Dependencia Emocional

Dependencia Emocional

 

DEPENDENCIA EMOCIONAL

 

La dependencia emocional es un tema poco comprendido y tratado. Es una de esas cuestiones psicológicas que nos caracteriza como seres humanos, pertenecientes a “animales sociales” que están destinados, para bien o para mal, a las relaciones con nuestros congéneres.

Se define la dependencia emocional como la incapacidad de liberarse de una relación disfuncional. Aunque también puede darse en otras relaciones, como las que se dan entre padres e hijos, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, etc., el foco de este artículo será en las relaciones de pareja. La diferencia entre el amor normal, (que de por sí implica un cierto componente de necesidad) y la dependencia es meramente cuantitativa. Podríamos imaginar una representación continua de los sentimientos en las relaciones afectivas para ilustrar mejor la diferencia entre querer y necesitar, o entre amor y extrema necesidad.

  

Características de una persona con dependencia emocional

Las características que se dan en las  personas emocionalmente dependientes  en el área de la pareja son:

  • Una necesidad excesiva del otro y un deseo de acceso constante hacia él/ella. Es una expresión de la necesidad psicológica que la persona dependiente tiene de su pareja. Puede manifestarse como un deseo constante de hablar con él, llamadas telefónicas constantes, apariciones imprevistas en el trabajo, realizar cualquier actividad con la otra persona, no poder completar una tarea independiente sin sentir la necesidad de mantenerse en contacto con la pareja, etc. Los dependientes en ocasiones describen este sentimiento como el “hambre” de la pareja.

La reacción de la pareja suele ser de agobio. Esto puede traer consecuencias de diferentes tipos, como puede ser la ruptura precoz de la relación o la demarcación de límites estrictos.

 

  • Deseos de exclusividad en la relación.

 

  • Prioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa. Esta es una de las características más frecuentes y notorias en el entorno social. La persona emocionalmente dependiente ve su relación como el centro de su existencia, el foco de su atención y el propósito de su vida.

 

  • Idealización de la pareja. A pesar de ser consciente de los defectos de su pareja a lo largo de su relación, el dependiente los idealiza con frecuencia.

La pareja representa todo aquello que no tiene el dependiente.

 

  • Relaciones basadas en la sumisión y subordinación. La sumisión del dependiente hacia su pareja es una respuesta casi inmediata, no tiene problema en plegarse ante la persona que admira.

 

  • Historia de relaciones de pareja desequilibradas. En general, la vida amorosa de una persona con dependencia emocional es una sucesión de relaciones de pareja, conflictivas y desequilibradas que se inician ya en la adolescencia o al comienzo de la edad adulta.

 

  • Miedo a la ruptura. Una vez superadas las etapas iniciales de la relación, el dependiente experimenta una intensa ansiedad por la posible disolución de la relación. El fantasma de la ruptura ronda siempre sobre su cabeza.

 

Fases:

Las fases de las relaciones de pareja de los dependientes emocionales se pueden resumir de la siguiente manera:

fases de la dependencia emocional

 

 

Factores

Los factores que pueden causar la dependencia emocional se agrupan en cuatro:

 

Carencias afectivas tempranas:

Las carencias afectivas tempranas nos indican la ausencia, quizá no total pero sí muy notable, de un elemento positivo y necesario como es el cariño. Lógicamente, la gravedad de la dependencia emocional guardará relación con la magnitud de dichas carencias.

Mantenimiento de la vinculación y focalización excesiva en fuentes externas de la autoestima:

La vinculación afectiva es, obviamente, la reacción más normal y frecuente en las personas. También es sin duda, la más deseable para un desarrollo emocional y de la personalidad adecuada. No obstante, existen circunstancias en las que se produce dicha vinculación afectiva con personas que no corresponden de manera satisfactoria a esos sentimientos. La persona  emocionalmente dependiente, en estas circunstancias interpersonalmente desfavorables, decide insistir en su búsqueda de los demás y se mantiene vinculado afectivamente a ellas. La vinculación afectiva con personas que no son afectuosas y que además son hostiles, acarrea consecuencias basadas en la formación de esquemas y pautas disfuncionales sobre uno mismo y los demás.

