En esta situación que estamos viviendo, nos encontramos
sumidos como en una especie de trance en la que no terminamos de entender lo
que está sucediendo, que no asimilamos aún la gravedad de la situación y, peor
aún, nos vemos obligados a estar confinados, por el bien común, en casa.
Mientras para unos poquitos, desgraciadamente, esta situación
es un verdadero infierno, la gran mayoría de las personas viven esta situación como
una prolongación de su aislamiento, como un descanso de la vida tan ajetreada
que llevamos, o como un pequeño infierno según circunstancias y percepciones a las
que no voy a entrar aquí.
Aunque a algunos se les puede caer la casa encima, hay un colectivo que no hay que olvidar: las parejas; no los padres, que de eso hablaremos en otra ocasión, sino las parejas. Aquellos que, si están bien juntos, pasarán por este proceso, como mucho, crispados; y luego están las parejas que no se llevan bien o que apenas se soportan. Para ellos, este encerramiento va a suponer un verdadero choque con esa realidad que probablemente estaban evitando ver, y que ahora no pueden hacer otra cosa más que enfrentarla.
Este artículo lo realizo con ánimo de ayudar a que los que
tenéis pareja y convivís juntos, no acabéis en peleas, separación o en
situaciones peores. Como especialista en pareja, veo cada semana a parejas que
por diferentes razones no se entienden o a las que les fallan algunos de los
pilares básicos de la pareja, que desde mi punto de vista son: comunicación, afecto y tiempo juntos.
Hay otros muchos factores que afectan más o menos a las relaciones, pero en mi
experiencia éstos son los más afectados y los que, si no se cuidan, llevan
directamente al fracaso.
En esta situación lo de la comunicación parece fácil, ¿verdad?, pero muchos encontraréis que
aun así no habláis prácticamente con la pareja, que buscáis tener vuestro
propio espacio continuamente y que van pasando los días sin que encontréis ese rato
para hablar de algo que no sea el COVID-19. Así que, ahí van los primeros consejos:
Buscad un hueco al día para hablar de algo que
no sea este dichoso virus o la situación que vivimos. Buscad memes, contaos un
chiste, hablad del futuro, de objetivos comunes, de viajes deseados, de ideas
que hemos tenido,… ¡Hay tanto de qué hablar!
¿Y qué hay del tiempo
juntos? Porque, que estéis en la misma casa no significa que estéis juntos,
solo que compartís un espacio. Así que, ¿qué tenéis que hacer?
¡Rellenadlo! Preparad una cena para vosotros solos,
un baño, un masaje, una partida al ordenador/consola, una película, una serie,
visitad alguno de los múltiples museos que han abierto sus puertas de forma
telemática, … Muchas opciones, y muchas más que se os puedan ocurrir.
El afecto siempre
es uno de los damnificados cuando no nos encontramos bien, pero es tan necesario
sentir a la otra persona cerca… Puede que este no sea el mejor momento para
comerse a besos, pero…
Podéis abrazar por detrás a vuestra pareja,
compartir juntos unas respiraciones y… continuar. Hacedle ver que estáis ahí
con un beso en la coronilla, una caricia en el pelo, un arrumaco, un “toque” en
el culo, … Cuando pase todo esto habrá tiempo para más cosas, pero ahora,
quizás, solo necesitáis saber que el otro está ahí.
Dicho esto, hay una serie de normas que todas las parejas
deberían seguir siempre, independientemente de la situación en la que se
encuentren:
Respeta a
tu pareja. Él o ella no tiene la culpa de esta situación, está pasando por
ella como tú, y no tienes derecho a alzar la voz, ni a obsequiarle con tus “malas
caras”; mucho menos, por supuesto, a insultar o agredir de cualquier manera.
Habla a
tu pareja con ternura. Es la que está ahí siempre, no se merece que la
trates de menos.
Interésate
a diario por ella o por él. Pregúntale: “¿cómo estás?”. Tan sencillo pero
tan difícil, al mismo tiempo.
Comparte
tus inquietudes y sentimientos. Aunque no lo parezca, ahora no es momento
de aislarse emocionalmente, solo físicamente.
