Trastornos alimentarios y de la ingestión de alimentos

 

Los Trastornos alimentarios y de la ingestión de alimentos, que en ocasiones se representa como TCA, son aquellos desórdenes relacionados con la ingesta, pero no solo se reducen a eso. Estos trastornos afectan también a otros factores como son las relaciones sociales o laborales, la autoestima, los niveles de autoexigencia, la visión distorsionada del cuerpo, incluso a problemas médicos graves que pueden llegar a ser mortales.

 

Cuando hablamos de estos trastornos, parece que solo existan la Anorexia (AN) y la Bulimia (BN), pero encontramos otros trastornos, así como categorías que engloban aquellos casos que no cumplen todos los criterios. Esta última categoría se establece porque para la psicología, cuando algo está afectando a la vida personal, social o laboral, así como si produce malestar significativo (físico o psicológico), el caso es digno de diagnóstico aunque no cuadre a la perfección con los criterios establecidos.

 

Vamos a conocer los distintos TCA, de más a menos conocido:

 

Anorexia nerviosa

Esta enfermedad, en alza en los últimos 50 años, conlleva consecuencias que pueden ser tan graves como la muerte. ¿Qué criterios se deben cumplir para un diagnóstico de AN?

  • Restricción de la ingesta, que produce un peso corporal significativamente bajo (inferior al mínimo normal o al peso mínimo esperado en el caso de niños y adolescentes).
  • Miedo intenso a ganar peso o comportamiento persistente que interfiere en el aumento de peso (incluso con un peso significativamente bajo).
  • Alteración en la percepción de su propio peso o constitución, autoevaluación física irreal, autoevaluación personal muy influida por su imagen o ausencia del reconocimiento de la gravedad del poco peso actual.

Puede ser:

Tipo restrictivo:

  • Durante los últimos 3 meses, no realiza atracones o purgas (vómito autoprovocado, laxantes, diuréticos o enemas).
  • La pérdida de peso es debida sobre todo a la dieta, el ayuno y/o el ejercicio excesivo.

Tipo con atracones/purgas:

  • Durante los últimos 3 meses, realiza atracones o purgas.

 

Estos “atracones” pueden ser similares a los que se presentan en la bulimia o subjetivos (el sujeto considera un exceso, cantidades poco mayores a lo habitual o por contener alimentos “malos”).

La gravedad de la AN se estima en adultos por el índice de masa corporal (IMC), en niños y adolescentes, en el percentil del IMC. Pincha aquí para saber más sobre el IMC.

La a OMS (Organización Mundial de la Salud), establece estos márgenes, aunque la gravedad puede aumentar según los síntomas clínicos, el grado de discapacidad funcional y la necesidad de supervisión.

 

Gravedad IMC
Leve Igual o mayor a 17 kg/m2
Moderado 16-16,99 kg/m2
Grave 15-15,99 kg/m2
Extremo Menor a 15 kg/m2

Hospitalización, peligro de muerte.

 

 

Bulimia nerviosa

En ocasiones se puede confundir con la Anorexia Nerviosa (purgativa), pero difiere en el método principal usado para el adelgazamiento, las características temporales y de los comportamientos compensatorios, los factores intervinientes, rasgos psicológicos, comorbilidad, efectos médicos secundarios al trastorno, etc. La BN, se caracteriza por:

  • Episodios recurrentes de atracones. El atracón se caracteriza por dos hechos:
    1. Ingestión en un periodo determinado, de una cantidad de alimentos claramente superior a la cualquiera ingeriría en tiempo y circunstancias similares.
    2. Sensación de falta de control durante el atracón (como no poder parar, o no controlar qué o cuánto comer).
  • Comportamientos compensatorios inapropiados, para evitar el aumento de peso (como el vómito autoprovocado, laxantes, diuréticos u otros medicamentos, el ayuno o el ejercicio excesivo).
  • Los atracones y su compensación se dan, mínimo una vez a la semana durante 3 meses.
  • La autoevaluación personal se ve muy influida por su constitución y peso.

 

La gravedad de la BN se basa en la frecuencia de comportamientos compensatorios inapropiados, aunque puede aumentar para reflejar otros síntomas y el grado de discapacidad funcional.

 

Gravedad Compensación inapropiada a la semana
Leve 1-3
Moderado 4-7
Grave 8-13
Extremo 14 (o +)

 

 

Trastorno de atracones

Es fácil de confundir con la Bulimia nerviosa, así como pasar desapercibido. Aunque parezca similar a “comer por estrés”, este trastorno se caracteriza una falta de control muy superior, con fuertes sentimientos de humillación y vergüenza, que lejos de ser un método de alivio para el estrés, generan un enorme malestar en la persona que los padece. ¿Cómo se identifica?

  • Episodios recurrentes de atracones.
  • Los episodios de atracones se asocian a tres (o más) hechos:
    1. Comer mucho más rápido de lo normal.
    2. Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
    3. Comer grandes cantidades cuando no se siente hambre física.
    4. Comer solo (debido a la vergüenza por la cantidad que se ingiere).
    5. Sentirse al acabar a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado.
  • Malestar intenso respecto a los atracones.
  • Los atracones se producen, mínimo una vez a la semana durante 3 meses.
  • No se dan comportamientos compensatorios inapropiados (se descarta si se padece BN o AN).

