Vivir con dolor crónico

Llamamos dolor a una experiencia sensitiva y emocional desagradable, asociada a una lesión real o potencial (Asociación Internacional para el Estudio del Dolor).

Se trata de un mecanismo de defensa infalible, una señal del sistema nervioso de que algo no anda bien. Podemos imaginar lo genial que sería una vida sin dolor, pero las personas incapaces de sentir dolor (insensibilidad congénita al dolor) viven en continuo riesgo, una simple fractura no atendida o una apendicitis no descubierta podría resultar terrible. ¿Pero qué hay de vivir con dolor crónico? Vamos a analizar un poquito los tipos de dolor.

Tipos de dolor

En función de la duración del dolor podemos distinguir entre:

  • Dolor agudo. En general, el dolor agudo aparece de repente, debido a una enfermedad, lesión o inflamación. A menudo se conoce la fuente que lo provoca, por lo que puede ser diagnosticado y tratado. Normalmente desaparece, aunque a veces puede convertirse en dolor crónico.
  • Dolor crónico. Se da cuando el dolor persiste en el tiempo, convirtiéndose en un trastorno en sí mismo. Es una condición de salud de la que no siempre se conocen las causas y que afecta a la vida de la persona que la padece y de los que le rodean, pudiendo durar semanas, meses o años. Puede tener una causa específica (cáncer, enfermedades reumáticas, cefaleas, enfermedades autoinmunes, fibromialgia, etc.) o no. En España, un 11% de la población padece dolor crónico, es decir, más de 5 millones de personas.

 

Consecuencias del dolor crónico

El dolor no siempre es curable,  en ocasiones el tratamiento farmacológico solo disminuye su intensidad. Estas son las consecuencias más notables que puede provocar el dolor crónico:

  • La persona que padece dolor crónico puede mostrar alteraciones a nivel emocional (irritabilidad, ansiedad, depresión, etc.), pues continuamente experimenta emociones desagradables.
  • Puede disminuir el nivel económico del sujeto, debido a la incapacidad para trabajar en algunos casos. Lo que además conllevará sentimientos de inutilidad.

 

  • Se verá afectado el autocuidado y la realización de actividades agradables, tendiendo a la introversión y depresión.

 

  • Deterioro de las relaciones sociales: amigos, familia, pareja, etc. Ese mal humor, irritabilidad y pocas ganas de salir o realizar actividades de ocio afectarán a la relación con los seres queridos.

 

Círculos viciosos en el dolor crónico

En ocasiones, los intentos de eliminar el dolor crónico nos pueden llevar a entrar en círculos viciosos que más que solucionar el problema, lo empeoran.

  • Contracturas musculares y dolor en zonas cercanas. Cuando luchamos contra el dolor, llevamos a cabo cambios en nuestro cuerpo para intentar disminuirlo (cambiamos la respiración, tensamos los músculos, adaptamos la postura, etc.). Cuando el dolor persiste en el tiempo, estas conductas no solo no ayudan a soportar el dolor, sino que lo incrementan.

 

  • Ansiedad y depresión. Cuando fracasamos continuamente en la lucha contra el dolor, nuestro estado de ánimo se ve afectado, lo que a su vez hace más insoportable la sensación de dolor.

 

  • Ganancias secundarias. Puede ocurrir que “gracias” al dolor evitemos realizar cosas que no nos gustan o apetecen, provocando también una mayor atención por parte de nuestros seres queridos. No obstante, esta situación limita y deteriora nuestras relaciones sociales e impiden mejorar la condición de dolor.

 

 

  • Tratamientos alternativos. En ocasiones, cuando no encontramos alivio con la medicina tradicional, podemos frustrarnos y abandonar el tratamiento para probar otro tipo de remedios no probados científicamente, lo que nos llevará a empeorar.

 

¿Cómo puede ayudarnos un psicólogo?

En circunstancias normales, no todos sentimos el mismo dolor ante una lesión similar  y nosotros mismos unas veces lo aguantamos mejor que otras dependiendo de nuestro estado de ánimo. Conocer los procesos psicológicos y emocionales implícitos en la percepción del dolor nos puede llevar a aprender a manejarnos mejor con él, haciéndolo más tolerable.