No
habléis todo el día del mismo tema. Ahora es el COVID-19, pero antes era el
trabajo, los padres, el 8M, los hijos, la oposición, o lo que fuera. Variad un
poquito y no seáis monotema, que esto parece que va a durar un tiempo y
agradeceréis no estar todo el rato obsesionados con ello.
Buscad intereses
comunes. ¿Qué mejor momento que ahora para saber si podemos compartir
aficiones o temas de los que hablar?
Para los que además tenéis hijos, algunos consejos sueltos:
Aprovechad
para hacer actividades en familia. Es momento de que os conozcáis sin
ninguna distracción, a puerta cerrada.
No tiréis
todo el tiempo de electrónicos. Hay muchos días por delante y, aunque
parezca desesperante, hay muchas actividades para hacer con los peques.
Aprovechad
para leer en familia. Esos ratitos de silencio se agradecen, y para los más
pequeños quizás sea buen momento para empezar a enseñarles a reconocer las
letras, a trajinar los cuentos,…
Tirad de
imaginación. ¿Es divertido o entretenido?, ¿es factible?, ¿se puede hacer
sin peligro? Entonces, ¡adelante!
Sed tolerantes.
Todos estáis encerrados, pero nosotros los adultos aún podemos ir a comprar, a
trabajar (en algunos casos), a tirar la basura o sacar al perro, pero los
pobres pequeños no pueden salir de casa. Están desesperados (y más que lo van a
estar), así que toleradles un poquito de caos, aunque siempre dentro de unos
límites, claro.
Respirad un
poco de aire. Si tenéis balcón, terraza o jardín, aprovechad lo que podáis
para hacer alguna actividad al aire libre: desde mirar las formas de las nubes
o nombrar todo lo que se vea desde la ventana, a saltar, jugar con las pompas o
al escondite, o lo que se os ocurra y que no os ponga en riesgo alguno.
Paciencia.
Es un buen momento para trabajar esa asignatura pendiente, porque ahora más que
nunca, nos necesitan.
Espero que estos consejos puedan ayudaros a pasar esta etapa
lo mejor posible. Ya sabéis que podéis contar conmigo y con mi equipo para
cualquier duda que pueda surgiros.
Os enviamos mucho ánimo y, sobre todo, mucha salud.
Raquel Navarro López
Directora del Centro
Si te ha resultado interesante, puedes suscribirte a nuestro boletín:
Altas capacidades son aquellas capacidades intelectuales que se
diferencian en su forma de las capacidades intelectuales del resto de
personas.
Una alta capacidad no es solo una
capacidad intelectual diferente en cantidad o nivel (cuantitativo), es decir,
un niño que saca notas altas no tiene altas capacidades solo por ello, sino que
debe haber una diferencia en la forma, en la cualidad de sus habilidades. Estas
personas procesan la información, aprenden
y reflexionan de forma diferente. No es que piensen más.
Un “talento” sí tiene la diferencia
en lo cuantitativo, es decir, en el nivel. Por ejemplo, un niño con talento
simple de matemáticas es aquel que aprende igual que los demás niños, pero que
obtiene resultados mucho más altos en matemáticas. Un niño con talento
compuesto es aquel que destaca en dos o más áreas.
Una alta capacidad es un “potencial”,
es decir, si no se trabaja y se
desarrolla termina por perderse, por eso es importante tener en cuenta que
no solo hay una parte de habilidad mental en las altas capacidades, sino
también debe haber un interés y una motivación de la persona por desarrollar
esa habilidad. Suele ocurrir que, si les interesa un tema en concreto, leen
mucho sobre ello, preguntan y buscan información.
A veces a estos niños se les
atribuyen problemas de atención, porque pueden estar distraídos en clase y se
muestran inquietos, esto ocurre porque sus intereses van más allá de lo que se
les está enseñando en clase. Esto explica la paradoja del niño con altas capacidades que suspende, aunque lo
habitual es que tengan un alto rendimiento académico, pueden suspender debido a
su falta de motivación.
¿Cómo diferenciar un problema de
atención e hiperactividad de una alta capacidad?