 

Su gravedad se basa en la frecuencia de los episodios de atracón y puede aumentar al reflejar otros síntomas y el grado de discapacidad funcional.

 

Gravedad Atracones semanales
Leve 1-3
Moderado 4-7
Grave 8-13
Extremo 14 (o +)

 

Pica

Es muy habitual en la infancia y en sujetos con otras patologías mentales de cualquier edad. Consiste en:

  • Ingestión persistente de sustancias no nutritivas y no alimentarias (durante mínimo 1 mes).
  • La ingestión es inapropiada al grado de desarrollo de la persona (edad, CI, madurez…).
  • La ingesta en cuestión, no forma parte de una práctica social o cultural.

Si se da junto a un trastorno mental o afección médica, su diagnóstico se efectuará si el suceso es suficientemente grave (cantidad, tipo de sustancia y consecuencias físicas).

 

Trastorno de rumiación

Este es un trastorno más común en la infancia, aunque puede aparecer a cualquier edad. Dentro de sus problemas encontramos patologías gastrointestinales y un gran peligro de asfixia, provocada por la aspiración de la comida durante la regurgitación. ¿De qué se trata este trastorno?

  • Regurgitación repetida de alimentos durante mínimo de 1 mes. Una vez regurgitados los alimentos, se vuelven a masticar, tragar o se escupe.

La regurgitación es voluntaria, no por una afección gastrointestinal, médica o por otro TCA (p. ej., reflujo gastroesofágico, estenosis pilórica, Bulimia nerviosa). Si los síntomas se dan junto otro trastorno mental, debe ser suficientemente grave para justificar atención clínica adicional.

 

Trastorno de evitación/restricción de la ingestión de alimentos

Se ha añadido recientemente a los TCA. Aunque es una entidad propia, hace las veces de antesala de la anorexia nerviosa en la infancia. ¿Pero, en qué consiste?

  • Ocurre una alteración en la ingestión de alimentos, como: falta de interés aparente por comer, evitación de la comida por sus características (color, sabor, olor y textura) o preocupación sobre las consecuencias repulsivas de comer (sensación de estar lleno, defecar, miccionar, flatulencias, etc..).
  • Esto se refleja en el fracaso para cumplir las necesidades nutritivas y/o energéticas que supone:
    1. Pérdida de peso significativa (fracaso en el aumento de peso esperado o crecimiento escaso en niños).
    2. Deficiencia nutritiva significativa.
    3. Dependencia de la alimentación enteral o de suplementos nutritivos.
    4. Interferencia importante en el funcionamiento psicosocial.

El trastorno no se da por la falta de alimentos disponibles, una práctica cultural, afección médica, ni por otro TCA. Por tanto, no presenta un trastorno en el modo de ver el propio peso o constitución.

Si aparece junto a otro trastorno mental, para ser diagnosticado, su gravedad excede a la que suele asociarse a la afección o trastorno y justifica la atención clínica adicional.

 

Síndrome de ingestión nocturna de alimentos:

Este síndrome se encuentra dentro de la categoría Otro trastorno alimentario o de la ingestión de alimentos especificado, y consiste en:

  • Episodios recurrentes de ingesta de alimentos por la noche. Un consumo excesivo de alimentos ya sea después de cenar o al despertarse del sueño.
  • Existe consciencia y recuerdo de la ingestión.
  • El acto no se explica mejor por influencias externas, como cambios en el ciclo de sueño o normas sociales y culturales.
  • El acto causa malestar significativo y/o problemas del funcionamiento.

No se explica mejor por el trastorno por atracón u otro trastorno mental, incluido el consumo de sustancias, trastorno médico o efecto de ninguna medicación.

 

Luna Cánovas Requena

Psicóloga Junior

Depresión en el anciano

La depresión en el anciano es, junto con la demencia, la enfermedad mental más frecuente en esta etapa de la vida. A pesar de esto, es una enfermedad que pasa con frecuencia desapercibida y, sin embargo, es la responsable no sólo de un importante sufrimiento para el paciente y su entorno, sino también de un incremento en la prevalencia y mala evolución de otras complicaciones médicas. Es muy importante saber que el ánimo depresivo no forma parte del envejecimiento normal y no es un acompañamiento natural e inevitable del mismo.

Los datos que baraja la OMS, en torno a la salud mental del colectivo geriátrico, indican que el 25% de ellos presenta algún tipo de trastorno psiquiátrico; entre tales trastornos destaca la depresión como el más frecuente hasta los 75 años. Sin embargo, la prevalencia de la depresión en este colectivo varía enormemente dependiendo de las circunstancias en que los ancianos se encuentren:

• 10% de los ancianos que viven en la comunidad.

• 15-35% de los que viven en residencias.

• 10-20% de los ancianos hospitalizados.

• 40% de los ancianos que tienen un trastorno somático y reciben tratamiento.

• 50% de los ancianos hospitalizados en centros psiquiátricos.

No obstante, y a pesar de estas elevadas cifras de prevalencia, la depresión es la enfermedad mental del anciano con mejor pronóstico, dado su carácter reversible con un tratamiento adecuado.

