presenta unos niveles óptimos de lactasa, el proceso normal consiste en que, una vez cortada la Lactosa, los azúcares en los que se divide salen fuera del intestino para ejercer su función. En cambio, en una persona intolerante o con déficit total o parcial de la Lactosa pasará del intestino delgado al intestino grueso, sin digerirse, causando gases y pesadez, ya que aumenta la osmolaridad y produce una secreción de agua y electrolitos que aceleran el peristaltismo, es decir, los movimientos que se producen en el intestino para que el alimento ingerido avance por el organismo. Parte de la Lactosa se eliminará en las heces, pero otra parte será fermentada por bacterias del colon y producirá tanto sustancias reductoras y ácidos orgánicos como mucho gas hidrógeno, lo que puede derivar en diarrea.

¿Cuándo aparece esta intolerancia?

La intolerancia a la lactosa puede desarrollarse en diferentes etapas de la vida, no tiene por qué ser desde que nacemos. En cambio, los niños prematuros son los que más riesgo tienen de padecer este problema, ya que la parte del intestino delgado donde se forma la (las Lactasa
microvellosidades) aparecen a partir del tercer trimestre de gestación, alcanzando el pico máximo en la semana 40, por lo que, al nacer de forma previa, son deficitarios en esta enzima y desarrollan con facilidad intolerancia.

En el caso de nuestro país, lo normal es descubrir que se padece esta patología entre los 2 y los 5 años, cuando se introduce la leche de origen animal. Por otro lado, cabe destacar que la mayor parte de los adultos de la población mundial presenta intolerancia a la Lactosa, mientras que en poblaciones donde se promueve más la ganadería, suele ser menos común, como ocurre en Europa.

Por tanto, podemos encontrar distintos tipos de intolerancia a la Lactosa:

– Intolerancia de origen congénito por mutación autosómica recesiva del gen que codifica la , lo cual es una causa muy rara, Lactasa en la que los bebes manifiestan diarrea desde que nacen con la exposición a la leche materna, y la cual es permanente, y no tendrá solución.

– Primaria o racial, por la que se produce una pérdida progresiva de la secreción de Lactasa y, con ello, también se producen los síntomas de forma progresiva. En este aspecto, parece ser que en ciertos grupos étnicos se cree que existe base genética ya que, por ejemplo, en afroamericanos, padecer este problema es más común. En este caso, este tipo de intolerancia se desarrolla progresivamente, hasta llegar a un punto
permanente.

– Secundaria o adquirida, debida a un daño de la mucosa intestinal por una lesión temporal que dificultará la secreción de Lactasa. Este caso de
intolerancia es la más común, y se produce en muchos casos en los que no se cuida la alimentación, o en casos de diarreas o gastroenteritis
descontroladas. En cambio, este tipo de intolerancia es transitoria y, en la mayoría de casos, pero no en todos, se puede recuperar.
Cuando se produce este problema, se padece diarrea, distensión y dolor abdominal, flatulencias y ruidos gástricos tras la ingesta de Lactosa, por lo
que el tratamiento consiste en suprimir la ingesta de Lactosa. Esta supresión no debe ser de forma completa, sino según la tolerancia individual. De hecho, hay muchas personas que padecen intolerancia a la Lactosa que pero que pasan toda la vida sin ninguna sintomatología por no llegar al umbral
que les provoca padecer estos problemas. Por ello, muchas de las personas con intolerancia a la Lactosa toleran quesos curados (tienen poca lactosa) e incluso yogures, ya que el proceso de fermentación bacteriana que se produce en la elaboración de los yogures, produce lactasa, que fermenta la lactosa. De hecho, los productos “sin lactosa”, no son productos a los que se les haya sacado este azúcar, sino que se les añade “lactasa”, para que ejerza su función en el alimento, en ausencia de esta enzima por parte del individuo. Por ello, si compramos alimentos “sin Lactosa”, encontraremos que tiene Lactasa en los ingredientes. 

 ¿Te ha resultado interesante? Déjanos tus dudas y comentarios más abajo, y estaremos encantados de contestarte.