Mediante la evaluación de un
profesional se puede distinguir perfectamente, ya que la forma de pensar de
alguien con altas capacidades no es igual a la de otras personas. Además, hay
que dar sentido a la falta de atención y el motivo de esa distracción. En un
caso será por una incapacidad de mantener la atención y en el otro, por una
falta de interés.
¿Los padres qué pueden observar y
cómo es preferible que respondan?
Conviene que los padres atiendan al
desarrollo de sus hijos y aunque no sepan exactamente cuándo corresponde una
etapa u otra, sí pueden comparar con el resto de niños en general.
Estos niños suelen aprender a
hablar muy rápido o el tipo de palabras que empiezan a utilizar es propio de
niños mayores a su edad. Por ejemplo, un niño de cuatro años puede tener un
vocabulario propio de un niño de diez años.
Si los padres están pendientes de
los intereses que tienen sus hijos, sería bueno facilitar que los desarrollen. Esto
quiere decir que si les gusta leer, tratar de potenciar la lectura. Si les
gusta la geología, apoyar ese interés. Si les interesa alguna actividad
concreta como la música, apuntarles a academias donde puedan desarrollarse.
Algunos padres y madres pueden
reaccionar ante un diagnóstico de altas capacidades con sorpresa, otros con
alegría. También hay quien dice sentir agobio, por no saber qué hacer, por la
responsabilidad de estar a la altura de las necesidades de sus hijos o por
miedo a lo desconocido, entre otras cosas. Lo mejor es siempre pedir ayuda
profesional, para gestionar la situación de una manera óptima.
¿Cómo es una adaptación curricular
para altas capacidades?
Se deben adaptar el temario y la
forma de dar la clase a la forma de aprender del niño. Lo ideal es hacer
trabajos colaborativos y que investiguen los temas ellos mismos, pues no
responden muy bien a temarios repetitivos ni a memorizar sin más, sin
cuestionarse, sin practicar y sin comprobar.
Dar un temario de un nivel superior
o adelantar un curso no es suficiente para niños de altas capacidades, aunque
sí es suficiente para talentos.
¿Hay que trabajar las emociones en
niños con altas capacidades?
En general la inmensa mayoría de los niños suelen reaccionar de
forma positiva ante la noticia de tener altas capacidades, pero es muy
importante la forma de contárselo. Seguramente él o ella ya sabía que era
diferente, pero dependiendo de cómo se le plantea la situación, pueden sentirse
“raros”. Si perciben que se ponen
sobre sus espaldas unas expectativas demasiado altas pueden estar sobrepasados.
En consulta no se suelen trabajan
las altas capacidades en sí, pero sí algunos problemas que se derivan. Por
ejemplo, si un niño tiene afectada su relación con otros niños, precisamente
porque es percibido como diferente, ya que no usa las mismas palabras o le
interesan otros temas, entonces, hay que abordar sus habilidades sociales, su forma de comunicarse y la tolerancia a la
frustración, para que recupere la sintonía con sus compañeros.
¿Qué ocurre con adolescentes de altas capacidades?
La adolescencia es una etapa de
maduración muy importante, en la que una de las claves para el bienestar
emocional es el afianzamiento del chico o chica dentro de un grupo. También son
importantes la autoestima y sentirse responsable de los propios éxitos.
Sabiendo todo esto, es fácil entender que las altas capacidades en sí, no van a hacer que el adolescente esté mejor o peor. Lo esencial será que sus altas capacidades las haya incluido en su adaptación personal, logrando una buena autoestima y una adecuada inclusión en un grupo.
El artículo explica de forma clara y empática qué es el trauma psicológico, desmontando la idea de que solo se relaciona con grandes tragedias. Se destaca que el trauma depende de cómo se vive una experiencia, no solo del hecho en sí, y puede afectar a cualquier persona.
Se diferencia entre trauma agudo (por un evento puntual) y trauma complejo (por experiencias repetidas o prolongadas, especialmente en la infancia).
También se detallan los síntomas más frecuentes —físicos, emocionales, conductuales y de desconexión emocional—, y se resalta que no todas las personas con experiencias traumáticas desarrollan un trastorno.
Finalmente, se enfatiza el papel de la terapia psicológica como un proceso de sanación que ayuda a integrar la experiencia, regular las emociones y dar sentido a la vida, más allá de eliminar los síntomas.