Los síntomas pueden ser similares a los de una depresión en el adulto pero otras veces no están claramente presentes y son difíciles de detectar:

  • El humor depresivo puede pasar desapercibido por el aplanamiento afectivo de algunos mayores.
  • Muchos ancianos no saben reconocer que está deprimidos y no se quejan.
  • Los síntomas principales de la depresión como la pérdida de energía, la pérdida de interés, la pérdida de apetito, la astenia, el insomnio, las alteraciones cognitivas y el enlentecimiento psicomotor pueden atribuirse erróneamente al envejecimiento.
  • Las quejas somáticas pueden ser el primer síntoma y a veces el único en las etapas iniciales de la enfermedad, además pueden aparecer quejas hipocondriacas y alguna enfermedad concomitante que dificulte aún más el diagnóstico.
  • Otras veces los síntomas son únicamente de ansiedad, inquietud psicomotriz o agitación, y otras veces son síntomas psicóticos lo cual puede llevar a confundir el diagnóstico y errar en el tratamiento.

Ante cualquier cambio en su actitud, en su carácter, en sus hábitos…, conviene pensar en la posibilidad de una depresión y ante la duda consultar con el médico de familia que si descarta patología orgánica tiene la opción de consultar con el psiquiatra.

La depresión en el anciano requiere ser diagnosticada pronto y con precisión, para evitar las consecuencias negativas a las que puede conducir. Debería valorarse sistemáticamente el estado de ánimo al igual que le controlamos la tensión arterial o la glucosa en sangre.

Un aspecto especialmente crítico es el riesgo de suicidio en el paciente anciano deprimido. Sabemos que este riesgo es mayor en las depresiones del anciano que en las edades más jóvenes.

Los principales factores de riesgos de la depresión en el anciano son:

  • Biológicos: factores genéticos, sexo femenino, y los que se dan con mayor frecuencia a medida que aumenta la edad, disfunción de neurotransmisores, cambios endocrinos, cambios vasculares cerebrales, enfermedad médica (algunas enfermedades frecuentes en la edad avanzada se asocian a prevalencias elevadas de depresión).
  • Psicológicos: como algunos atributos de la personalidad, el neuroticismo elevado o las distorsiones cognitivas.
  • Sociales: eventos estresantes de la vida (por ejemplo, la muerte de un amigo cercano o un cambio de residencia), el estrés crónico, un bajo nivel socioeconómico, situaciones de soledad, real o percibida por el anciano, los ancianos que viven solos o alejados de la familia o de los amigos tienen un riesgo elevado de presentar depresión.

El tratamiento habitual de la depresión en los ancianos incluye:

  • Psicoterapia: como la terapia Interpersonal, la logoterapia, terapias dinámicas o terapias cognitivo-conductuales, entre otras.  
  • Psicofármacos, fundamentalmente los antidepresivos, aunque también pueden utilizarse otras sustancias coadyuvantes como antipsicóticos atípicos, litio, antiepilépticos, estimulantes y hormonas.

Es importante la valoración de los efectos adversos, la tolerancia y las interacciones. En el paciente anciano el manejo debe ser más cuidadoso, los efectos adversos suelen ser más frecuentes y en ciertas ocasiones más peligrosos que en jóvenes, suelen tolerarse peor y lo habitual es que tomen varios fármacos para otras patologías lo que aumenta la posibilidad de interacciones.

La familia puede ayudar explicándole  el carácter temporal de la depresión, comentarle la frecuencia del trastorno, comunicarle la buena evolución si ésta se produce, reconvenir su tendencia a ver todo lo negativo, mantenerse siempre en una postura dialogante y flexible con el enfermo y sobre todo dejarle expresarse.

No hay que pedirle que levante el ánimo y ponga algo de su parte, no aconsejarle que se vaya de viaje o de vacaciones para olvidar, no intentar convencerle si su estado es delirante, y no persuadirle de que hay mejoría, aunque no la haya.

Y en general es recomendable un envejecimiento proactivo, tener una visión positiva de lo que se ha vivido y logrado, pensar que es uno mismo el que la puede cambiar, hacer deporte regularmente y llevar una alimentación saludable basada en la dieta mediterránea.

Antonio Micol

Médico-Psiquiatra

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Pensamientos Automáticos Negativos

¿Qué es un PAN y cómo nos influye?

Un PAN es un Pensamiento Automático Negativo, unos ejemplos serían: “Qué idiota soy”, “Seguro que no me sale”, “Soy un torpe”. Todos estos pensamientos forman parte de nuestro lenguaje negativo interno cotidiano.

Hay que entender que una persona puede tener muchas opiniones, creencias y sentimientos que se contradicen entre sí y eso no hace que tengan menos valor. Por ejemplo, puedes tener muchas ganas de empezar en tu trabajo nuevo, sentirte orgulloso y emocionado, pero a la vez no querer empezar porque te impresiona y te impone.

Todos los sentimientos son válidos, pero tienen la importancia que le otorguemos dentro de la balanza de todo lo que sentimos, conocemos y pensamos. Esto pasa también con estos pensamientos automáticos. No todo lo que pensamos es cien por cien real, no todo lo que sentimos tiene sentido y nuestros actos no tienen siempre que representar nuestras opiniones, ni quienes somos. Si aceptamos esto, nos liberaremos de mucha de la culpa que sentimos y le podremos restar importancia a estos PAN cuando aparezcan.