 

Henar González Cano

Nutricionista en Promentium- Salud y Bienestar

Imagen de: Medical photo created by freepik – www.freepik.com

 

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Dieta cetogénica en salud y deporte

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Qué es la logopedia

Qué es la logopedia

¿QUE ES REALMENTE LA LOGOPEDIA?

Desde que comencé a ejercer de logopeda he recibido todo tipo de comentarios sobre mi profesión, como, “Ah sí,  el de los pies”, “Claro, mi hijo va al logopeda del cole”, “Si, los que trabajan a enseñar la /r/ a los niños” y un largo etcétera de interpretaciones.

Lo cierto es, que el logopeda no es ni podólogo, ni puede trabajar en colegios públicos, ni enseña solo a decir la /r/. En este artículo quiero hablaros un poquito sobre lo que hace realmente un logopeda, para que conozcáis un poco más sobre esta profesión tan bonita.

El logopeda es el profesional de la salud que se dedica a la prevención, detección, evaluación, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación, asesoramiento, docencia e investigación de las áreas de la comunicación humana y sus alteraciones.  El campo de actuación de los logopedas es muy amplio, pues abarca desde la atención temprana en la población infantil hasta el tratamiento en adulos y la tercera edad.

Además, los logopedas son profesionales independientes, pero es necesario el trabajo multidisciplinar con otros profesionales. Esta colaboración se hace, sobre todo, en el ámbito de la salud clínica, contando con profesionales como: neurólogos, otorrinos, odontólogos, psicólogos, cirujanos maxilofaciales, podólogos, pediatras, geriatras, etc.

Las áreas de actuación del logopeda son las siguientes: Área del habla, lenguaje, cognición, voz, funciones orofaciales, etc.

Quiero explicaros un poquito las dificultades que podemos encontrar en cada área. (Véase en la tabla 1).

 

ÁREA DEL HABLA

 

•        Fonemas alterados

•        Apraxia del habla

•        Disartria

•        Disglosia

•        Trastornos de la fluidez del habla (hiperfluidez, tartamudeo, etc.) comunicación prelingüística (por ejemplo, de atención conjunta, intencionalidad, la señalización de comunicación)

•        etc.

 

ÁREA DE LA VOZ

 

•        Técnicas de reeducación vocal para profesionales (profesores, ponentes, comerciales, etc…)

•        Disfonías

•        Afonías

•        Presbifonías

•        Coordinación fonorespiratoria

•        Inflamación en cuerdas vocales

•        Nódulos, Pólipos, tumores en cuerdas vocales

•        Parálisis de cuerda vocal

 

ÁREA DEL LENGUAJE

 

•        Morfo- sintaxis

•        Semántica

•        Pragmática (uso del lenguaje, aspectos sociales de la comunicación)

•        Retraso del lenguaje

•        Trastorno Específico del Lenguaje

•        Autismo

•        Trastornos en los que se ve alterado o retrasado el aprendizaje de la lectura y la escritura: dislexias, digrafías, discalculias, disortografías

•        Los trastornos del lenguaje secundarios a lesión cerebral: afasias, etc.

 

ÁREA DE LA COGNICIÓN

 

•        Atención

•        Memoria,

•        Funciones ejecutivas

•        Trastornos asociados a procesos degenerativos: Deterioro de la comunicación por envejecimiento, trastornos neuro- degenerativos infecciosos y demencias, etc.

 

 

ÁREA OROFACIAL

 

•        Masticación

•        Deglución

•        Respiración

•        Succión

•        Arrugas en la piel por envejecimiento

•        Parálisis facial

•        Hipotonía o hipertonía

•        Fisura palatina (disglosia)

•        Labio leporino

 

ÁREA AUDICIÓN

 

•        Dificultades de lenguaje, habla y voz debidas a pérdidas auditivas de transmisión, neurosensoriales y mixtas, hipoacusias, presbiacusia, síndromes diversos, etc.