    Factores biológicos:

    Los varones pueden activar con mayor facilidad que las mujeres la vía de desvinculación afectiva. Las mujeres tienen mayor disposición a la empatía, a la compasión y al contacto social, lo cual es indicativo de una mayor tendencia a la vinculación afectiva. En consecuencia, podemos pensar que a las mujeres les resultará mucho más difícil desvincularse afectivamente. Lo cual hace que esta patología sea mucho más frecuente en mujeres que en varones, algo que es un hecho constatable continuamente en la experiencia clínica. Además del factor género, el temperamento y la dotación genética también desempeñan un papel relevante en la formación de la dependencia emocional.

    Factores socioculturales:

    Cada cultura tiene diferentes modelos de pareja y los roles masculino y femenino que se desempeñan en ella tienen también una gran influencia social. En nuestra cultura occidental existe el prejuicio de que la mujer está más interesada en la pareja que el varón. Sean ciertos o no, son estereotipos y prejuicios culturales que influyen también en nuestro comportamiento.

     

     

    REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

     

    Blasco, C., & DEL CONCEPTO, J. A. (2005). Dependencia emocional. In I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero-15 de Marzo 2000 [citado:*]; Conferencia 6-CI-A:[52 pantallas]. Disponible en: http://www. psiquiatria. com/congreso/mesas/mesa6/conferencias/6_ci_a. htm.

    Castelló, J. (2000, March). Análisis del concepto dependencia emocional. In I Congreso Virtual de Psiquiatría (Vol. 5, No. 8).

    Rodríguez de Medina Quevedo, I. (2013). La dependencia emocional en las relaciones interpersonales.

     

     

     

    Encarnación Sánchez Quesada

    Psicóloga General Sanitario

    Foto realizada desde CANVA Pro 

    Suscríbete al blog

    [newsletter_signup_form id=1]
    EL NIÑO DESOBEDIENTE

    EL NIÑO DESOBEDIENTE

     Estas son las típicas frases que decimos cuando sentimos que nuestro hijo es desobediente:

    “Lo hemos probado todo, y ya no hay nada qué hacer. Este hijo no tiene solución”

    “Hemos cambiado todas las normas, pero todo le da igual”

    “Lo castigamos con lo que más le duele, pero pasa de todo”

    Etc, etc, etc…

    Qué sensación de hastío, de impotencia y fracaso personal sentimos los padres cuando nuestros hijos no nos hacen caso, no cumplen con nuestra expectativa de obediencia.

    Cuando tenemos un bebé decimos orgullosas las mamás que es muy bueno porque come y duerme bien, lo cual es algo anhelado para completar nuestra expectativa de “bebé bueno”. Vemos cómo las madres que no descansan en los primeros meses de vida de su hijo, que la familia entera sufre las tensiones de los cólicos del lactante, llantos, vómitos, insatisfacción con la lactancia, con el sueño y demás, miran asombrados a los padres que dicen que su hijo es muy bueno, como si hubiera que cumplir con ese entramado social de que los hijos vienen a facilitarnos la vida, a completar nuestro narcisismo, narcisismo muchas veces herido por nuestra historia personal.

    “Este hijo hará lo que yo diga mientras que viva en esta casa”

    “Sólo hará lo que yo diga hasta que sea mayor de edad, pues yo soy la responsable”

    Normas, normas y … más normas

    ¿Seguro que lo hemos probado todo? ¿Seguro que no podemos hacer nada más? ¿No os parece en los casos de padres que tiran la toalla que hay algo bloqueado, como cuando una tubería se atasca y por más que hagamos y productos que le echemos, aquello no avanza? Quizá ése sea el problema: que haya algo de tiempo atrás que impida el vínculo afectivo entre los padres y sus hijos. Es un tema delicado pues no se puede generalizar, pero podemos pensar qué es lo que nos hace ser padres, y yo os invito a elegir esta respuesta: haber sido hijos.