Vivir con dolor crónico puede hacerse muy duro. Por ello es imprescindible una intervención multidisciplinar, que incluya médico, fisioterapeuta, psicólogo, etc. El psicólogo puede fomentar que los pacientes incrementen el control sobre el dolor, tomando un papel activo en su recuperación, lo que ayudará también en el tratamiento con otros profesionales. Por otro lado, intervendrá en las consecuencias y problemas derivados de la percepción del dolor: relaciones sociales, problemas de sueño, trabajo, ocio, etc.

Desde el punto de vista de la psicología, el objetivo de la intervención será la aceptación del dolor y la normalización de la vida de la persona afectada dentro de sus posibilidades. Para ello, contamos con diferentes técnicas:

  • A nivel fisiológico: relajación muscular (mira nuestro vídeo de «Relajación Muscular») y control de la respiración, que nos ayudará a no caer en ese círculo vicioso de “tensión-dolor-tensión”.

 

  • A nivel cognitivo y emocional: se favorecerá la aceptación del dolor y se modificarán las creencias erróneas (echa un vistazo a nuestro artículo sobre «Distorsiones Cognitivas») mediante reestructuración cognitiva.

 

  • A nivel conductual: se modifican las conductas que influyen en la percepción del dolor (inmovilidad, inactividad física, etc.), favoreciendo la realización de actividades agradables. Dado que las personas que sufren este tipo de dolor se suelen quejar de “falta de tiempo”, se ayudará en la planificación para que siempre haya lugar para el ocio y el ejercicio físico.

 

Recomendaciones para tratar con el dolor crónico

En general, lo que debemos hacer ante la experiencia del dolor crónico es cuidar la actividad física y mental: mantener una buena higiene postural, aprender a relajarnos, conservar un buen contacto social y reemplazar aquellas actividades que ya no podamos hacer por otras que nos estimulen y distraigan.

Debemos tener en cuenta que el dolor crónico también afecta a los que nos rodean, especialmente a la familia más cercana. Intentemos compartir nuestros sentimientos más negativos con médicos, psicólogos u otros profesionales y guardemos los buenos momentos para disfrutar con la familia y amigos.

El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, redactó un decálogo muy completo y útil de recomendaciones psicológicas que expongo a continuación:

  1. Sigue fielmente las pautas y consejos de tu médico.
  2. Afronta activamente tu problema: pide información a especialistas sobre tu dolor, por qué te duele, y qué lo mantiene. El dolor crónico no tiene por qué ser peligroso.
  3. Expresa e informa de tu dolor a los que te rodean para que te entiendan, pero no estés pendiente de él, elimina la queja constante y no centres tus conversaciones solo en el dolor.
  4. Recupera progresivamente tus actividades diarias, laborales, sociales y de ocio, aunque te cueste. Notarás una gran mejoría.
  5. Andar, moverte o hacer deporte (si tu médico lo aconseja), es un gran “antídoto” contra el dolor.
  6. Aprende a reducir las emociones negativas (tristeza, ansiedad, rabia, frustración, etc.), hará que disminuya tu percepción del dolor.
  7. Aprende técnicas de relajación para contrarrestar la tensión que el dolor provoca, y este disminuirá.
  8. Desarrolla tu imaginación para resolver los problemas que haya causado tu dolor. Cuenta con tus seres queridos para buscar soluciones.
  9. Adapta tu vida: piensa en todo lo que sí puedes hacer a pesar de tener dolor, seguro que es mucho.
  10. Si no puedes tú solo, busca ayuda psicológica. Es una buena forma de afrontar el problema y ganar calidad de vida.

 

Recomendaciones para cuidadores

Como hemos visto, el entorno cercano de la persona que padece dolor crónico se puede ver muy afectado. A continuación se presentan una serie de recomendaciones para aquellas personas que conviven con el afectado o cumplen con el rol de cuidador:

 

  • Pide ayuda a tu entorno. La carga repartida es más llevadera y pedir ayuda no es un signo de debilidad. Quieres dar lo máximo por tu ser querido, pero él también necesita verte bien, no agotado.

 

  • Actitud positiva (echa un vistazo al artículo «Cómo tener una actitud positiva»). Es importante mantener una actividad física regular, reservar todos los días un tiempo para ti, no abandonar tu aspecto físico y mantener a raya los pensamientos negativos. Deberemos fijarnos metas realistas, así evitaremos gran parte de la frustración.

 

  • No te aísles. Fomenta las redes sociales, estas suponen un canal de apoyo y desahogo emocional y favorecen tu bienestar.