 

 

 

Realmente no se conocen todas las funciones que realiza un logopeda

¿Por qué creéis que ocurre esto? Os leo en los comentarios de abajo.

Una vez que ya sabemos de qué se encarga el logopeda, quiero contaros un poco lo que es para mí la logopedia. Desde mi punto de vista tengo una de las profesiones las profesiones más bonitas del mundo, en la que puedo ayudar a las personas a superarse y conseguir sus metas. La comunicación es lo que nos distingue al ser humano del resto de los seres vivos, y ésto, es una gran desventaja, aunque por supuesto no imposible de superar.

Me considero una persona afortunada por poder desarrollar esta profesión y por seguir sintiendo el cariño y el agradecimiento de las personas que cuentan con mi ayuda.

 

 

Noelia Ortega Meseguer

Logopeda en Promentium- Salud y Bienestar

 

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La comunicación con los pacientes en la pandemia

La comunicación con los pacientes en la pandemia

Desde el principio de la Pandemia las formas de relación médico paciente han ido cambiando según  nos aconsejaban los expertos en epidemiología y en virología. Si la relación médico paciente es fundamental en la Medicina aún lo es más en todos los ámbitos de la Salud Mental.

Mi opinión es que no hay ninguna comunicación que mejore la comunicación clásica, la de toda la vida, la de cara a cara, no hay tecnología que supere el poder ver en tiempo real, a corta distancia y en un contexto determinado, al individuo de forma global y bidireccional, los gestos, las posturas, la facies, la mímica, la afectividad, la emoción transmitida y la reprimida, los movimientos corporales, la interacción con los acompañantes si los hubiere…

En muchas ocasiones obtenemos más información de la comunicación no verbal que de la propiamente verbal, o por lo menos conseguimos la información clave.

Y qué decir de lo que podemos transmitir nosotros al paciente: seguridad, confianza, esperanza, mejora de los síntomas…

Pues todo esto cambió radicalmente hace algo más de 1 año; en principio surgió la visita telefónica, se avisaba previamente para que no acudieran a la consulta y que esperaran la llamada, la coordinación entre los administrativos, los sanitarios y los pacientes fue digna de agradecer, la mayoría de los pacientes aceptaron con mucha amabilidad la situación a sabiendas de que no era lo mejor para nadie.

La llamada telefónica tiene sus problemillas y no solo por la falta de datos sino porque a veces el paciente no está en el mejor lugar para hablar, otras veces no podía contestar , las líneas llegaban a saturarse en algunas ocasiones, y muchas veces no sabías muy bien con quien hablabas, no podías ponerle cara, no te puedes acordar de todos por el nombre, no le asocias la cara. La dificultad para hablar también con los familiares es otro problema añadido. Y cuando es una primera visita los inconvenientes para ambos son comprensible, depositar la confianza en alguien que no conoces y que te habla al otro lado del teléfono debe ser complicado. Pues a pesar de todo los pacientes fueron, eso, pacientes, agradecían la atención aun cuando fuera precaria, lo que nos dice que ante las dificultades la gente, en general, saca su mejor espíritu.

Meses después empezamos a combinar consultas presenciales con telefónicas y la verdad es que la experiencia de esos meses donde llamamos a casi todos los que en esos momentos estaban con nosotros nos sirvió para después discriminar el tipo de visita que deberíamos de hacer si en algún momento era necesario volver a restringir las presenciales.

>>>Consulta nuestro artículo sobre “Fatiga pandémica”

Sabemos que con algunos pacientes muy conocidos con patologías crónicas que van estables mucho tiempo y que tiene buena adherencia tanto a los tratamientos como al centro y a los profesionales de Salud Mental y que viven quizá lejos en estos tiempos donde hay más riesgo en los desplazamientos en transportes públicos, podemos acordar algunas visitas telefónicas, intercaladas con otras presenciales. Así que hemos aprendido a utilizar otra forma de comunicación que en algunos supuestos puede ser muy útil.  Ahí también es de alabar la madurez de muchos de nuestros pacientes que han visto en la adversidad una oportunidad.