    Desde la infancia llevamos una historia personal de aprendizajes, de experiencias, de emociones, de amores y desamores, encuentros y desencuentros, ya empezando desde el parto: nacemos con desgarro, con angustia y lloramos nuestro primer grito de vida pues sin él es difícil respirar por uno mismo. Y es en este momento en el que le decimos a nuestra madre: “aquí estoy, y ahora me agarraré a ti mucho tiempo, te usaré y te necesitaré para crecer”

    ¿De verdad pensáis que hace falta tanta norma y castigos para estar bien en nuestra convivencia? ¿O el concepto de obediencia responde más a un proceso de identificación sano, en el que el amor a los padres hace que los niños quieran ser como ellos, colaborar, ayudar…y disfrutar juntos? Yo pongo más peso en la balanza por esta segunda opción.

    Es el amor a la madre lo que hace que el niño quiera controlar los esfínteres:

    “ya no me haré la caca encima sino en ese orinal porque me lo pide mamá”

    “Escucho a mi madre y empatizo con ella, porque ella siempre lo ha hecho así…es más, es lo que he visto en mis padres, y no sé hacerlo de otro modo”

    “Hago los deberes porque quiero aprender para crecer y ser personas felices como mis padres”

    Hay una diferencia enorme entre hacer las cosas por obligación o por amor: EL DESEO DE LIBERTAD. Querer crecer se facilita cuando los padres crecen y dejan a su hijo que pueda elegir, que se equivoque, que pueda sentir angustia y tenga opciones de formar una identidad libre, sin coacciones o imposiciones.

    Hay un perfil de padres temible para el desarrollo psíquico de los niños que son los narcisistas, pues estos chicos tienen que responder a las exigencias que ellos necesitan para estar bien, pero no empatizan con las necesidades del niño. Son padres como caprichosos, que si los niños no cumplen con todas sus exigencias o mandatos, se sienten muy mal, y fuerzan al niño a extremos insostenibles, incluso pueden volcarle su ira cuando éstos fallan, en vez de empatizar con ellos.

    En muchas ocasiones vemos este tipo de familias en nuestras consultas, padres marcados por una historia cargada de carencias afectivas propias, que intentan proyectar en el niño todas sus inseguridades incluso traumas, y es como si quien tuviera que dar seguridad a la vida fuera el hijo, hijo que puede entrar en esa locura abismal de los padres o puede separarse de ellos frecuentemente con algún síntoma, ya que rebelarse de los padres a edades tempranas es difícil (objetivo que será vital en la adolescencia). También puede generar un trastorno del estado de ánimo en los niños, en el que contamos con detalle en el anterior post. 

    Cuando los chicos crecen pasará algo parecido, pues transitar la adolescencia y elaborar el duelo que genera el hecho de dejar la infancia para asumir una vida adulta y marcada por responsabilidades es más difícil ante unos padres con exceso de demandas narcisistas (éstos están siempre recordando al hijo que es pequeño y que tiene que seguir dependiendo de su deseo, por lo que impide el acceso a lo social, de sumo interés para estructurar una identidad adulta).

    Consejos

    Dejemos que los chicos crezcan libres, con una verdadera identidad propia, aunque no sea la personalidad que más nos hubiera gustado para ellos. Dejemos que nuestros hijos funcionen por sí mismos y se desarrollen a su ritmo, sin imposición alguna que fuerce lo más natural, que es la vida.

    ¿Por qué no calmarnos? Hemos tenido hijos para disfrutar de ellos un tiempo, darles amor, cuidarlos, darles un hogar digno y que se vayan, pero cuando esto ocurra, que quieran volver a visitarnos y a compartir momentos bonitos. Que un niño crezca implica que aprenda a decir “NO”, por rabia que nos dé y dolor que nos cause. Que un niño viva implica que a veces tome decisiones que no le beneficien, y aun así acompañarlos en su camino sin intrusiones ni manipulaciones, para que pueda conocerse a sí mismo y el día de mañana poder actuar en libertad.