 

  • Establece límites. Hay tareas que la persona a la que cuidas puede hacer por sí misma, y de hecho, esa autonomía y actitud activa le favorecerá en gran medida. Por otro lado, valora qué tareas no puedes llevar a cabo sin ayuda y planifica una rutina para poder compartirlas.

 

  • Sentimientos de culpa. Son muy frecuentes entre los cuidadores. Identifica por qué te sientes culpable y controla la autoexigencia. Si te resulta imposible vencer estos sentimientos por ti mismo acude a un profesional.

 

Si necesitas asesoramiento o más información sobre cómo podemos ayudarte, puedes encontrarnos en Promentium; llama y te informamos sin compromiso.

 

Sonia Otálora Ballester

Psicóloga en Promentium

Imagen de Freepik

Distorsiones Cognitivas – Parte 1

Distorsiones Cognitivas – Parte 1

Aquí tienes un listado de las distorsiones cognitivas más comunes:

Abstracción selectiva/ Filtraje:

Actúa de colador, seleccionando los aspectos negativos (que se magnifican), mientras que se “cuelan”, desechan o ignoran todos los aspectos positivos de la situación.

Frases tipo:

-El día fue terrible, la lluvia arruinó mi pelo.

– Recibes una crítica negativa entre muchas positivas: “sabía que era horroroso”

 

Adivinación:

Predice para distintas situaciones, un futuro por lo general no favorecedor o catastrófico. Esta creencia se siente y se vive de forma muy real, generando ansiedad y la anticipación del sufrimiento.

Frases tipo:

-Si voy a la fiesta solo, al final todos estarán con alguien y yo no tendré con quien hablar. Va a ser un aburrimiento, no debería ir.

– Si le digo que me acompañe, seguro que no le gustará la obra y puede que eso lo arruine todo, aunque me gustaría que fuera mi acompañante, no diré nada e iré con otra persona.

-Seguro que mañana me caeré al salir al escenario y será bochornoso. Intentaré que hable otro.

 

Catastrofización o Magnificación:

EL pensamiento catastrófico otorga mucha importancia a eventos neutros o que objetivamente “no son para tanto”. Maximiza forma exagerada o trágica sus ideas negativas.

Frases tipo:

– No me han elegido ¡menuda humillación! se ha acabado mi vida social, me voy a morir.

– ¡Socorro! se me ha olvidado la chaqueta en el autobús, no volveré a encontrar otra igual, es como si me hubieran cortado un brazo.

 

Culpabilidad:

Esta distorsión del pensamiento tiene dos polos:

  1. Culpa a los demás de su sufrimiento, situación o actos.
  2. Asume como propia la culpa de todos los problemas ajenos.

Frases tipo:

– He perdido, porque han hacho trampa.

– Está enfadado y grita a todos, porque hoy no le he dado el café.

 

Debería:

Autoimposición de normas/ideas rígidas sobre cómo se debería. La violación de esas normas (privadas) por parte de otros se ven como una transgresión gravísima y suponen un gran malestar, enfado, desprecio, etc. Si son incumplidas por la propia persona se siente una gran culpa, vergüenza, rabia, etc.

Frases tipo:

-Debería seguir hasta que acabe lo que me queda (no posponer, horas extra sin remunerar).

-Debería poder con todo, no debería descansar hasta que todo esté solucionado (sobrecarga).

-Debería gustarme… (actúas en contra de tus deseos, en pro de “lo que deberías desear”).

-Debería ser… (no aceptarte como eres, baja autoestima, alta autoexigencia, estrés, etc.)

 

Etiquetas globales:

Emitir un juicio global sobre alguien o algo, generalizando una o dos cualidades/circunstancias.

Frases tipo:

-Ha cogido dos galletas en lugar de una, es un glotón y un egoísta.

-Ese es un irresponsable y un mal compañero (un día se retrasó con un informe).

 

Falacia de la justicia:

Cree tener la verdad sobre lo que debería ser justo y suele estar frustrado o resentido porque los demás no están de acuerdo, o porque “no ocurre justamente, como debería”.

Frases tipo:

-Es injusto acabar descalificado con todo lo que he trabajado.

-Espero ser yo el ascendido, es lo justo, porque yo llevo más aquí.

-Es injusto que él pueda traer calculadora y yo no, solo porque él tenga dislexia, me debes las mismas oportunidades.

 

Falacias de control:

Esta distorsión del pensamiento tiene dos polos:

1_ Si se siente impotente ya que el control de su vida depende de otros, se ve así mismo desamparado, como una víctima del destino. Cree carece de control alguno sobre su vida.