La educación sexual es importante por diversas razones: para conocer mejor nuestro cuerpo (su estructura y funcionalidad), para no caer en mitos o tópicos sexuales, o para saber cuáles son los posibles problemas, trastornos, enfermedades o adversidades a los que podemos enfrentarnos en diferentes contextos sexuales. (más…)
Llamamos zona de confort a esa zona
que solo abarca lo conocido, ese ambiente donde estamos a gusto. Nos sentimos
tranquilos y seguros porque todo está bajo nuestro control, evitando
enfrentarnos al miedo y la ansiedad. En este espacio conseguimos un rendimiento
constante sin asumir riesgos, es nuestro “piloto automático”. Algunos ejemplos
de esta zona serían: tu hogar, ese trabajo rutinario que llevas haciendo 10
años, esa relación que mantienes porque te aporta estabilidad aunque no te
satisface, etc.
En ocasiones necesitamos estar en
nuestra zona de confort, pues nos sirve para controlar situaciones de estrés o
desorientación. Este estado de calma nos permite poner en orden nuestras ideas
y plantearnos nuevos objetivos.
Pero, ¿qué
ocurre cuando tenemos una vida basada únicamente en nuestra zona de confort?
¿Qué pasa si siempre vivimos inmersos en nuestra zona de confort?
Aunque la ausencia de emociones
negativas favorece el bienestar, este no es producto de la satisfacción o el
orgullo personal. La pasividad y la rutina provocan apatía y vacío existencial,
lo que impide el crecimiento personal:
Nada te motiva lo suficiente.
Prefieres dejar pasar las buenas oportunidades por
miedo a perder.
Desde hace meses o años sigues la misma rutina.
Te sientes aislado socialmente.
Experimentas un gran vacío, como si necesitaras algo
más, aunque no sabes exactamente qué es.
Tu vocabulario se ha llenado de frases como “me
gustaría”, “quizás” o “a ver si”.
Procrastinas continuamente.
Dices “no” continuamente a todos los planes e ideas
nuevas que te proponen.
Cada vez te resulta más difícil lidiar con los cambios.
Cómo salir
de tu zona de confort
Aunque puede parecer contradictorio,
a veces preferimos quedarnos en lo conocido que explorar lo incierto, aunque
ello nos cause sufrimiento (dice el refrán que “más vale malo conocido que
bueno por conocer”).
Esto es así porque al salir de ese
espacio seguro encontramos que no somos tan buenos en otras áreas, por ejemplo
al cambiar de trabajo, lo que nos causa ansiedad y estrés. Del mismo modo, la
incertidumbre y falta de control nos asustan, no pudiendo prever qué sucederá.
Así, por miedo a fracasar o defraudar a los demás o a nosotros mismos, optamos
por quedarnos donde tenemos cierta aceptación y éxito garantizados.
Por la propia definición de “zona de
confort” podemos intuir que no será fácil salir de ella, pero con estos pasos y
un poco de esfuerzo, lo conseguirás:
Afronta el miedo. Al ir consiguiendo pequeños objetivos vamos creyendo en nuestra eficacia para alcanzar metas. Cuando hay ansiedad la mente pone excusas para volver a su estado de comodidad, por lo que una buena técnica es mentalizarse para actuar en sentido contrario a lo que nos pida el cuerpo.
Acepta la incertidumbre y atrévete a equivocarte. La vida cambia y el cambio es incertidumbre; podemos aprender a adaptarnos a situaciones nuevas aceptándolas como un reto.
Desafíate. Alcanzar nuevas metas supone el riesgo de hacer cosas que no se nos dan tan bien o que nos provocan miedo o inseguridad, pero un poco de ansiedad es positiva para mejorar nuestro rendimiento y aumentar nuestra flexibilidad mental. Cambia los nervios o la inseguridad por “emoción”.
Involúcrate en tareas que te fuercen a pensar de manera diferente, para experimentar contextos desafiantes a los que adaptarte. Muévete por entornos distintos y viaja todo lo que puedas.
Trabaja la procrastinación. Puedes consultar este artículo para tener más información sobre ella.
