El trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) puede considerarse como uno de los problemas más recurrentes en la sociedad de hoy en día, siendo su característica más definitoria una preocupación incontrolable por una amplia variedad de circunstancias cotidianas. Las personas que lo padecen sienten que el afrontamiento de éstas se escapa a su control, anticipando peligros ante situaciones relativamente inofensivas.

El TAG es el trastorno de ansiedad (entre otros como las fobias, angustia, agorafobia,…) más frecuente, y se define como la presencia de inquietud irreal o excesiva y persistente acerca de dos o más circunstancias de la vida al menos durante seis meses.

Para las personas que lo padecen es tremendamente molesto e incapacitante, pues sienten que su cabeza “no para”, apareciendo continuamente pensamientos negativos sobre algo que ha pasado o que podría pasar, como por ejemplo: “mi pareja va a dejar de quererme“, “me van a echar del trabajo”, o cualquier variante de este tipo de pensamientos que no tienen ninguna base sobre la que argumentarse.

Las conductas de evitación respecto a las preocupaciones (también las de evitación en el plano cognitivo), se producen a menudo como mecanismo de protección, aunque realmente participan en el mantenimiento de la ansiedad. Citando a Buela-Casal y Sierra (2009), al evitar las situaciones “el sujeto confiará cada vez menos en sí mismo y en sus recursos de afrontamiento, lo que contribuirá a que siga percibiendo como incontrolables las demandas ambientales y las siga evitando”. Casi un 40% de los pacientes que padecen TAG llegan a evitar muchas situaciones sociales, pudiendo derivar en un trastorno de fobia social.

Las personas que padecen TAG suelen ser personas inseguras de sí mismas y perfeccionistas. Y a este respecto, incluyo un gráfico que me ayuda a explicar el concepto anterior:

 

¿Qué significa? Pues que la falta de control sobre las situaciones afecta a la seguridad en uno mismo, y ésta, a su vez, influye en una baja autoestima, que retroalimenta la percepción de descontrol y así, indefinidamente hasta que se consiga parar este “círculo vicioso” con estrategias de afrontamiento adecuadas.

¿Qué estrategias podemos utilizar?

En primer lugar, una gran opción es aprender técnicas de respiración: diafragmática, abdominal,… Hay muchos vídeos en Youtube que os ayudarán a aprender la técnica correctamente. Os recomiendo que la practiquéis a diario, incluso dos veces al día. No os llevará más de dos minutos y os ayudará muchísimo.

También podéis aprender técnicas de relajación más elaboradas, como relajación con visualización, muscular, meditación,… Si accedéis a este link, encontraréis una relajación guiada que preparé hace tiempo, aunque si buscáis un poco, seguro que encontraréis otras que os gusten u os ayuden más.

Como dice nuestra colega Patricia González, co-propietaria de Acantha Fisioterapia, hay otras opciones. La fisioterapia “puede ayudar tanto con las somatizaciones como con los problemas asociados a ellas”. Patricia continúa explicando que “una de las características de esta patología es que la respiración se hace más superficial, lo que implica un menor movimiento torácico y del diafragma. Esta falta de movimiento provoca, a su vez, un exceso de tensión muscular en el tórax y en el propio diafragma, que acabará dando lugar a dolores de espalda, sobre todo a nivel cervical y dorsal”. Ella nos comenta que uno de los tratamientos más efectivos para esta tensión es la inducción miofascial o liberación miofascial, que es un conjunto de técnicas de terapia manual que van dirigidas a liberar cualquier tipo de restricción que haya en la fascia (el tejido que se encuentra recubriendo todo nuestro cuerpo y que actúa de soporte de nuestro organismo). Como he podido comprobar por mí misma, estas técnicas son muy suaves y agradables, pero a la vez muy eficaces.

Hasta aquí hemos visto ejercicios “somáticos”, por decirlo de alguna manera, pero en la ansiedad es muy importante el factor cognitivo, por lo que analizar las ideas irracionales o las distorsiones cognitivas se hace absolutamente necesario, por ejemplo mediante la técnica de las tres columnas, en las que se analizan los pensamientos automáticos negativos (o PAN), la distorsión cognitiva asociada, y la respuesta racional que debemos buscar ante éstos.

Espero que os haya resultado interesante. Si tenéis alguna sugerencia o duda podéis escribirme a raquelnavarro@psicologos.com.

¿Has padecido TAG en algún momento de tu vida? ¿Quieres dejar un comentario contando tu experiencia?

 

Un saludo y gracias por leerme.

 

Raquel Navarro López

Psicóloga, Sexóloga, Terapeuta de pareja

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