Muchos hombres, jóvenes y mayores, acuden a menudo a consulta privada por la preocupación de haber tenido uno o más episodios en su vida en los que, normalmente acompañados, han tenido una pérdida espontánea de erección.

Según el DSM-IV, el trastorno de la erección en el varón se define por “la incapacidad, persistente o recurrente, para obtener o mantener una erección apropiada hasta el final de la actividad sexual, que no es debida o explicada por la presencia de otro trastorno y no es debido tampoco a los efectos de alguna sustancia o enfermedad médica. Esta alteración causa un gran malestar o dificultades de relación personal”.

Como se indica en el párrafo anterior, esta alteración debe de producirse con frecuencia, aunque es común que una sola ocasión produzca mucha tensión y preocupación ya que, como cualquier acontecimiento que se percibe como negativo, tiende a transformarse en el miedo de que la situación se producirá de nuevo.

Es un problema muy frecuente que sucede en 1 de cada 5 varones mayores de 18 años. El riesgo se incrementa con la edad y a partir de los 40 años es más probable su aparición.

Éste se convertirá, muy probablemente y a menos que se tome como algo natural, en un Pensamiento Automático Negativo (en adelante, PAN) que facilite que la pérdida de erección suceda otra vez.

De forma gráfica, el proceso de traduciría en lo siguiente:

¿Las posibles causas?

Normalmente, las pérdidas de erección pueden ser causadas por factores fisiológicos o psicológicos. Entre los primeros encontramos: problemas de alcoholemia, drogas, sobrepeso, diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, alteraciones hormonales o neurológicas. Entre las causas psicológicas hablamos de sobrecarga emocional, estrés, malestar o exigencia en la pareja, pérdida de deseo, problemas en la pareja, el tipo de estimulación, o incluso presencia de PAN anteriores.

¿Y la solución?

Siempre deben descartarse primero causas fisiológicas probables, por lo que es necesario acudir al médico de cabecera que nos derive al urólogo, o pedir cita directamente con éste. Si todo está correcto, probablemente el urólogo te sugiera causas psicológicas y te recomiende acudir a un psicólogo especializado. Si eres joven lo más lógico es que hablemos de factores psicológicos, por lo que, para una mayor fiabilidad, suele ser suficiente con pocas consultas con un profesional (psicólogo, especialista en sexología) adecuado, aunque es posible que mejore o que no se vuelva a producir si:

  • Se es consciente de la causa que lo ha provocado
  • Según cuál sea ésta, tratamos de corregirla o mejorarla, ya se trate de estrés o de cualquiera de las causas que hemos visto antes.
  • Es importante saber que ésta es una situación aislada y que no tiene por qué producirse en más ocasiones, por lo que es bueno tomarlo como si fuese un “corte de luz”: a veces puede que la luz se vaya, pero mediante técnicas distractoras (por ejemplo, volcando la atención en la pareja o juegos con la pareja) la erección puede volver.
  • Se debe de tomar con naturalidad cuando sucede, hablarlo en confianza con la pareja, comunicando vuestros miedos y tratando de resolver dudas con el profesional que proceda.

Espero que estas pautas os sean de utilidad, aunque podéis escribirme para profundizar en el tema si lo necesitáis.

 

Raquel Navarro López
Psicóloga, Sexóloga, Terapeuta de Pareja
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