Estos pensamientos automáticos negativos vienen de forma inconsciente de aquel lugar en nuestra mente donde guardamos nuestros miedos, nuestros traumas, nuestras experiencias del pasado, nuestras inseguridades… de los esquemas de pensamiento que hemos ido adquiriendo y asumiendo a lo largo de nuestra vida. Son de aquella parte oscura de nosotros, que ha adoptado aquello que le han inculcado, que está acomplejada, enfadada, en alerta y triste, con una visión negativa de todo, incluyendo de nosotros mismos.

Podemos imaginar, para visualizarlo mejor, la sombra que acompañaba a Peter Pan: aunque era parte de él, solía meterle en líos. Pues esta sombra de nosotros mismos es la que nos susurra esos PAN, de forma inconsciente, irracional y cuando menos lo esperamos. No podemos deshacernos de esa sombra, pero podemos no darle más importancia de la que tiene, no alimentarla y ponerla en su lugar, detrás de nosotros, no marcando nuestros pasos.

En la medida en que atendamos a esos PAN y los creamos propios, les estamos dando visibilidad, les estamos dotando de importancia. Este peso que le otorgamos va pesando en nuestra autoestima, en la visión que tenemos de nosotros mismos y del mundo. Puede provocar problemas sociales, laborales, incluso inducir trastornos del estado del ánimo, de ansiedad, obsesivo compulsivos, de la conducta alimentaria o simplemente “amargarnos la existencia”.

Para no sucumbir ante las garras de esta visión negativa sesgada e incompleta, el primer paso es diferenciar aquellos pensamientos que “son nuestros” de aquellos que son generados de forma automática por esa parte oscura, los PAN.

¿Cuáles son las características de los PAN y cómo puedo identificarlos?

Suelen ser negativos o dañinos (para nosotros mismos o para otros), por lo que provocan gran malestar, estrés y sufrimiento.

Son adquiridos (los imitamos, asumimos o adoptamos de nuestro entorno ya a una edad muy temprana, estando muy influidos por el mundo que nos rodea, en especial de aquellos que ejercen mayor influencia, padres, hermanos, héroes, profesores…).

Son reiterativos, concisos y específicos (suelen repetirse, incluso con las mismas palabras, usando un lenguaje característico).

Son inconscientes y reflejos (no son elaborados, sino reactivos o ligados a situaciones o emociones, por lo que no somos del todo conscientes de qué los genera o activa).

Son irracionales (sin una base real y sin estar sometidos a juicio).

Son incuestionables. Se presentan como frases sentenciosas e inamovibles, que al ser automáticas, no se llegan a analizar racionalmente, aceptándose como una verdad absoluta (sobre todo si se han adoptado de fuentes externas importantes para el sujeto).

Son incapacitantes y desadaptativos. Su contenido negativo socaba la autoestima y la voluntad, bien siendo un impedimento para nuestra conducta, bien incitando a la evitación o escape de ciertas experiencias y situaciones (si crees que vas a fracasar, lo más probable es que no lo intentes o procures escaquearte). Es decir, actúan de límites autoimpuestos, que nos impiden o dificultan alcanzar nuestros propósitos y ser nosotros mismos.

Son en primera persona (“Soy tonto”). Aunque también pueden presentarse en segunda persona (“Mira que eres tonto”), el hecho de que se den en primera persona nos hace aceptarlos como propios, representantes de nuestro concepto de nosotros mismos y por tanto, que creamos con mayor fuerza en la veracidad de su contenido.

Son plausibles pero distorsionados. La raíz de la mayoría de esos PAN internos son frutos de distorsiones del pensamiento. Aunque el resultado de esa distorsión es verosímil, es fácil de desmontar si lo analizas consciente y racionalmente, buscando una base real que lo sustente o lo contradiga.

¿Qué es una distorsión del pensamiento?

Son sesgos en la lógica que nos inducen a pensamientos o creencias que no se ajustan a la realidad, cuyos análisis o conclusiones son fáciles de desmontar o no tienen una base sólida. Es decir, tendencias a pensar desde una perspectiva que distorsiona la información que recibimos, sacando conclusiones por lo general erróneas, que dan lugar a un pensamiento distorsionado, contraproducente y negativo, como los PAN.

¿Qué puedo hacer?

De momento, saber de la existencia de los PAN y de su efecto puede ponerte en alerta y darte la oportunidad de prestar una atención más crítica a tu diálogo interno. Podrías comenzar a conectar con tu interior haciendo el siguiente ejercicio: presta atención a cómo te hablas a ti mismo (qué te dices y cómo lo dices) y dedica un momento al día a analizar tus pensamientos haciéndote algunas de estas preguntas.

¿Soy amable o duro conmigo mismo?

¿Soy optimista con mis opciones? ¿Creo en mí?

¿Me doy valor o me lo quito?

¿Hay alguna frase negativa que me repito?

¿Pienso a menudo algo que me haga sufrir?

¿Cuánto creo en lo que acabo de pensar de 0 a 10?

Puedes consultar nuestro artículo relacionado con las “Distorsiones Cognitivas, Parte 1”. Saber de ellas es el primer paso para dominarlas. Al conocerlas y aprender a identificarlas, podemos ser conscientes de su presencia para así gestionarlas de una forma distinta, quitándoles importancia o bloqueándolas, para que no influyan en nuestra conducta o sentimientos. ¡Estad pendientes de nuestras redes sociales, iremos adelantando la comunes!