Conoce gente nueva. Oblígate a hacerlo, aunque no te apetezca. No hace falta que la interacción sea perfecta, deja simplemente que fluya el diálogo.
Haz que tus amigos y familia cooperen. Su apoyo te servirá como refuerzo
para salir de tu zona de confort.
¿Qué
beneficios obtendrás al salir de tu zona de confort?
Ampliarás tu zona de confort.
Incrementarás tu desarrollo
personal, sintiéndote orgulloso de lo aprendido.
Estimularás tu creatividad.
Te sentirás vivo, conociendo a
gente nueva y viviendo nuevas experiencias.
Ganarás autoconfianza. Asumir nuevos retos y buscar
activamente la novedad nos permitirá sentirnos más cómodos ante lo incierto y
desconocido, de manera que podremos resolver mejor los problemas cuando estos
se presenten.
Tener nuevos retos puede hacerte envejecer mejor,
conservando una buena agudeza mental.
Aumentarás tu productividad. Como hemos dicho, sin
un poco de ansiedad tendemos a hacer lo mínimo necesario para conseguir
resultados mediocres, bajando nuestro rendimiento.
Os dejo el link de un vídeo explicativo que me
encanta, creado por “inknowation”. Os aseguro que no os dejará indiferente: Vídeo
También
podemos encontrar iniciativas en forma de juegos que fomentan experimentar
pequeños desafíos diarios, como las tarjetas de Ciao Comfort Zone. Podéis
echarle un vistazo en este link.
Si
probando todas estas técnicas no consigues la motivación necesaria no te
desanimes, salir de tu zona segura en solitario puede ser complicado si llevas
mucho tiempo en ella. Pide ayuda a un amigo, familiar o profesional. En nuestro
centro podemos ayudarte a afrontar tus miedos y guiarte en el camino. ¡Ánimo!
“No tendremos mejores condiciones en el futuro si nos damos por satisfechos con todo aquello que tenemos en la actualidad”. Thomas Alva Edison
Sonia Otálora Ballester
Psicóloga en Raquel Navarro López – Centro de Psicología
¿Tienes dudas? ¡Escríbenos a raquelnavarro@psicologos,com y te las resolvemos!
¿Quién no ha tenido alguna vez tareas pendientes y las ha dejado para
otro momento o incluso para el día siguiente a pesar de tener tiempo? De esto
trata este término de pronunciación casi imposible.
La procrastinación afecta a la productividad en todas las áreas de tu
vida, bien sea en el trabajo, estudios, tareas del hogar, deporte, etc. En
muchas ocasiones, cuando decimos “luego te llamo” o “lo dejo para mañana” en
realidad “luego” y “mañana” acaban convirtiéndose en “nunca”.
En este artículo daremos algunos consejos para hacer frente a este
problema, pero antes, veamos brevemente cuáles son las causas y consecuencias
de procrastinar.
CAUSAS
¿Somos vagos? ¿Perezosos? No, somos humanos.
Por un lado, nuestro cerebro es perezoso, siempre intenta conservar
energía, así que usará toda clase de trucos para desmotivarnos y seguir
descansando.
Otras veces la inactividad es causada por ansiedad,
miedo al fracaso o perfeccionismo. Queremos hacer esa actividad tan bien que
nos agobiamos al pensar que no daremos la talla y acabamos no haciendo nada.
Finalmente, otras personas son tan optimistas que
sobrevaloran su capacidad futura de realizar ese trabajo, pensando que “el
lunes” se pondrán como máquinas a realizar la tarea desde primera hora, sin
contar con los imprevistos y/o distracciones.
CONSECUENCIAS
No realizar
esa actividad importante que se está aplazando indefinidamente traerá
consecuencias negativas para la persona y hará que finalmente se haga a última
hora, deprisa y muchas veces mal. Pero la procrastinación no solo afecta a la productividad, varios
estudios parecen indicar que está relacionada con peor salud psicológica.
Casi
siempre nos distraemos con otras tareas más divertidas o simplemente menos
tediosas (Internet, móvil, televisión, etc.) con el objetivo de evitar realizar
lo que tememos, lo que nos hace sentir culpables. Acabamos pensando muy mal de
nosotros mismos: “soy un desastre”, “he perdido el tiempo” o “me siento
inútil”. Estos pensamientos afectarán a tu autoestima
y pueden llevar incluso a la depresión.