2_La falacia de control interno convierte a la persona en responsable del sufrimiento o de la felicidad de aquellos que le rodean. Se siente omnipotente, con un control desmesurado respecto a todo/todos.

Frases tipo:

-Si fueran más amables conmigo, tendría mejor actitud con ellos.

-Me tiene manía, siempre suspendo, no me debería molestar en estudiar.

– Mis padres se divorcian, porque saco malas notas y aún no tengo el carné de coche.

-Soy un fracasado y por eso la gente de a mi alrededor fracasa y no logra sus metas.

 

Falacia de cambio:

Considera que es más factible que otros cambien y se adapten, que el propio cambio. La persona espera que los demás cambiaran para seguirle el juego y usa estrategias como el chantaje emocional, culparles, exigirles, engañar o negociar.

Frases tipo:

-Si fueras más detallista conmigo seguro que estaría más feliz en esta relación.

-Si me quisieras, te arreglarías un poco más y no saldrías de fiesta, así sabría que me quieres.

-Si no viviera en una ciudad tan lluviosa, saldría más de fiesta.

 

Falacia de recompensa divina:

Se confía en una “devolución de los buenos/malos actos” sin llegar a tomar el control, ni buscar solución a los problemas, como una justicia divina/mágica. Esto provoca la acumulación de problemas o malestar, debido a la inactividad ante las dificultades y a su vez, estados emocionales negativos derivados de esa “solución compensatoria” que no se está produciendo.

Frases tipo:

– Cuando algún día al fin se dé cuenta de estos detalles, verá que soy ideal para ser su pareja.

– No pienso decirle que me molesta con eso, ya se dará cuenta y parará.

 

Inferencias arbitrarias:

Nos lleva a realizar conclusiones, basadas en premisas falsas o mediante un razonamiento ilógico. Es decir, o bien creamos relaciones de causa y efecto, sobre eventos que no tienen nada que ver entre sí; o bien el proceso por el que hemos llegado a la conclusión no sigue una vía suficientemente razonada.

Frases tipo:

– El ascensor estaba en el último piso, vaya un día me espera hoy de mala suerte.

– Mi paquete se retrasa… no me va a llegar, seguro que está agotado y han vendido de más, como con los vuelos.

-Te han barrido los pies, ¡ya no te casas!

 

Interpretación del pensamiento/ lectura de mente:

La persona cree saber lo que otros piensan o sienten respecto a sí, o bien porqué los sujetos tienen ciertos comportamientos. Todo ello sin mediar palabra al respecto con aquellos a los que interpreta, solo formulando opiniones personales sin base sólida.

Frases tipo:

– Hace eso porque me tiene envidia, por eso nunca me presta sus cosas.

– Seguro que piensa que soy una estúpida, lo veo en cómo me sonríe.

– Está conmigo para aprovecharse de mí.

 

Maximización de lo negativo:

Ocurre cuando se otorga más importancia a los aspectos negativos, que a los positivos.

Frases tipo:

-No me puede creer que haya fallado en una nota de la melodía, me la sabía.

– No he sabido responder bien a esa pregunta, que incompetente (cuando has resuelto todas las demás dudas adecuadamente).

– He dejado ese tornillo torcido, puede que deba desmontarla (cuando has montado bien una estantería con muchos otros tornillos).

Luna Cánovas Requena

Psicóloga Junior en Centro Promentium

 

Páginas Consultadas:

https://enequilibriomental.net/distorsiones-cognitivas/

http://albertochouza.com/15-distorsiones-del-pensamiento-que-nos-alteran/

https://www.trastornolimite.com/trastornos/distorsiones-cognitivas

http://www.fundacionestadio.com/ficheros_fichas/11-11-08_TALLER%20INTELIGENCIA%20EMOCIONAL.pdf

 

 

Depresión en el anciano

La depresión en el anciano es, junto con la demencia, la enfermedad mental más frecuente en esta etapa de la vida. A pesar de esto, es una enfermedad que pasa con frecuencia desapercibida y, sin embargo, es la responsable no sólo de un importante sufrimiento para el paciente y su entorno, sino también de un incremento en la prevalencia y mala evolución de otras complicaciones médicas. Es muy importante saber que el ánimo depresivo no forma parte del envejecimiento normal y no es un acompañamiento natural e inevitable del mismo.