Por otro lado la vuelta a la presencialidad no fue la vuelta a la normalidad, volvimos con mascarilla y con distancia de dos metros. Al principio costaba que la gente no acercara la silla a nuestra mesa, es instintivo, normalmente hablamos cara a cara, separados por una mesa de despacho, pero ahora no, hay un vacío en medio al que te tienes que acostumbrar y sí, nos hemos acostumbrado, incluso si las sillas están mal colocadas los pacientes suelen colocarlas a dos metros, somos disciplinados cuando nos interesa, muy bien.

Pues la mascarilla es otro estorbo a la hora de la relación con el paciente, una parte importante del rostro desaparece a nuestros ojos igual que el nuestro al de ellos. La sonrisa o la no sonrisa no se observa y cambia mucho como bien sabéis si utilizáis los emoticonos. Tenemos que explorar la sonrisa ocular, más complicada de captar, pero, por otro lado, estamos aprendiendo a desentrañar los significados de las miradas, difícil pero todo es observación empírica e interés en lo que buscas.

Con la mascarilla y la distancia también perdemos sonido, hay que elevar a veces el volumen de forma artificial; ya no es el volumen natural que te puede dar también algún dato del ánimo de la persona que tienes delante, cuando pides que repita algo puede que ya no lo repita de la misma forma, que ya no sea tan espontáneo.

Quizá en un futuro se pueda generalizar la consulta por videollamada, con las aplicaciones que existen actualmente es muy sencillo, no es lo mismo que presencial pero mejora bastante a la simple llamada telefónica. Consulta más información sobre los tipos de terapia del centro.

Lo que sí se ha generalizado es el uso del teléfono para consultas puntuales, de medicación de recetas, de efectos adversos y creo que así se quedará para el futuro aun cuando volvamos a la total normalidad que espero que no sea en un futuro muy lejano.

A pesar de todas las dificultades mi impresión es que la adaptación de las personas con Trastorno Mental Grave a estas nuevas formas de comunicación con los pacientes ha sido ejemplar y muchos deberíamos de aprender de ellos.

 

Antonio Micol Torres

Psiquiatra en Promentium- Salud y Bienestar

 

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Nuestras mentes, independientemente de que lo llevemos mejor o peor, están agotadas. Toda esta situación de exposición prolongada, está haciendo surgir cierta sintomatología psicológica y física, a la que la OMS ya le ha otorgado una nominación: Fatiga pandémica.

Es muy probable que sientas algunos de sus síntomas. Aquí tienes una lista de los síntomas de la fatiga pandémica más comunes y algunos consejos para sobrellevarlos, pero lo que sugerimos sin duda alguna, es que acudas a un profesional si generan un nivel alto de malestar.

Síntomas: Recursos:
Sensación recurrente de peligro inminente o pánico. –  Busca desahogo y apoyo emocional en personas cercanas: habla de cómo te sientes.

 

Estado de hipervigilancia o alarma constante. –   Debemos cumplir las recomendaciones para minimizar riesgos, pero es agotador estar constantemente alerta.

Respira hondo, no puedes controlarlo todo, solo hazlo lo mejor que puedas.

El miedo que te paraliza o dificulta distintos aspectos de tu día a día. – Repite una frase que te aporte positividad. Echa un vistazo a nuestro vídeo: “Cómo tener una actitud positiva”

– También puedes ocupar tu mente con recursos agradables: visualiza un futuro positivo, piensa en una canción motivadora, emprende un proyecto, busca un nuevo hobbie.

Sientes agotamiento psicológico, frustración, hartazgo, tienes la sensación de que estás “sobrepasado”. – No te sientas culpable por parar y cuidar de ti mismo.

– No te exijas más de lo que puedes dar.

– Descansa, busca una motivación, visualiza un futuro positivo, intenta extraer un pensamiento positivo del total del día y sobre todo desahógate.

Sensación de aislamiento, necesidad de socializar. – Se puede mantener una vida social activa respetando todas las normas de seguridad. Recurre a lugares abiertos y sobre todo a internet.