Para ayudaros a manejar esos PAN y pensamientos distorsionados, podéis leer en nuestro blog “Cómo afrontar los Pensamientos Negativos | 6 claves para conseguirlo”, donde os facilitamos distintas herramientas de mucha utilidad a la hora de lidiar con vuestra sombra interior.

Bibliografía consultada (en parte) para las características

https://www.tupsicologia.com/los-pensamientos-negativos-automaticos/

http://carmenespinosa.es/caracteristicas-de-los-pensamientos-automaticos/

Luna Cánovas Requena

Psicóloga Junior

Insomnio: el trastorno del sueño más frecuente en adultos

El sueño es una necesidad básica del organismo y, como tal, es imprescindible para la supervivencia. Entre sus funciones se encuentran la de regular la temperatura corporal, recuperación de tejidos, reparación cerebral, etc.

El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente en adultos (6-10% de la población) y se caracteriza por problemas en la iniciación o mantenimiento del sueño y por la presencia de un sueño no reparador, llegando a producir un deterioro importante en la vida diaria.

Tipos y causas

En primer lugar podemos distinguir entre:

  • Insomnio primario. El problema es el insomnio en sí.
  • Insomnio secundario. El trastorno del sueño es debido a una enfermedad, consumo de sustancias, etc.

Si ahondamos más en la causa nos encontramos con:

  • Insomnio agudo. La causa es un acontecimiento estresante, como una oposición, boda,  etc. Este tipo de dificultad del sueño cesará cuando desaparezca el suceso estresante o la persona consiga adaptarse a la situación.
  • Insomnio psicofisiológico. Este tipo se basa en una preocupación excesiva por el sueño cuando hay intención de dormir, tendiendo a la somnolencia cuando es una siesta no programada o hacemos algo rutinario. La actividad mental es alta, con muchos pensamientos intrusivos y también una gran tensión física que dificulta la relajación. A lo largo del día se teme el momento de ir a dormir, puesto que la persona entra en una espiral de nerviosismo y ansiedad.
  • Insomnio debido a trastornos mentales. Imaginemos el caso de una persona que está sufriendo ansiedad, depresión o cualquier otra enfermedad y los propias síntomas dificultan la capacidad de tener un sueño adecuado.
  • Insomnio debido a problemas médicos. Como en el caso anterior, al estar relacionado con una enfermedad o problema, su curso fluctuará en torno a esta.

¿Realmente sufro insomnio?

En el DSM-5 (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) se exponen los siguientes criterios para el diagnóstico del insomnio:

  • Dificultad para iniciar el sueño.
  • Dificultad para mantener el sueño, con numerosos despertares y/o problemas para volver a coger el sueño después de estos.
  • Despertar precoz por la mañana, sin poder dormir de nuevo.

Existe un deterioro en la vida del individuo, bien sea por la alteración del sueño o por la fatiga diurna asociada.

Debe producirse al menos 3 noches a la semana durante un mínimo de 3 meses.

¿Qué ocurre cuando hay un déficit de sueño?

               Durmiendo una media de 4 o 5 horas cada 24 horas sería suficiente para mantener las funciones y supervivencia del organismo. No obstante, el punto óptimo de descanso parece situarse en algo más de 8 horas diarias, lo que incrementaría nuestro bienestar y calidad de vida. Un punto a tener en cuenta es el hecho de que las necesidades de sueño varían de una persona a otra e, incluso, en la misma persona a lo largo de su vida.

               La falta de sueño se suele asociar con una menor concentración, memoria, capacidad de abstracción, etc. así como con una mayor incidencia de enfermedades médicas de tipo hormonal, cardiovascular, inmunológica, psiquiátrica, etc. y una alteración del estado de ánimo.

Recomendaciones

  • Es importante recabar información acerca de la calidad de nuestro sueño y registrar diariamente los horarios y hábitos que probablemente estén afectando a nuestra calidad de sueño y promoviendo el insomnio. Para ello, podemos servirnos de un “diario de sueño”.
  • Higiene del sueño:
    • Alimentación. Evitar: acostarse con hambre, cenar muy copiosamente, alcohol y estimulantes (cafeína, teína, etc.).
    • Actividades. Evitar: actividad física intensa 2h previas a dormir, luz artificial constante (móvil, pc, tablet) y siestas a lo largo del día. Favorecer los rituales relajantes antes de dormir, como un baño templado, respiración profunda, etc. Establecer un horario habitual para dormir. Si pasados 20 min no nos dormimos, levantarnos y hacer algo rutinario o aburrido.
    • Condiciones ambientales. Ventilar la habitación, mantener una temperatura adecuada, ambiente tranquilo y sin ruidos, evitar luz intensa, higiene de la habitación.
  • Otros: detención de pensamientos negativos y preocupaciones. Ir a la cama cuando se tenga sueño y no utilizarla para actividades como ver la televisión o mirar redes sociales. Hacer algo de deporte diariamente facilita el sueño, siempre que no se haga justo antes de acostarnos, como hemos visto en el punto anterior.