    ¿Os animáis a jugar a ser padres felices? ¿nos atrevemos a retirar premios y castigos, a ver qué pasa? ¿Dedicamos tiempo a realizar actividades apasionantes…en vez de a estar supervisando continuamente la mochila o deberes de nuestros peques?

    Os invito a vivir una paternidad feliz, que aunque no consigamos logros no dejemos de llevarnos bien y disfrutar juntos. Tal vez así los procesos de identificación puedan funcionar para crear una identidad sana y fructífera.

    Y si no es así, hay espacios terapéuticos en los que se puede encontrar respuestas a las preguntas sobre todos estos temas. Desde Centro Promentium estamos encantados en atender su demanda. No dudéis en consultar con nosotros. Será un placer atenderos.

    Ana Belén Tejero Martín

    Psicóloga Clínica especializada en el ámbito infanto-juvenil

    Foto de Monstera en Pexels

    Suscríbete al blog

    [newsletter_signup_form id=1]

    Optimizar el estudio: organizarse es la clave

    Optimizar el estudio: organizarse es la clave

     


    Organización

    • Tener en cuenta
    • Priorizar
    • Fechar

     

    Tener en cuenta

    Para una adecuada organización debemos por tener en cuenta, no solo las tareas, también el tiempo del que disponemos y los días que en realidad no son de utilidad (cumpleaños, eventos, días de descanso, posibles malestares: menstruación, cita con dentista, resacas, etc.)

    Priorizar

    No perdamos el tiempo escogiendo el orden sin pensar. Debemos optimizar nuestros esfuerzos de modo que, si hay un imprevisto, lo más urgente ya esté hecho. Esta tabla puede servir de guía:

    #1: Lo más urgente e importante se hace lo primero. Lo que más nota aporte, lo indispensable para aprobar: trabajos, exposiciones, exámenes…

    #2: Lo que es urgente pero no importante, se puede hacer en segundo lugar. ¿Por qué? Porque corre prisa, pero no pasa nada si no llevas hechos los deberes, pero puedes tener problemas si no entregas un trabajo.

    #3 Lo que es importante pero no urgente, hay que tenerlo muy en cuenta. Debemos decidir cuando hacerlo y ocuparnos de ello cuanto antes para que no nos pille el toro. Como es importante, tiene prioridad, pero no tanto como lo urgente, ya que la deadline está más próxima. Por tanto, si es posible se hará cuanto antes, si no se decidirá cuándo ponerse a ello.

    #4 Lo que no es ni importante ni urgente, sin duda debe hacerse, pero es lo más prescindible. Si te ves apurado, esto es lo que se aparta para otro día.

    ¡A tener en cuenta!

    • Puede que dentro de lo urgente (#1 o #2) haya tareas #4, por ejemplo: dentro de una exposición, debemos tener la información, memorizar el discurso y preparar el PowerPoint. Es necesario que esto esté hecho ya que es prioridad 1, pero no tiene porqué tener efectos y estar bonito… Si hay otras cosas prioritarias nivel 1, es mejor tenerlo todo acabado, dejando los arreglos y detalles para cuando lo urgente esté acabado. Si nos dormimos en los laureles escogiendo las mejores ilustraciones, puede que no nos dé tiempo a memorizar el texto como es debido o incluso acabar la presentación.
    • Dentro de lo #2, ya que no son cosas importantes, seguro que encontramos cosas que delegar. En los estudios es menos común, pero también encontramos cosas urgentes sin tanta importancia: como imprimir el trabajo, escoger la portada, comprar materiales… Podemos pedir ayuda a alguien que nos ahorre un tiempo muy valioso, pero asegúrate de que sea una persona de confianza, o que tengas el tiempo necesario para hacerlo por ti mismo si la ayuda falla.
    • Ten en cuenta el tiempo necesario para cada tarea, puedes dejar para mañana unos deberes, ya que se hacen en 30 minutos, pero no puedes apurar si se trata de un trabajo entero. Para eso van los siguientes consejos.