Los datos que baraja la OMS, en torno a la salud mental del colectivo geriátrico, indican que el 25% de ellos presenta algún tipo de trastorno psiquiátrico; entre tales trastornos destaca la depresión como el más frecuente hasta los 75 años. Sin embargo, la prevalencia de la depresión en este colectivo varía enormemente dependiendo de las circunstancias en que los ancianos se encuentren:

• 10% de los ancianos que viven en la comunidad.

• 15-35% de los que viven en residencias.

• 10-20% de los ancianos hospitalizados.

• 40% de los ancianos que tienen un trastorno somático y reciben tratamiento.

• 50% de los ancianos hospitalizados en centros psiquiátricos.

No obstante, y a pesar de estas elevadas cifras de prevalencia, la depresión es la enfermedad mental del anciano con mejor pronóstico, dado su carácter reversible con un tratamiento adecuado.

Los síntomas pueden ser similares a los de una depresión en el adulto pero otras veces no están claramente presentes y son difíciles de detectar:

  • El humor depresivo puede pasar desapercibido por el aplanamiento afectivo de algunos mayores.
  • Muchos ancianos no saben reconocer que está deprimidos y no se quejan.
  • Los síntomas principales de la depresión como la pérdida de energía, la pérdida de interés, la pérdida de apetito, la astenia, el insomnio, las alteraciones cognitivas y el enlentecimiento psicomotor pueden atribuirse erróneamente al envejecimiento.
  • Las quejas somáticas pueden ser el primer síntoma y a veces el único en las etapas iniciales de la enfermedad, además pueden aparecer quejas hipocondriacas y alguna enfermedad concomitante que dificulte aún más el diagnóstico.
  • Otras veces los síntomas son únicamente de ansiedad, inquietud psicomotriz o agitación, y otras veces son síntomas psicóticos lo cual puede llevar a confundir el diagnóstico y errar en el tratamiento.

Ante cualquier cambio en su actitud, en su carácter, en sus hábitos…, conviene pensar en la posibilidad de una depresión y ante la duda consultar con el médico de familia que si descarta patología orgánica tiene la opción de consultar con el psiquiatra.

La depresión en el anciano requiere ser diagnosticada pronto y con precisión, para evitar las consecuencias negativas a las que puede conducir. Debería valorarse sistemáticamente el estado de ánimo al igual que le controlamos la tensión arterial o la glucosa en sangre.

Un aspecto especialmente crítico es el riesgo de suicidio en el paciente anciano deprimido. Sabemos que este riesgo es mayor en las depresiones del anciano que en las edades más jóvenes.

Los principales factores de riesgos de la depresión en el anciano son:

  • Biológicos: factores genéticos, sexo femenino, y los que se dan con mayor frecuencia a medida que aumenta la edad, disfunción de neurotransmisores, cambios endocrinos, cambios vasculares cerebrales, enfermedad médica (algunas enfermedades frecuentes en la edad avanzada se asocian a prevalencias elevadas de depresión).
  • Psicológicos: como algunos atributos de la personalidad, el neuroticismo elevado o las distorsiones cognitivas.
  • Sociales: eventos estresantes de la vida (por ejemplo, la muerte de un amigo cercano o un cambio de residencia), el estrés crónico, un bajo nivel socioeconómico, situaciones de soledad, real o percibida por el anciano, los ancianos que viven solos o alejados de la familia o de los amigos tienen un riesgo elevado de presentar depresión.

El tratamiento habitual de la depresión en los ancianos incluye:

  • Psicoterapia: como la terapia Interpersonal, la logoterapia, terapias dinámicas o terapias cognitivo-conductuales, entre otras.  
  • Psicofármacos, fundamentalmente los antidepresivos, aunque también pueden utilizarse otras sustancias coadyuvantes como antipsicóticos atípicos, litio, antiepilépticos, estimulantes y hormonas.

Es importante la valoración de los efectos adversos, la tolerancia y las interacciones. En el paciente anciano el manejo debe ser más cuidadoso, los efectos adversos suelen ser más frecuentes y en ciertas ocasiones más peligrosos que en jóvenes, suelen tolerarse peor y lo habitual es que tomen varios fármacos para otras patologías lo que aumenta la posibilidad de interacciones.

La familia puede ayudar explicándole  el carácter temporal de la depresión, comentarle la frecuencia del trastorno, comunicarle la buena evolución si ésta se produce, reconvenir su tendencia a ver todo lo negativo, mantenerse siempre en una postura dialogante y flexible con el enfermo y sobre todo dejarle expresarse.