Sonia Otálora Ballester

Psicóloga de adultos

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Trastornos del Estado de Ánimo en Niños

Trastornos del Estado de Ánimo en Niños

En el artículo de hoy abordamos los trastornos del estado de ánimo en niños y, en concreto, vamos hablar sobre las diferencias que caracterizan a los niños en comparación con las personas adultas a la hora de sufrir problemas anímicos, sobre todo depresivos.

No hace falta ser psicólogo para entender a una persona depresiva, triste, con sentimientos negativos y pensamientos a veces pesimistas, que ha perdido la esperanza y la ilusión. Los psicólogos llamamos anhedonia a esa dificultad que sufren los pacientes depresivos para poder sentir placer y disfrutar de las actividades, cosas, relaciones interpersonales y rutinas que anteriormente les producía ese sentimiento de bienestar que tanto nos vitaliza cuando estamos bien.

¿Qué observamos en los niños?

Seguro que se nos ocurren muchas cosas. Se suele hablar de esos niños irritables, que viven como enfadados y malhumorados, como si les pasara algo que nadie entiende. A veces no duermen bien, no quieren ir a dormir, ni quieren jugar y se encierran en su propia rabia. En la literatura científica esto es uno de los criterios diagnósticos de la depresión infantil, son síntomas por exceso de función, en vez de por defecto; es decir, en vez de ver un niño triste, con un sentimiento de pérdida, o angustia depresiva, vemos un chico rabioso, alterado, demasiado movido, incluso muy inquieto.

La dificultad de los niños para conectar con sus sentimientos

Este aspecto es el que me gustaría hoy llevar a reflexión: esta dificultad que tienen los niños en la primera infancia para poder conectar con los sentimientos de debilidad o fragilidad, lo cual se debe a la falta de estructuración psíquica en tan tiernas edades. A veces esto se reproduce en la crisis de la adolescencia, momento en el que el niño debe duelar la infancia y despedirse de un cuerpo infantil, de una mente infantil para poder ser hombre o mujer, pasando sus padres a ser “otros padres”, de ahí el duelo, que los chicos suelen mostrarse como en deuda con el mundo, sobre todo con lo que está relacionado con la serie materna o con lo adulto (profesores, padres, médicos, etc.).

Quizá podamos pensar la omnipotencia adolescente como una defensa a esa caída depresiva que produce el duelo en estas fases del desarrollo psíquico. Es más divertido estar de mala leche que triste. Al menos la rabia da vidilla.

Cuando pensamos los trastornos del estado de ánimo en los niños debemos tener presentes dos aspectos:

1. El grado de estructuración psíquica del pequeño

2. El funcionamiento del entorno familiar

Los que escuchamos las angustias infantiles sabemos que los niños realizan duelos por cuestiones que los adultos pueden considerar insignificantes (un juguete, una mudanza, separarse de un ser querido…).

Respecto al punto 1, podemos pensar la gran diferencia con la que asume la pérdida, por ejemplo, de un ser querido, un niño que ha adquirido la diferencia yo-no yo de otro que aún no tiene claro ese límite. Los niños dependen de la mirada del otro y es por ello que los niños más pequeños cuando se separan de una figura de apego significativa sienten que pierden una parte de sí mismos, lo cual produce una fractura interna. Por así decirlo, sería como si él mismo se rompiera internamente o no lograra armar su estructura psíquica.

Respecto al punto 2, cuando tenemos una mamá deprimida, o pasando un duelo, el pequeño queda como “tomado” por el duelo en el que está inmersa la persona amada para él, ya que no está diferenciado de ella, y es como si lo arrastrara en su propia depresión, cayendo en una especie de derrumbe sin límite, sin fondo.

Estos niños a veces se enfrentan no sólo a la pérdida de un ser querido, sino a la “muerte en vida” de la persona que lo cuida, que está como “disociada”, con la mirada perdida, desconectada emocionalmente para poder cuidar y llevar las cargas de la vida adulta, pero muy triste. Este tema lo describe muy bien André Green en su capítulo “La madre muerta” de su libro “Narcisismo de vida, narcisismo de muerte”.

A veces frente al duelo por un ser querido los niños se mueven en exceso para mostrar que ellos están vivos, pudiendo expresar en ese movimiento desorganizado, sin palabras, un sufrimiento que no pueden decir de otro modo. Quizá algunos niños TDAH quieran “despertar” a una madre o padre dormidos, desvitalizados, aletargados, cansados, tristes… (¡”mamá, aquí estoy, mírame, cuídame, ponme límites, dame amor, disfruta conmigo y de mí!”).

Recuerdo el caso de un niño que perdió a su hermano mayor, que acudía a consulta por mal comportamiento, desafiante y de difícil manejo a nivel familiar y escolar, que contaba su madre que tras perder a su hijo no pudo lavar a éste en 4 años, porque se quedó muy deprimida. Además ella temía cualquier situación peligrosa por si también perdía a éste. El paciente aseguró una vez “mi hermano no sólo se llevó el alma de mi madre, sino la mía”.

La importancia del trabajo de los sentimientos de culpa en los niños

Cuando trabajamos con niños tenemos que cuidar mucho el tema de la culpa, ya que en los niños es muy sutil, y está como a flor de piel, y el sentimiento de culpa les produce una inhibición en su desarrollo evolutivo, a veces un bloqueo afectivo, ya que la culpa en los niños es aplastante. A pesar de que el niño no sea consciente de ello, el terapeuta, y también los adultos de referencia debemos nombrar que ellos han hecho lo que han podido, que no son culpables de lo ocurrido, para proteger su narcisismo y que éste pueda desarrollarse de forma sana.