– Internet no solo te ayudará mantener el contacto con tus seres queridos, también puedes encontrar juegos en línea, voluntariado de acompañamiento o foros, en los que te abrirás a una nueva comunidad y conocerás gente nueva.

Sensación de indefensión. – No te centres en todo aquello que desconoces o que te hace vulnerable. Fija tu atención en aquello que está bajo tu control.

– Puedes establecer un plan de acción contra el COVID (higiene, mascarilla, zona de lavado de suelas de zapatos…)

– Puedes organizar por escrito también un plan de contención por si tu o alguien de tu hogar se enferma.

– Tomar las riendas puede darte seguridad.

Pensamientos negativos o catastróficos. – Identifica, respira hondo y bloquea los pensamientos negativos ya que generan malestar.

– Puedes ocupar tu mente con un mantra para bloquearlos, algo como: Calma, todo pasa, solo es cuestión de tiempo.

– Si no puedes ignorarlos, discútelos. Analiza su contenido y genera alternativas más razonables y menos dañinas. Debate con esos argumentos más amables cada vez que afloren.

–        Consulta como lidiar con ellos en el articulo: “Cómo afrontar los pensamientos negativos”

Pensamientos monotemáticos del COVID. – Evita hablar constantemente del coronavirus o de la evolución pandemia.

– Puedes crear una lista de temas agradables que comentar.

Necesidad de indagar sobre la situación.

Búsqueda activa y reiterada de información sobre el COVID y la pandemia.

– Piensa en que no hay descubrimientos cada día sobre el tema.

– Ya nos bombardean de información, procura no ceder y entretén tu mente con cosas agradables.

– Mantente informado solo en medios oficiales y no excedas los 30 minutos diarios.

Saturación informativa. – Desconecta.

– Debes infórmate de aquello que te afecte directamente (toques de queda, restricciones de tu ciudad, ect.). Aun así, tienes derecho a desligarte de la información general, si eso te está agotando o generando malestar.

Dificultad para concentrarte. – Permítete un descanso, desconecta, duerme 8 horas, mímate, date un capricho… La mente también se cansa.
Nerviosismo, agitación o tensión muscular.

 

 

– Practica la respiración profunda, haz relajación, ejercicio, estiramientos, yoga.

– Tenemos un video en nuestro canal de YouTube que puede ayudarte: Relajación Muscular Progresiva de Jacobson

La incertidumbre me genera un malestar intenso. – Es difícil, pero debemos aceptar la incertidumbre. Luchar contra ella, tratar de averiguar lo que es imposible de prever es agotador y una tarea inútil.

– Respira hondo, céntrate en el ahora:  en lo que sí sabes y en lo que puedes controlar realmente.

– Se amable contigo mismo y flexible con tus planes y metas.

Noto mayor ritmo cardíaco, urticarias, respiración acelerada, sudoración, dolores de cabeza o problemas para dormir. – Todos ellos, son síntomas somáticos de ansiedad. Puedes probar la practica relajación (puedes ver nuestro vídeo de “Relajación Guiada”, la meditación, ejercicios de conciencia plena, y sobre todo, trata de expresarte y liberar tus emociones.
Comprobación personal y constante de la sintomatología. (Hipocondría). – ¡No te autoexamines! Está bien que estés atento a los síntomas, pero no los busques constantemente.

– Puedes tratar de limítalo a una toma de temperatura al día. Un “chequeo” rápido cada dos días.

– Si crees encontrar algo mantén la calma. Respeta las normas de distancia social, pero no te alarmes hasta que aparezcan varios días seguidos. Si permanecen, sigue las vías de actuación establecidas.

 

Me alarma/afecta considerablemente la información que me llega sobre la pandemia. – Contrasta en medios oficiales o ignora la información que nos llegue de terceros o las redes sociales.

 

 

Si te interesa este tema y crees que necesitas ayuda psicológica o psiquiátrica, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Luna Cánovas Requena

Psicóloga Junior en Promentium – Salud y Bienestar

 

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