No hay que pedirle que levante el ánimo y ponga algo de su parte, no aconsejarle que se vaya de viaje o de vacaciones para olvidar, no intentar convencerle si su estado es delirante, y no persuadirle de que hay mejoría, aunque no la haya.

Y en general es recomendable un envejecimiento proactivo, tener una visión positiva de lo que se ha vivido y logrado, pensar que es uno mismo el que la puede cambiar, hacer deporte regularmente y llevar una alimentación saludable basada en la dieta mediterránea.

Antonio Micol

Médico-Psiquiatra

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Pensamientos Automáticos Negativos

¿Qué es un PAN y cómo nos influye?

Un PAN es un Pensamiento Automático Negativo, unos ejemplos serían: “Qué idiota soy”, “Seguro que no me sale”, “Soy un torpe”. Todos estos pensamientos forman parte de nuestro lenguaje negativo interno cotidiano.

Hay que entender que una persona puede tener muchas opiniones, creencias y sentimientos que se contradicen entre sí y eso no hace que tengan menos valor. Por ejemplo, puedes tener muchas ganas de empezar en tu trabajo nuevo, sentirte orgulloso y emocionado, pero a la vez no querer empezar porque te impresiona y te impone.

Todos los sentimientos son válidos, pero tienen la importancia que le otorguemos dentro de la balanza de todo lo que sentimos, conocemos y pensamos. Esto pasa también con estos pensamientos automáticos. No todo lo que pensamos es cien por cien real, no todo lo que sentimos tiene sentido y nuestros actos no tienen siempre que representar nuestras opiniones, ni quienes somos. Si aceptamos esto, nos liberaremos de mucha de la culpa que sentimos y le podremos restar importancia a estos PAN cuando aparezcan.

Estos pensamientos automáticos negativos vienen de forma inconsciente de aquel lugar en nuestra mente donde guardamos nuestros miedos, nuestros traumas, nuestras experiencias del pasado, nuestras inseguridades… de los esquemas de pensamiento que hemos ido adquiriendo y asumiendo a lo largo de nuestra vida. Son de aquella parte oscura de nosotros, que ha adoptado aquello que le han inculcado, que está acomplejada, enfadada, en alerta y triste, con una visión negativa de todo, incluyendo de nosotros mismos.

Podemos imaginar, para visualizarlo mejor, la sombra que acompañaba a Peter Pan: aunque era parte de él, solía meterle en líos. Pues esta sombra de nosotros mismos es la que nos susurra esos PAN, de forma inconsciente, irracional y cuando menos lo esperamos. No podemos deshacernos de esa sombra, pero podemos no darle más importancia de la que tiene, no alimentarla y ponerla en su lugar, detrás de nosotros, no marcando nuestros pasos.

En la medida en que atendamos a esos PAN y los creamos propios, les estamos dando visibilidad, les estamos dotando de importancia. Este peso que le otorgamos va pesando en nuestra autoestima, en la visión que tenemos de nosotros mismos y del mundo. Puede provocar problemas sociales, laborales, incluso inducir trastornos del estado del ánimo, de ansiedad, obsesivo compulsivos, de la conducta alimentaria o simplemente “amargarnos la existencia”.

Para no sucumbir ante las garras de esta visión negativa sesgada e incompleta, el primer paso es diferenciar aquellos pensamientos que “son nuestros” de aquellos que son generados de forma automática por esa parte oscura, los PAN.

¿Cuáles son las características de los PAN y cómo puedo identificarlos?

Suelen ser negativos o dañinos (para nosotros mismos o para otros), por lo que provocan gran malestar, estrés y sufrimiento.

Son adquiridos (los imitamos, asumimos o adoptamos de nuestro entorno ya a una edad muy temprana, estando muy influidos por el mundo que nos rodea, en especial de aquellos que ejercen mayor influencia, padres, hermanos, héroes, profesores…).

Son reiterativos, concisos y específicos (suelen repetirse, incluso con las mismas palabras, usando un lenguaje característico).

Son inconscientes y reflejos (no son elaborados, sino reactivos o ligados a situaciones o emociones, por lo que no somos del todo conscientes de qué los genera o activa).

Son irracionales (sin una base real y sin estar sometidos a juicio).

Son incuestionables. Se presentan como frases sentenciosas e inamovibles, que al ser automáticas, no se llegan a analizar racionalmente, aceptándose como una verdad absoluta (sobre todo si se han adoptado de fuentes externas importantes para el sujeto).