     

    Fechar

    Es muy fácil caer en la procrastinación y postergar las tareas, pero a veces nos fijamos demasiado en la fecha y poco en el grueso de la tarea. Me explico:

    • Si tengo un ejercicio de cálculo y lo suelo resolver en 20 minutos, seguro que lo puedo dejar para el día antes.
    • Si tengo que entregar una redacción, que me suele llevar un par de horas, puede que lo deje para el día de antes, pero ¿Cuánto tiempo me sobraría para otras tareas urgentes? ¿quiero arriesgarme cuando tengo el tiempo ahora?
    • Si tengo un trabajo de 40 folios, ¿es realmente posible dejarlo para la noche de antes? La respuesta es NO. Todos lo hemos hecho, ¿pero a qué precio?: mal acabado, menos horas de sueño, ansiedad, otras tareas sin hacer…

    Antes de retrasar algo para el último día, debemos ver si es posible realmente hacerlo en tan poco tiempo. Debemos preguntarnos:

    • ¿Cuánto suelo tardar?
    • ¿Realmente lo puedo dejar para el día de antes?
    • ¿Tengo espacio para otras tareas o imprevistos?
    • ¿Cómo es de importante que esté bien hecho?

    Hay distintas claves para no procrastinar, pero una importante es saber los límites hasta dónde puedes retrasar las tareas.

    Para esto, una vez consultes tu agenda, puedes colocar en un calendario de vista mensual cada tarea un día antes de su fecha límite, para hacerte una idea de los días de agobio o relax. Así puedes decidir si descansar o adelantar trabajo. Incluso puedes usar un sistema de colores para destacar las fechas límite verdaderamente importantes.

    También se pueden colocar a modo de lista, pero es menos visual y se tiende más a dejarlo para otro día. El calendario puede agobiar, al ver todas las tareas pendientes, pero eso es lo que buscamos, un motivo para no dejarlo para mañana y ponernos ¡manos a la obra!

    Una forma útil es poner tus propias fechas límite:

    • Calcula cuanto tiempo va a llevarte la tarea y sé consecuente con el tiempo del que dispones.
    • Afrontar un trabajo de 40 folios se puede hacer cuesta arriba y no encontrar el tiempo para ponerte, pero si lo divides por submetas, será más sencillo y abarcable.
    1. Divide el trabajo en partes, el examen en temas, el estudio en páginas…
    2. Calcula el tiempo que te llevaría aproximadamente cada una.
    3. Establece fechas límite para cada apartado/grupo de tareas.
    4. Trata las fechas límite como si fueran reales, de hecho lo son, seguro que si las retrasas acumularás trabajo y a tu yo del futuro no le hará ninguna gracia. No te haces ningún favor sumando ansiedad, nervios, incertidumbre a tus tareas o falta de sueño. En éste artículo puedes informarte sobre las consecuencias del déficit del sueño.
    5. Ten en cuenta en el nuevo fechado el tiempo real del que dispones, guardando espacio para imprevistos y otras tareas. Sé realista, ten en cuenta el tiempo verdadero que te ocupa la tarea, con distracciones, etc. y ajústalo si al comenzar ves que vas más lento de lo esperado.
    6. Puede ser útil establecer cortafuegos: días libres de merecido descanso, que pueden convertirse en días de compensar trabajo acumulado o de adelantar tareas si surge un evento que no nos queremos perder.
    • Coloca bien destacada la fecha límite y calculando el tiempo necesario, ve colocando las metas hacia atrás. Así, el día que no tengas tanta carga, puedes avanzar e ir tachando cosas de la lista.

     

    ¡El trabajo de hoy es el descanso de mañana!

    Ejemplo:

    calendario

    Luna Cánovas Requena

    Psicóloga General Sanitaria

    Foto de Rawpixel.com en Freepik

     

    Suscríbete al blog

    [newsletter_signup_form id=1]