La herramienta por excelencia con la que contamos los psicólogos infantiles es el juego libre, el juego simbólico, tanto modelando, dibujando, como cantando o construyendo figuritas de papel para que el niño que no puede representar su conflictiva psíquica mediante palabras lo pueda exponer y darle un sentido, hasta que consiga metabolizarlo a su ritmo y dentro de sus posibilidades psíquicas.

Los pediatras y maestros que se relacionen con los pequeños, al igual que la familia, no deben minimizar la angustia depresiva en los niños, no debemos trivializar el sufrimiento psíquico en la infancia, ya que el malestar emocional es intergeneracional y debe ser escuchado y entendido para que el paciente pueda “utilizarnos” de forma especular y seamos su voz y sostén en este proceso de crecimiento y alivio que conlleva cualquier acto terapéutico hacia los niños.

Ana Belén Tejero

Psicóloga Clínica, especializada en el ámbito infanto-juvenil

 

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¿Estoy triste o deprimido? Síntomas y tratamiento para un trastorno depresivo

¿Estoy triste o deprimido? Síntomas y tratamiento para un trastorno depresivo

La tristeza es una emoción básica que aparece como respuesta natural a situaciones en las que experimentamos alguna forma de pérdida. El problema viene cuando se ven afectadas las diferentes áreas de nuestra vida, cuando es algo permanente en el tiempo y de gravedad considerable. Es ahí cuando la tristeza se vuelve patológica, derivando en depresión, pasando de ser una emoción a una enfermedad o trastorno mental. Para el diagnóstico de la depresión, de forma necesaria deben ser predominantes uno de los dos primeros ítems de la siguiente lista de síntomas (estado de ánimo deprimido o disminución importante del interés o el placer). En definitiva, hay una diferencia enorme entre estar triste o deprimido.

Síntomas

  • Estado de ánimo deprimido (triste, vacío, sin esperanza, lloroso, etc.). En otras ocasiones encontramos irritabilidad en lugar de tristeza, o inquietud y sensación de vacío con incapacidad para el llanto.
  • Disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades que antes le gustaban.
  • Pérdida importante de peso sin hacer dieta o aumento de peso. Disminución o aumento del apetito.
  • Falta o exceso de sueño.
  • Inquietud o enlentecimiento.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada, no simplemente el autorreproche o culpa por estar enfermo.
  • Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse, tomar decisiones, etc.
  • Pensamientos de muerte recurrentes, ideas suicidas sin planificación, intento de suicidio o plan específico para llevarlo a cabo.

Tipos de trastornos depresivos

  • Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo. El rasgo central es una irritabilidad crónica, grave y persistente. Se diagnostica en niños.
  • Trastorno de depresión mayor. Cuyos síntomas con los descritos en este artículo.
  • Trastorno depresivo persistente (distimia). Estado de ánimo deprimido durante un mínimo de dos años, sin estar asintomático más de dos meses seguidos.
  • Trastorno disfórico premenstrual. Síntomas de depresión en la última semana antes del inicio de la menstruación, desapareciendo una semana después de esta.
  • Trastorno depresivo por sustancias, medicamentos o debido a otra afección médica.

Causas

La depresión está a la orden del día, siendo muy probable que a lo largo de nuestra vida alguien que nos rodea, o incluso nosotros mismos, padezcamos esta enfermedad. Puede darse en cualquier persona. No obstante, hay algunos factores que promueven que esto ocurra:

Estar triste o deprimido es totalmente diferente.

  • Acontecimientos vitales estresantes.
  • Acontecimientos adversos en la infancia.
  • Genética: heredabilidad aproximada de un 40%. Los familiares de primer grado de los pacientes con trastorno depresivo mayor tienen un riesgo de 2 a 4 veces mayor que el de la población general.
  • Padecer otras enfermedades: cáncer, dolor crónico, enfermedades degenerativas, obesidad, trastornos mentales, etc.
  • Consumo de sustancias.
  • Ambiente depresógeno: trabajo, hogar, etc.
  • Cambios hormonales.
  • Rasgos de personalidad como la inestabilidad emocional.

Recursos para la prevención de la depresión

  • Inteligencia emocional.
  • Ejercicio físico.
  • Comer saludablemente.
  • Hábitos de sueño adecuados.
  • Vida social activa.
  • Actividades agradables.
  • Mindfulness. Vivir el presente requerirá aceptación y perdón, así como consciencia y foco de atención en sí mismo y no comparación con los demás o necesidad de pensar en lo que piensan de nosotros.
  • Metas u objetivos realistas. De esta forma evitaremos frustrarnos y bajar nuestra autoestima.
  • Apertura al cambio, flexibilidad.
  • Cuida tu nivel de estrés: organización, gestión del tiempo, pausas relajantes, pedir ayuda cuando se necesita, etc. Aquí tienes un artículo sobre “Cómo Afrontar el Estrés” para profundizar más.
  • Evita el alcohol y otras sustancias.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

Es probable que el afectado no se dé cuenta de la gravedad de su situación, o que la misma sintomatología le impida pedir ayuda, por lo que las personas cercanas deben estar pendientes de ello, como después veremos. Algunos indicios de que la enfermedad está avanzando y de que se requerirá ayuda profesional pueden ser:

  • Cuando esa tristeza, desesperación o abatimiento perdura hasta el punto de cambiar nuestra vida cotidiana.
  • Continuos pensamientos negativos.
  • Falta de higiene personal.
  • Aislamiento social.
  • Falta de apetito.