Son incapacitantes y desadaptativos. Su contenido negativo socaba la autoestima y la voluntad, bien siendo un impedimento para nuestra conducta, bien incitando a la evitación o escape de ciertas experiencias y situaciones (si crees que vas a fracasar, lo más probable es que no lo intentes o procures escaquearte). Es decir, actúan de límites autoimpuestos, que nos impiden o dificultan alcanzar nuestros propósitos y ser nosotros mismos.

Son en primera persona (“Soy tonto”). Aunque también pueden presentarse en segunda persona (“Mira que eres tonto”), el hecho de que se den en primera persona nos hace aceptarlos como propios, representantes de nuestro concepto de nosotros mismos y por tanto, que creamos con mayor fuerza en la veracidad de su contenido.

Son plausibles pero distorsionados. La raíz de la mayoría de esos PAN internos son frutos de distorsiones del pensamiento. Aunque el resultado de esa distorsión es verosímil, es fácil de desmontar si lo analizas consciente y racionalmente, buscando una base real que lo sustente o lo contradiga.

¿Qué es una distorsión del pensamiento?

Son sesgos en la lógica que nos inducen a pensamientos o creencias que no se ajustan a la realidad, cuyos análisis o conclusiones son fáciles de desmontar o no tienen una base sólida. Es decir, tendencias a pensar desde una perspectiva que distorsiona la información que recibimos, sacando conclusiones por lo general erróneas, que dan lugar a un pensamiento distorsionado, contraproducente y negativo, como los PAN.

¿Qué puedo hacer?

De momento, saber de la existencia de los PAN y de su efecto puede ponerte en alerta y darte la oportunidad de prestar una atención más crítica a tu diálogo interno. Podrías comenzar a conectar con tu interior haciendo el siguiente ejercicio: presta atención a cómo te hablas a ti mismo (qué te dices y cómo lo dices) y dedica un momento al día a analizar tus pensamientos haciéndote algunas de estas preguntas.

¿Soy amable o duro conmigo mismo?

¿Soy optimista con mis opciones? ¿Creo en mí?

¿Me doy valor o me lo quito?

¿Hay alguna frase negativa que me repito?

¿Pienso a menudo algo que me haga sufrir?

¿Cuánto creo en lo que acabo de pensar de 0 a 10?

Puedes consultar nuestro artículo relacionado con las «Distorsiones Cognitivas, Parte 1». Saber de ellas es el primer paso para dominarlas. Al conocerlas y aprender a identificarlas, podemos ser conscientes de su presencia para así gestionarlas de una forma distinta, quitándoles importancia o bloqueándolas, para que no influyan en nuestra conducta o sentimientos. ¡Estad pendientes de nuestras redes sociales, iremos adelantando la comunes!

Para ayudaros a manejar esos PAN y pensamientos distorsionados, podéis leer en nuestro blog “Cómo afrontar los Pensamientos Negativos | 6 claves para conseguirlo”, donde os facilitamos distintas herramientas de mucha utilidad a la hora de lidiar con vuestra sombra interior.

Bibliografía consultada (en parte) para las características

https://www.tupsicologia.com/los-pensamientos-negativos-automaticos/

http://carmenespinosa.es/caracteristicas-de-los-pensamientos-automaticos/

Luna Cánovas Requena

Psicóloga Junior

Tratamiento de la depresión

El término depresión lo oímos constantemente en la calle, entre amigos, en los medios de comunicación…posiblemente contamos con mucha información que nos puede hacer sospechar en qué consiste. Sin embargo, se desconoce bastante el tratamiento de la depresión para que remitan los síntomas que nos hacen padecerla.

¿El tratamiento se basa en antidepresivos? ¿Qué otros tratamientos tenemos para la depresión? ¿Cuál es la combinación más efectiva para combatirla? ¿Cuándo comienza el tratamiento a ser efectivo? Son algunas cuestiones que nos planteamos con frecuencia y vamos a intentar resolverlas hoy.

El tratamiento de la depresión no reside en una simple modalidad, se basa en la combinación de estrategias tanto a nivel psicológico a través de psicoterapias como con fármacos.

A ello, en casos graves y resistentes, se puede sumar la terapia electroconvulsiva que se administra a nivel hospitalario.