Por
otro lado, con tanto posponer, acumulamos demasiadas obligaciones para hacer en
un breve período de tiempo, lo que genera un gran estrés y ansiedad. Esto
a su vez hace que el rendimiento sea
bajo, pues hay tareas que requieren tiempo para realizarlas de forma correcta,
lo que conlleva más malestar.
“La procrastinación es como usar una tarjeta de crédito,
mucha diversión hasta que llega el recibo de pago” Christopher
Parker
TÉCNICAS
Algunas
técnicas que pueden ayudar a controlar e incluso evitar la procrastinación se
basan en imponerse tiempos de trabajo diariosy estrictos, evitar distracciones o dividir el trabajo u
objetivo a completar en tareas concretas
y sencillas que seamos capaces de manejar y nos parezcan menos aburridas o
difíciles. Concretemos algunas de ellas:
La técnica de los 10 minutos.
Basada en los estudios del psicólogo Bluma Zeigarnik,
se basa en lo que su nombre indica: ponerse solo 10 minutos (cronometrados) con
la actividad que debemos hacer.
¿Por qué funciona? Nuestro cerebro a menudo funciona
por inercia, lo que quiere decir que si está parado quiere seguir parado, pero
si vencemos ese primer choque con la tarea es probable que quiera seguir
moviéndose. Si conseguimos finalmente estar más de 10 minutos, ¡genial! Pero no
nos marquemos una hora de actividad desde el principio, o no venceremos la
ansiedad inicial.
Dividir en partes más pequeñas y concretas las
tareas grandes y abstractas. Por ejemplo:
Si tienes que escribir un libro o artículo,
hazlo por páginas.
Si debes limpiar en casa, planifícate por
habitaciones o tareas más concretas.
Controlar el horario.
Todos tenemos unas horas en las que
somos más productivos, generalmente unas 2h después de despertarnos. ¿No os
pasa que a veces en unos minutos conseguimos hacer sin esfuerzo cosas que en
otro momento nos habría costado una gran lucha interna contra la procrastinación?
Si puedes, aprovecha tus “horas
buenas” para hacer todo lo que más te cuesta, porque en las “horas malas” te
será igualmente llevadero realizar actividades más entretenidas.
La meta volante.
Se trata de plantearse un objetivo
más divertido o sencillo que la tarea que debemos realizar y empezar por él,
para luego pasar a lo que de verdad importa, una vez que hemos alcanzado algo de
vitalidad.
Un ejemplo:
Estás tumbado en el sofá, pensando en
todas las cosas que tienes que hacer y como no sabes por dónde empezar acabas
no haciendo nada. Si en ese momento piensas que tienes que levantarte e ir a
hacer una tarea que no te gusta (hacer la compra, una hora de bici, etc.), te
quedarás tumbado probablemente. Pero si te pones un objetivo más llevadero o
motivante, como pasar 5 minutos antes de hacer la compra por una tienda o local
que te gusta, tal vez cojas el ritmo y acabes haciendo lo que tanto dejabas
para después.
UN CONSEJO
No, no
necesitas ese descanso para tomar un café o leer los WhatsApp. Cuando estamos
concentrados en una actividad importante tendemos a pensar que un pequeño descanso
nos hará volver con más energía y concentración, pero eso rara vez ocurre. La
distracción nos absorberá y lo que iban a ser 5 minutos se convertirá en media
hora. Después de esa distracción volver a lo que estábamos haciendo se nos hará
infinitamente más difícil, teniendo que vencer de nuevo a la procrastinación.
Y tú, ¿qué estrategias usas para luchar contra la procrastinación? ¡Coméntanos!
Sonia Otálora Ballester Psicóloga
Foto sacada de: https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/que-es-la-procrastinacion/
Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar su navegación en la página web, conocer cómo interactúas con nosotros y recopilar datos estadísticos. Por favor, lee nuestra Política de Cookies para conocer con mayor detalle las cookies que usamos, su finalidad y como poder configurarlas o rechazarlas, si así lo considera
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu Proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.