¿En qué consiste el tratamiento de la depresión?

Cuando los síntomas son graves e incapacitan a la persona para su trabajo con el psicólogo es de gran ayuda el tratamiento farmacológico.

Sin embargo, la evidencia científica nos ha demostrado que el tratamiento combinado (tratamiento farmacológico y tratamiento psicológico) funciona estupendamente para depresiones graves, y muchos estudios, como el citado en este artículo, indican que <<ambos tratamientos muestran resultados similares a corto plazo, (pero) los tratamientos psicológicos presentan mejores resultados a largo plazo, con una menor tasa de abandonos y recaídas>>.

Normalmente, en los tratamientos psicológicos se escogerán aquellas estrategias que sean más adecuadas para el paciente concreto y su sintomatología, pero en líneas generales el tratamiento constará de:

  • Psicoeducación, en la que el profesional explicará en qué consiste esta enfermedad y aclarará todas las dudas acerca de esta.
  • Retomar aquellas actividades que antes le resultaban agradables mediante un programa planificado, con el objetivo de conseguir una mejora del estado de ánimo.
  • Reducción de los niveles de ansiedad mediante relajación y respiración profunda.
  • Detección y modificación de los pensamientos negativos.
  • ¿Cómo puedo ayudar a un amigo o familiar con depresión?

A pesar de su alta prevalencia en la sociedad actual, no siempre sabemos cómo apoyar o ayudar a alguien que tiene depresión, cayendo en tópicos que acaban exasperando al propio enfermo.

Recomendaciones

  • Debemos entender que la depresión es una enfermedad y aprender a conocer sus síntomas. En ocasiones nos encontramos con personas que creen que la depresión es propia de holgazanes, una señal de debilidad o fuerza de voluntad, etc. Nada más lejos de la realidad, la depresión es una enfermedad como lo son la diabetes, el cáncer, etc.
  • Ayudaremos a nuestro amigo/familiar a consultar y seguir un tratamiento adecuado. A veces, el mismo estado depresivo hace que la persona no se dé cuenta de lo que le pasa o no vea necesario solicitar ayuda, por lo que tu papel es fundamental. Puedes ayudarle a pedir una cita o incluso acompañarlo.

¿Cómo ayudar a alguien con depresión?

  • El apoyo debe ofrecerse manteniendo una cierta distancia, sin agobiar a la persona, dándole afecto y teniendo comprensión y paciencia. No debemos ser demasiado “maternales o invasores”, pues esto reforzaría su sentimiento de inutilidad.
  • Podemos motivarle a hacer cosas que antes le resultaban agradables,  sin forzar o exigir, siempre con paciencia y cariño.
  • Para animarle a hablar mantén una actitud abierta, sin desacreditar sus sentimientos, señalando realidades y ofreciendo esperanza.
  • Mostrar sensibilidad ante sus esfuerzos.
  • Un cambio radical de vida, vacaciones, trabajo, etc. solo retrasará el tratamiento.
  • Si hay niños o adolescentes que viven con la persona que sufre depresión deberemos explicarles lo que está sucediendo.
  • Cuando se encuentre mejor, deberemos dejar que retome sus actividades a su ritmo.

Ayudar a expresar las ideas de suicidio

Los signos de suicidio no siempre son fáciles de detectar. Deberemos estar alerta:

  • Expresiones como: “quiero acabar o salir de esto”, “deseo reunirme con seres queridos ya fallecidos”, etc.
  • Se ha desprendido de objetos de gran valor emocional.
  • Llama o queda con personas para dar las gracias o despedirse.
  • Quizás arregla sus asuntos personales o toma disposiciones testamentarias.
  • Cuando tiene lugar un alivio repentino de los síntomas (decisión de poner fin a su sufrimiento).

Si piensas que tu familiar o amigo tiene riesgo de suicidio contacta con su médico y éste te dirá cómo proceder. Mantente cerca y retira los objetos y fármacos potencialmente peligrosos.

  • El autocuidado es muy importante. Es esencial evitar el desgaste y el desaliento.
  • No existen culpables, nadie debe sentirse la causa de la depresión ni debe culparse a la persona deprimida. Recuerda que se trata de una enfermedad cuyo origen puede ser una mezcla de múltiples factores (biológicos, psicológicos y ambientales).
  • No estás solo. Hay expertos que están ahí para ayudarte, puedes confiar en ellos.
  • Encerrarse en una burbuja con la persona deprimida no es una solución ni para él ni para ti. No aparques tus proyectos ni renuncies a tu estilo de vida, sólo adáptalo a la situación.
  • Si te sientes desbordado no dudes en acudir a un profesional (médico, psicólogo, etc.) o asociación.

¿Tienes alguna duda?, puedes ponerte en contacto con nosotras a través de Whatsapp o del email.

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Sonia Otálora Ballester

Psicóloga en Promentium

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