La mayor parte de los pacientes son tratados ambulatoriamente, en un primer momento, desde atención primaria, siendo derivados a consultas o centro de salud mental cuando no hay mejoría o el paciente es candidato de beneficiarse de un tratamiento combinado con psiquiatría y psicología o simplemente atención psicológica.

Hay otros pacientes que sin embargo requieren ingreso hospitalario cuando la depresión es muy resistente al tratamiento ambulatorio, cuando hay un riesgo para si mismo (ideas o intento de suicidio) o cuando hay síntomas muy graves tanto a nivel psicomotriz, como de estirpe psicótica o con una afectación severa de biorritmos como apetito y sueño.

En cuanto a los fármacos que usamos para el tratamiento, los más usados son los llamados antidepresivos. Estos fármacos actúan sobre el sistema nervioso central potenciando la neurotransmisión de noradrenalina y serotonina. Todo ello se produce en cuestión de horas, pero el efecto antidepresivo a nivel clínico suele notarse entre las 4-6 semanas del inicio del tratamiento, esto es común para todos los antidepresivos. No se conoce la causa de la tardanza en alcanzar el efecto buscado.

Otro aspecto que preocupa a muchos pacientes es la dependencia o tolerancia que puedan crear. A diferencia de otros psicofármacos, los antidepresivos no crean dependencia ni tolerancia. Tampoco son euforizantes excepto que el paciente tenga un trastorno bipolar de base y el antidepresivo provoque un cambio de fase.

Dentro de las familias de antidepresivos tenemos:

  • Inhibidores no selectivos de la recaudación de aminas (tricíclicos): Amitriptilina, imipramina, clomipramina. Aumentan los niveles de serotonina y noradrenalina a través de la inhibición de la recaptación de ambos neurotransmisores, pero también de otros adrenérgicos, histaminérgicos… ello conlleva efectos secundarios en varios niveles por lo que quedan relegados a una segunda línea cuando los de primera resultan ineficaces. Además están contraindicados en la lactancia.
  • Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO): Tratan de inhibir una enzima que se encarga de degradar la noradrenalina, dopamina y serotonina, aumentando entonces la disponibilidad de ellas. Su carácter irreversible y falta de selectividad originan muchos efectos secundarios, por lo que apenas se usan.
  • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): Los más conocidos por todos, con eficacia similar a los anteriores pero mucho menos efectos secundarios. Elegidos de primera opción. Fluoxetina, paroxetina, citalopram, escitalopram, fluvoxamina y sertralina.
  • Antidepresivos más nuevos: Como inhibidores de recaptación de serotonina y noradrenalina (duales), ejemplo de ello es venlafaxina y duloxetina. Por el efecto dual se defiende una mayor rapidez de acción y eficacia.
  • Otros fármacos: Mirtazapina, más sedante. Bupropion, con escasos efectos anticolinérgicos ni sexuales ni tampoco aumento de peso.
  • Terapia electroconvulsiva (TEC): Se trata de la producción de crisis convulsivas generalizadas tónico-clónicas aplicando una corriente eléctrica en el cráneo. Es una técnica muy segura. Se realiza con anestesia general de corta duración. La principal indicación es en depresión mayor, con una alta eficacia, y en depresiones psicóticas, con elevada rapidez. Otra indicación es en síndrome catatónico, aunque también se usa en cuadros maniacos y esquizofrénicos.
  • Otros tratamientos para la depresión son la psicoterapia de apoyo, tanto para explicar el proceso al paciente como para mejorar la capacidad de afrontamiento de la enfermedad por parte de la familia. Las técnicas cognitiva y psicoterapia interpersonal son especialmente eficaces.

Por último, para el uso clínico, a la hora de elegir un antidepresivo debemos tener en cuenta la existencia de antecedentes de respuesta a antidepresivos en episodios previos y el perfil de efectos secundarios e interacciones. Si se consigue una respuesta completa el tratamiento debe mantenerse al menos 6 meses con la misma dosis con la que se consiga la curación. Para decir que estamos frente a una depresión resistente al menos se debe haber probado con dos antidepresivos en dosis eficaces y con el tiempo correcto.

En algunos casos debe plantearse un tratamiento de mantenimiento indefinido, principalmente en función del número de recaídas, si ha tenido tres episodios en su vida, en función de la edad o de la gravedad de los/as mismas. El objetivo será lograr la dosis mínima eficaz que favorezca el cumplimiento del tratamiento y sin que aparezcan efectos secundarios.

Víctor Pérez Plaza

Médico-Psiquiatra

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